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Estado español :: 02/08/2005

Consideraciones y recuerdos de un compañero de David Reyes

Dani
A cualquiera que pasee por las calles de algunos barrios de Málaga, Sevilla o fundamentalmente Granada le llamará poderosamente la atención la inmensa campaña creciente exigiendo la libertad de un tal David Reyes.

Hay carteles, pintadas, pancartas, plantillas, comunicados y numerosas convocatorias diversas que anuncian actos en solidaridad con David. Sin lugar a dudas la campaña se ha vigorizado con el paso del tiempo y ha recorrido gran parte de la geografía de Andalucía. Muestras de apoyo se han dado incluso desde otros pueblos hermanos. Si soy sincero tengo que admitir, sin menospreciar a nadie, que jamás en la ciudad de Granada se dio una campaña de tal envergadura exigiendo la libertad de un compañero preso. Para muchos David es como un hermano, un amigo o un camarada pero pese a eso todavía hay mucha gente que se pregunta ¿y quién diablos es ese David Reyes?

Con este escrito quiero abrir y socializar mis recuerdos sobre ese período de tiempo que he pasado con David. Se trata de excavar e indagar en el tiempo pasado realizando una serie de confesiones y consideraciones políticas para acercar a la gente a mi amigo y camarada Jesús David Reyes Quitantes. Al ser un amigo íntimo y personal y a la vez compañero de militancia política he sido testigo tanto de las muchas noches donde la alegría y las risas lo dominaban todo hasta las otras noches donde acabábamos muertos y agotados de pegar carteles o hacer pintadas para denunciar las mil y una salvajadas del sistema. Conozco a David desde hace ya casi tres años. La pura verdad es que pocas veces a lo largo de mi vida he tenido la suerte de cruzarme con una persona tan íntegra y luchadora como el. Para mi es un ejemplo de lo mejor que puede ofrecer esta tierra llamada Andalucía y de lo mejor que puede ofrecer la clase trabajadora en general.

Recuerdo con nitidez la primera vez que me lo crucé. Fue en una asamblea de Jaleo!!! y ya desde muy temprano me di cuenta que David era una persona profundamente valiosa. Cuando digo valiosa me estoy refiriendo tanto a su envergadura de ser humano como a su entrega como revolucionario andaluz. Me sorprendieron muchas cosas de el. Entre ellas que desde que comenzamos a charlar noté que era una persona muy preparada políticamente.

Conocía bastante de la historia del movimiento obrero y comunista internacional, datos sobre la vida de figuras significativas de la lucha de clases andaluza y mundial o referencias a movimientos que resistían al imperialismo a lo largo de todo el globo. Pero lo que más me chocó con virulencia fue cuando me enteré que acababa de salir de prisión y que era desde allí, desde las mismas entrañas del sistema, donde se había formado así mismo. El David que yo conocí estaba lleno de rabia al sistema. Odiaba a España y a los burgueses granadinos con una intensidad tan brutal que contagiaba al resto de los compañeros a levantarse, trabajar y pelear duro. En aquella época, cuando muchos se marchaban a casa abandonando la lucha y los ideales en un rincón, el constituía ante mi una persona que quería arriesgar y que quería vencerle al sistema. En pocas palabras, David era uno de esos tantos millones de esclavos dispersos en el mundo que no tenían nada que perder pero si mucho que ganar. Hasta ese momento mi visión distorsionada de lo que era un preso social liberado era el de una persona entregada, humillada y alienada pero David rompía esos roles y los moldeaba con múltiples propuestas e ideas para fortalecer la lucha y trazar un camino sin cadenas para nuestro pueblo.

Cuando conocí toda la historia de David Reyes de su propia boca fue cuando saqué mis propias conclusiones. Me di cuenta de que el pertenecía a una generación que por haber nacido, en palabras de Federico Garcia Lorca, "en la Andalucía que no se ve pero que está temblando, a punto de explotar", por haber nacido en un barrio pobre y desmantelado como Almanjayar les habían amputado de cuajo a el y al resto de niños de su barrio todas las oportunidades de tener una vida digna. Cada vez salía con el más asiduamente y charlábamos mucho sobre todo un poco. El siempre me recalcaba la necesidad de que Andalucía tuviera una oportunidad de decidir libremente su futuro. Era interesante por qué llegaba a hacer un símil entre el trato que España daba a Andalucía al propio trato que el como cualquier preso había recibido de manos de sistema y sus carceleros. Lo cierto es que la vida de David nunca fue fácil. Cuando a penas tenía 18 años ya estaba metido en una vorágine autodestructiva que lo llevaría a la cárcel. El era uno de tantos adolescentes que estaban más amenazados por el abandono del estado de bienestar que por la porra de la policía. Su ímpetu de vivir su propia vida con intensidad y espíritu juvenil chocaba virulentamente de frente con el futuro que el sistema le había asignado como mano de obra barata. David no quería ni limpiar las botas a todos esas familias "bien" ni ser el perro guardián de sus Cármenes impenetrables heredados del franquismo. Por aquella época no tenia ni idea de política y su rebeldía al sistema la canalizaba robando a los que tenían todas aquellas cosas que el mismo sistema le había enseñado a anhelar. Se trataba de una rebelión instintiva que no llegaba a canalizarse como rebelión política.

Y como si se tratase de una crónica anunciada, todos los sueños se quebraron en un solo instante. Todo esto ocurría cuando la policía nacional lo encerraba, despojándole del tesoro de su juventud para siempre, acusándolo de robar un banco y de poseer ilícitamente armas de fuego. Nunca se lo dije a David pero en el fondo siempre pensé que el había intentado realizar el sueño común más viejo de todos los pobres del mundo. Estoy refiriéndome a asaltarles un banco.

En la cárcel, David se topó con un sistema de prisiones español, a modo de apisonadora de almas, diseñado para quebrar el espíritu humano de la gente devolviéndolos a un estado más propio de personas pisoteadas y sedadas que de masas en proceso de reeducación o reinserción. Allí fue testigo directo de las agresiones de los carceleros sobre chicos indefensos y etiquetados a la fuerza de la generación del "No Future" que reivindicaban los derechos más elementales. David jamás se calló. Los carceleros comenzaron a odiarlo porque David nunca llegó a ser el hombre roto que la prisión quería sellar en el.

Con ayuda del colectivo de presos vascos comenzó a formarse políticamente y la rebeldía ciega de David fue perfilándose y desarrollándose en una línea independentista andaluza que conservaría hasta la actualidad de nuestros días. Allí entendió muchas cosas sobre su tierra. Llegó a comprender el gran secreto de cómo les habían robado y secuestrado con vileza a punta de espada o de fusil, según la época, a la gente andaluza su propia historia y su propio futuro. Pero la visión de David en prisión no fue para nada romántica. Sus ganas de cambiar las cosas eran realistas y no metafísicas. Los enfrentamientos con los carceleros le valieron más de una brutal paliza lo cual hizo que llegara a estar hasta 10 años rondando por los diferentes penales del Estado y conociera los tristemente famosos regimenes de aislamiento españoles diseñados por el gobierno para romper psicológicamente a los presos políticos. Para David la cárcel siempre fue el lugar donde los poderosos barrían con una escoba de acero a los pobres que aspiraban a algo más en sus vidas.

En la prisión de Acebuche explotó la bomba de relojería. El 30 de septiembre de 1998, varios presos de los módulos 2 y 3 de la cárcel almeriense hartos de sufrir malos tratos y vejaciones decidieron comenzar a protestar sobre su situación. Sabían que si ellos mismos no peleaban por sus derechos, nadie lo haría. En uno de los actos de protesta pintaron una pancarta de tela en la que se podía leer el artículo 5 de la Declaración universal que reza que: "Nadie será sometido a torturas ni a penas o trastos crueles, inhumanos o degradantes". Como respuesta a esta protesta pacífica, la dirección de la prisión quiso vengarse sobre los presos más activos y luchadores y procedió a trasladar al módulo de aislamiento a David Reyes. Allí los carceleros le propinaron una atroz paliza a un David debilitado que a penas pudo repeler la agresión. David denunció a los carceleros por agresión y estos a su vez hicieron lo mismo de rebote. La prostituida Ley volvió a usar una vara de medir distinta, archivando la denuncia de David y condenando al verdadero agredido en un juicio farsa donde se sabía ya de ante mano que ser pobre es un delito en la sociedad de los ricos.

Tras cumplir los 10 años de prisión David salió a la calle y comenzó una nueva vida. Había grandes oportunidades pero al mismo tiempo todo lo vivido le obligaba a no olvidar jamás muchas cosas. Se involucró, como he mencionado antes, en el movimiento de liberación nacional andaluz ya que el siempre creyó que esa trinchera era la más adecuada para hacerle frente a los dos grandes enemigos gemelos de su tierra: España y el Capital. Se sacó un título como pintor y se mudó a otro país, Euskal Herria, donde estaba convencido de que tendría más oportunidades de salir adelante. Reconozco que yo fui uno de los que más le animó a que se instalase allí porque sabía que pese a su valía como activista, necesitaba tener una oportunidad de vivir teniendo unas oportunidades sociales y laborales que no iba a tener en una esclavizada y debilitada Andalucía. En Abril del 2004 lo visité en Pamplona. Cualquier burócrata o chupatintas del sistema hubiera reconocido sin lugar a dudas al verlo que David estaba "reinsertado en el sistema". Tenía un trabajo como pintor, era vecino del casco viejo de Iruña, cotizaba en la seguridad social y había logrado construir una relación formal con una chica. Mientras estuvo en Iruña David siguió peleándole al sistema. Militó en la asamblea del Euskal Jai, del cual era vecino colindante y también en el sindicato abertzale Lab. David siempre se comprometió con el movimiento de okupación. Para el, la vivienda no era un lujo de unos pocos sino un derecho inalienable de cualquier ser humano con independencia de raza, nacionalidad o condición sexual. Por otra parte siempre alabó la línea sindical de Lab. Recuerdo que una vez me dijo que le apenaba amargamente que en Andalucía no hubiera un sindicalismo de este tipo, con un marco de relaciones laborales propio y que no estuviera vendido y entregado de pies y manos a la Patronal. A David siempre le dio mucho asco el sindicalismo vertical de los sindicatos mayoritarios.

Pero David amaba su tierra demasiado. Su cariño por Andalucía y su gente le incitaron a volver a hacer las maletas y regresar a su soñada Granada. Quería probar suerte aquí. Quería que por una vez en la vida le saliesen derechas las cosas allí donde el eligiese vivir. Pero los fantasmas del pasado volvieron a recorrer su vida. Aquí se volvió a encontrar con los mismos problemas de explotación laboral salvaje, contratos basura, brutalidad de la policía local racista, dificultad para adquirir una vivienda no ruinosa Comenzó a militar en Nación andaluza, ya que Jaleo!!! había sido derribado en Granada tras múltiples dificultades. Por otra parte le tiraban los proyectos plurales en clave progresista y decidió seguir con su experiencia en el movimiento de okupación trabajando y militando en la asamblea de la casa de los 15 gatos. El no tenía miedo a trabajar con gente de otras ideologías. Odiaba el sectarismo de unos pocos que querían frenar proyectos. Desgraciadamente sus ilusiones iban a convertirse en pesadillas. David era una persona poderosa por su capacidad luchadora hasta el final. Tan sólo unos días antes de caer preso David estaba trabajando de lleno en una campaña para recaudar fondos por un montaje policial contra un compañero independentista. Yo estuve el día antes que lo detuvieran con el. Salíamos de la casa okupa y el andaba un poco agotado tras tener que soportar a un compañero de la asamblea de los 15 gatos que quería manejar el centro como un negocio. Por el camino me habló de que quería visitar Cuba este verano porque tenía un gran respeto por el pueblo cubano y su revolución. Quedamos para tomar algo y hablar el viernes. David y yo nunca llegamos a vernos aquel día. El 1 de Junio del 2005, la policía detenía a David en su domicilio de Almanjayar. El juez de los Juzgados número 3 de Almería había decidido volver a apartarlo de la escena política y social. Al día siguiente fui a verlo a los juzgados de la Caleta donde tenían que llevarlo para tomarle declaración y comunicarle su ingreso en prisión. David iba esposado y con actitud de resignado pero al verme sonrió y levantó el puño izquierdo como forma de saludo y de victoria. Victoria, ese es nuestro sueño y lo que conseguiremos entre todos.


Fuente: La Haine.

 

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