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01/12/2008 :: Pensamiento, Estado español

Crisis terminales del capitalismo

x Pedro García Olivo - La Haine
Estertores de un moribundo que mata

1)

Ante la crisis actual de las economías capitalistas, y para explicarla, los medios, haciéndose eco de las interpretaciones al uso cruzadas entre gobernantes, asesores de economía y economistas, levatan un discurso enclenque, farsante, que hubiera suscitado la mofa de no pocos pensadores del siglo XIX. Incurriendo en un coyunturalismo miope, recurriendo a una psicología burda, no sabemos si de novela del corazón o de relato de confesionario, la depresión se concibe como fenómeno necesariamente pasajero, casi vinculado a nombres propios y a determinadas sedes de empresa, con causas muy concretas, de índole financiera, que se hunden en el “tiempo corto”: excesos, irresponsabilidades, aventuras, especulaciones, fraudes, corrupcioones,... de banqueros y empresarios, autoridades políticas y gerentes de las entidades supranacionales, etc. “Gentes malas o torpes, del mundo de los negocios y las administraciones públicas, estadounidenses en gran parte, que, por sus tropelías, han desencadenado una crisis temporal de la economía global”, se nos dice. A esto se añade, como subproducto y causa segunda de la depresión, un déficit de “confianza”, que afecta al consumo, a la inversión empresarial, al dinamismo crediticio de los bancos,...

2)

Pero es necesario señalar factores estructurales, de fondo, que sólo se manifiestan en la superficie social a través de mediaciones diversas y complejas; mediaciones siempre densas, ramificadas, con tiempos distintos y filtros varios.

He aquí los más evidentes de estos factores estructurales:

1) El límite “ecológico” que la biosfera opone a la exigencia capitalista de un crecimiento económico indefinido. Este factor opera, por decirlo en términos coloquiales, muy a lo lejos; pero está “allí”. Atender con seriedad problemas como el del cambio climático exige, si se desea garantizar la supervivencia de la humanidad sobre la Tierra, inversiones considerables que de este modo se “retirarían” de aquellos otros campos pendientes sólo del interés inmediato y del beneficio egoísta. Las expetativas de crecimiento de muchos Estados, los intereses del momento de muchas multinaciones, etc. no son compatibles con este requerimiento de un “desvío” de recursos en provecho de las generaciones futuras. Se trata de una verdadera “espada de Damocles” que pende sobre los proyectos y las aspiraciones del Capital internacional. Hace años, Jürgen. Dahl, Rudolf Bahro y otros abordaron, con un realismo descorazonador, este límite contra el que choca sin remedio el productivismo occidental. La crisis, que aparece, en parte, como consecuencia, muy mediada, de esta objeción de la biosfera al orden socio-económico hegemónico, se verá a su vez agravada por el abandono de los programas medioambientales en curso o en estudio. Lo han denunciado recientemente organizaciones ecologistas muy poco radicales; y G. Bush, experto en sembrar calamidades, les ha dado la razón en los últimos días, suspendiendo proyectos e inversiones destinadas a la preservación y mejora del medio ambiente. Para que el paciente soporte mejor los síntomas de su dolencia se le expone de nuevo a la causa de su enfermedad...

2) El consumo limitado: el contingente consumidor no puede absorber ya las expectativas de venta de demasiadas empresas. No porque esté ahíto, satisfecho, colmado -al contrario, la norma es la “imposibilidad de consumir” que atenaza a los hombres y mujeres de los países pobres, donde no hay consumo porque hay indigencia. El mercado consumidor es insuficiente no porque las presas estén bien nutridas y escapen de las trampas de los cazadores: es insuficiente porque, sobre presas famélicas, que caen en todas las trampas, se han multiplicado los cazadores. Se han multplicado los lobos. Al lobo estadounidense, al lobo europeo, al lobo japonés, se han unido los lobeznos asiáticos (entre ellos China, ya menos lobezno que lobo), los cazadores sudamericanos (Brasil, por ejemplo), los devoradores del Este (donde destaca una Rusia con hambre), las fieras del mundo árabe,...

La estrategia “objetivamente correcta” del Capitalismo estribaría en “fabricar mercados”, “producir consumidores” allí donde no los había o eran débiles: combatir la pobreza, como quería Giddens, para estimular el llamado “crecimiento global”. En sus palabras: “¿Por qué no lanzar una ofensiva concertada contra la pobreza dentro de una estrategia para incrementar la competitividad económica global?” Pero, sobrado de brutalidad, el Capitalismo tardío padece una inteligencia en ayunas; y no es seguro que opte, con la energía adecuada, por esta vía, de una perversidad casi insuperable.

Cabe hablar, en definitva, de superproducción y de un degüelle del crecimento; cabe hablar de una falla estructural en la lógica misma del productivismo capitalista.

3) Limitaciones crecientes para la inversión neoimperialista de capitales. Se tornan mayúsculas las dificultades a la hora de abrir campos para la inversión expoliadora y para garantizar el suministro de fuentes de energía, materias primas y recursos estratégicos. Las fieras multiplicadas no sólo compiten por los espacios de consumo, reales o potenciales; también pelean por la apertura de campos para la inversión de capitales, para los negocios, para la explotación de los más vulnerables. Y estos campos se están estrechando, en parte por la voluntad “desarrollista” de algunos Estados, que aspiran a acrecentar el margen de aprovechamiento de sus propios recursos (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua,... en lo que atañe al subcontinente americano; y también otros países asiáticos y africanos, no con menor trascendencia). En parte, también, por la resistencia creciente de culturas “localistas”, como las indígenas de Centro y Sur de América, el Islam radical, etc., que luchan en nuestros días por la preservación de sus riquezas, por la defensa de su base territorial (la tierra, el agua, la biodiversidad, el subsuelo,...) y contra las ansias usurpadoras y neocolonialistas de los gobiernos y de las empresas occidentales.

Señalamos, sin rodeos, que de aquí se seguirá una proliferación de los escenarios bélicos, de las guerras, de las masacres por el control de las fuentes de energía (petroleo, gas natural,...), las materias primas fundamentales y los llamados “recursos estratégicos” (coltan, biodiversidad, principios activos para la industria farmaceútica,...). Ana Esther Ceceña ya lo analizó, para América Latina, en un artículo admirable de la revista “Chiapas”, que abordaba las estrategias de EEUU a fin de reasegurar una de las premisas de su seguridad nacional: la garantía de la “autosuficiencia relativa”. Por nuestra parte, estamos convencidos de que ese subcontinente padece desde hace décadas una auténtica “guerra de baja intensidad” contra las culturas autóctonas. Lo denunció en su día el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (San Cristóbal, Chiapas). Y nosotros creemos que se trata, además, de un lento genocidio de los etnias indias, precisamente para abrir campos de inversión, para arrebatarles el territorio, para desbloquear la expansión de negocios capitalistas hasta ahora enfrentados, con mayor o menor fortuna, por las comunidades indígenas y sus organizaciones. “Holocausto indígena” es el subtítulo del libro que nos publicará Virus en los próximos meses, centrado en ese asunto y en la implicación de la Escuela en la desestructuración de los pueblos originarios. En no pocos rincones de África y Asia se desarrollan conflictos análogos, guerras invisibilizadas por los medios, como la del coltan, atizada por los intereses de “nuestras” empresas de informática, telefonía móvil y tecno-juegos.

3)

Nos parece que de este triple dique al festín liberal y a la expansión capitalista se va a nutrir la crisis actual y se nutrirán las siguientes.

Las medidas que se están aplicando en el llamado Mundo Libre, hoy Mundo Libre en Quiebra, son meros paliativos. Analgésicos, antiinflamatorios y estupefacientes... Pero sólo eso. De esta crisis, el sistema saldrá con otro rostro, y por ello la hemos nombrado “crisis terminal” -muchas cosas, que jugaban un papel importante dentro de la Dogmática Neoliberal y del Fundamentalismo del Libre Mercado, van a quedar enterradas para siempre. Habrá un ensanchamiento de la fractura social, una exacerbación de la desigualdad y una escalada de la opresión laboral, que volverán a poner sobre la mesa, si bien reelaborados, conceptos que se creían sepultos, como el de “lucha de clases”. Quizá no sea un dato irrelevante que, en los últimos días, mientras en Europa más y más personas eran arrojadas a los abismos del paro, mientras seguía creciendo alarmantemente la magnitud de la pobreza, las bolsas cerraran con números verdes, en un ambiente casi de euforia...

Habrá una “inteligencia de la conservación” que cosechará sus éxitos: medidas para aliviar el descalabro de las economías humildes y procurar así dilatar el mercado; acuerdos entre Estados e incluso entre multinacionales para no “secar del todo” la fuente de sus beneficios, esos países y esas gentes parasitados; ajustes en la demarcación de las áreas de influencia neoimperialista de las distintas metrópolis del Norte; limitaciones consensuadas del “derecho a crecer” de las potencias emergentes; a regañadientes, inversiones para propiciar un irrisorio aumento de la “esperanza de vida” de la biosfera, prórroga calculada de una agonía irreversible,...

4)

Pero, con todo esto, sólo se pospone el Término. Creemos que estamos ante la primera de las siete, ocho, nueve o tal vez más (en realidad, no importa el número) “crisis terminales del Capitalismo”. Son crisis de nuevo tipo, de nueva planta; y cada una de ellas adelantará aspectos inéditos, que la distinguirán de las anteriores, cada una de ella mostrará matices insospechados, rasgos específicos y hasta endémicos. Parece evidente que el Capitalismo, tal y como lo conocemos y somos capaces de imaginar, tiene sus décadas contadas. Porque incluso si, por una inyección milagrosa de talento, el Capitalismo atenuara provisionalmente las contradicciones arriba apuntadas, limara las asperezas entre los socios-competidores expansionistas, mantuviera a los oprimidos en una aceptación pasmosa de su subordinación, y continuara así su extensión sobre la tierra, ¿qué tendrá que hacer, qué podrá hacer, cuando ya no tenga en rigor nada que hacer, “después” de la Globalización, cuando ya todo sea Capitalismo y no queden más territorios, más cuerpos, más cerebros que conquistar? En “El enigma de la docilidad” sostuvimos que devorará entonces sus nutrientes, sus propias bases de reproducción. Acabará con la savia del Planeta. Nos acunará en la Catástrofe...

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