Crónica del I Encuentro Formativo de Jóvenes de Corriente Roja

Aprendimos: sería la única palabra que pudiera sintetizar la sensación que nos dejó la experiencia del encuentro. Ya en su día Lenin apuntó ese camino para trazar las tareas de la juventud comunista. Pero el aprender a conocer la realidad material que nos rodea y que nos impone las clases dominantes, tiene mayor trascendencia práctica de lo que solemos pensar, pues encuentros de este tipo nos ayuda cualitativamente a acumular fuerzas tanto en el terreno teórico como en el militante. Éste último muy reforzado por el entusiasmo generado a través de la voluntad de lucha y el convencimiento de saber que estamos abriendo brechas en el círculo ideológico dominante.
Aprendimos sobre dos temas fundamentales que asaltan especialmente a la juventud trabajadora: la universidad y la precariedad.
Aprendimos los más de 40 camaradas (militantes y simpatizantes) que asistieron a las charlas, los grupos de trabajo y las mesas redondas. El encuentro, pese a que estábamos al límite de nuestras fuerzas por estar situado en el calendario entre el viaje-mani a Salamanca y el III Encuentro Estatal de CR, conseguimos sacarlo adelante.
El viernes 28 de octubre se organizó para los asistentes, en la sede central de CR, una cena colectiva para confraternizar previamente al desarrollo del curso.
El sábado se inauguró el Encuentro con el monográfico de universidad durante todo el día. El camarada Miguel, responsable de formación de CR, expuso una introducción donde insistió en que las reformas en la Educación Superior son una vuelta de tuerca más en una lógica ya establecida en reformas anteriores. La ponencia siguiente, que remarcó más el salto cualitativo que supone la declaración de Bolonia, fue desarrollada por una representante de un colectivo que se llama Profesores por el Conocimiento unido en torno a un manifiesto (2.000 adhesiones) donde exponen sus críticas a la mercantilización de la universidad.
La conclusión que extrajimos, tras los debates, recayó sobre el nuevo papel de la universidad en el contexto de competencia global capitalista; convirtiéndola, a la vez, de un instrumento de incremento de productividad (formación de capital humano de la mercancía fuerza de trabajo adecuándolo a las necesidades de las empresas – marginando a las humanidades -), así como la extensión masiva del negocio en el ámbito educativo penetrando empresas privadas y bancos en la universidad pública, y ya no digamos del crecimiento de las universidades privadas. El mercado se expande allí donde encuentre rentabilidad, convirtiendo en una mercancía más a comprar, lo que es una necesidad vital para toda persona: el derecho al conocimiento. En ese mismo sentido, se aprecia que la universidad pública ha pasado de ser una cierta carga en los presupuestos generales del Estado, donde se desarrollaba la rebeldía, a adquirir una importancia extraordinaria en el paradigma neoliberal europeo. Todo este ritmo de trabajo, parecido a las cadenas de montaje de una fábrica, que se imponen en las universidades modernas europeas, tiene contradicciones que el propio sistema no va a poder integrar. La presión sobre el estudiante para ser un producto competitivo genera un descontento larvado en forma de falta de autoestima o estrés asfixiante. Esto es un elemento de deslegitimación sistémica, y en un futuro, se podrá canalizar a modo de gasolina para la lucha.
Por la tarde del sábado, asistimos a una ponencia que requería un nivel mayor de abstracción; fue expuesta por Miguel Candel, profesor de filosofía de la Universidad de Barcelona. Se trataba de desarrollar y actualizar el trabajo de Manuel Sacristán (antiguo profesor del ponente) llamado: “División del trabajo y la universidad” (1970). Para situarnos en contexto se refirió a una nota de Manuel Sacristán fechada en 1976 en la que analizaba el cambio que había dado la vanguardia estudiantil de 1970 (la sesentayochista). Dice Sacristán: - con este trabajo- “se intentó contribuir a que la vanguardia estudiantil se diera cuenta de que tenía que fundamentar mejor sus motivaciones y a que la mayoría de la población estudiantil viera que los temas involuntariamente ridiculizados por la vanguardia no son en sí mismos ridículos, sino importantes. Hoy una buena parte de la insensata vanguardia estudiantil de 1967-1972 se ha hecho tan estérilmente ultrasensata que este viejo material será quizás útil empleándolo al revés que en 1970”. Miguel Candel desarrolló el análisis de la naturaleza de la universidad desde su carácter histórico-elitista y su función en el sistema a través de la división clasista del trabajo y la reproducción de la hegemonía ideológica. Comentó que el fin último de todo marxista es abolir la universidad, pero no desde un significado izquierdista como la mera destrucción, sino como la empleaba Marx en su palabra original alemana Aufheben: abolición de la estructura clasista-elitista, preservando lo útil y elevándola cualitativamente a otra función en la nueva sociedad. La ponencia fue tan atractiva que el interés suscitado superó lo programado y lo que debiera haber sido un trabajo por grupos, al final, se quedo en un debate abierto en el salón principal con el ponente.
Al final de la tarde, debatimos sobre el actual estado del movimiento estudiantil y constatamos la desigualdad de condiciones subjetivas que había entre los diferentes territorios. Todos éramos conscientes que el frente estudiantil es un pilar revolucionario que debemos abordar con mucha seriedad y detenimiento. A partir de ahí, decidimos, además de apoyar la huelga europea de estudiantes el día 17 de noviembre, adecuar la política y la organización de CR a los retos que impone la educación. Por ello elegimos una comisión redactora (6 camaradas) de un documento político y un anexo organizativo para presentarlo en el III Encuentro Estatal. Asimismo convenimos que este anexo vendría a definir la de comisión o núcleo sectorial de educación.
El domingo tocaba monográfico de precariedad. Comenzamos con una ponencia para situarnos en el contexto histórico-jurídico de las reformas al Estatuto de los Trabajadores. Fue Sergio Gálvez, investigador-historiador de la UCM, quien desarrolló la ponencia partiendo del cambio (de los años 70) de un sistema laboral paternalista propio del capitalismo de Estado franquista a un sistema laboral burgués-moderno donde la flexibilidad es uno de sus elementos centrales.
Este cambio se diseñó como una parte más de la reinserción de la economía española en la economía mundial, y especialmente, en su convergencia con los parámetros del capitalismo occidental desarrollado. Su exposición evidenció que a partir de los Pactos de la Moncloa, y ya no digamos, en los Gobiernos de UCD y PSOE, los fuerzas de izquierda, sindicales o no, fueron pactando con la patronal toda una serie de medidas para la flexibilización del mercado laboral como una forma de salir de la crisis económica poniendo a tono la rentabilidad del capital. Desde la perspectiva actual, se ve como ha sido una espiral que ha ido agudizándose, reforma tras reforma laboral, tras la debacle del movimiento obrero y la presión de la competencia global sobre los costes laborales. La conclusión siempre es revolucionaria, pues por el lado interno, el poco margen de los beneficios de la productividad, va siempre a parar al capital ante la falta de sindicatos anticapitalistas con incidencia de masas, y por el lado del análisis riguroso y de los intereses de clase, la superación de esta explotación masiva, sólo se vislumbra fuera de los límites del sistema capitalista.
La ponencia siguiente intentaba complementar el análisis de clase de la precariedad desde la enorme dimensión específica de precariedad que recae sobre la mujer. Fue expuesta por Elisa Nieto, en representación de Mujeres Rojas (frente feminista de CR). Desde ésta perspectiva, la lucha contra el patriarcado y la opresión capitalista van unidas; es por ello que conviene retocar buena parte del lenguaje analítico. De esta manera, trabajo y empleo no significan lo mismo para la mujer. El empleo es el remunerado a través de un salario, y el trabajo es el específicamente doméstico que ha recaído históricamente sobre la mujer. Las connotaciones que tiene éste segundo son muy graves por su naturaleza de opresión machista y por su carencia de independencia económica por falta de remuneración. En ese sentido, el trabajo doméstico femenino ha tenido un perfil esclavista a lo largo de milenios en la humanidad; eso da la medida de la dificultad que existe, en muchos casos particulares, a la hora de generar la ruptura con esa dominación ideológica, pues muchas mujeres la han interiorizado íntegramente, son dependientes económicamente del hombre o se mueven en círculos tan cerrados en los que es muy difícil su politización crítica.
El propio gobierno burgués reconoce cifras cualitativamente superiores en precariedad en las mujeres, que dan luz a un abuso por la posición debilidad que tiene y ha tenido el sexo femenino en las relaciones de poder.
Elisa continuó desarrollando aspectos organizativos e ideológicos, que deben asumir todos los camaradas, para intentar superar los valores machistas de la ideología dominante.
En la tarde del domingo, el turno fue para Agustín Morán, miembro del CAES a quien pedimos que expusiera una ponencia sobre el papel de la precariedad en la acumulación del capital en la nueva etapa post-fordista y post-keynesiana. Agustín intentó trasladar una perspectiva integral del capitalismo en la actualidad, y específicamente, en lo que se ha venido en llamar precariedad. “No existe economía de mercado, sin sociedad de mercado”, afirmó el ponente, dando la vuelta a un eslogan típico de la socialdemocracia. Es decir, el sistema capitalista maduro lo inunda todo, llenando todos los poros de la sociedad, hasta el punto de absorber toda la izquierda parlamentaria, sindical (mayoritaria) y parte de los movimientos sociales, ya sea tanto desde la subsunción ideológica como de la mera compra de voluntades a través de la subvención (lo que llamó un camarada: el fenómeno del pancetismo).
A esa izquierda entreguista y que se monta en la inercia corrupta del sistema, Agustín la define como izquierda capitalista. Y su contraria, por construir, es la izquierda anticapitalista que debe superar varios retos, entre los cuales, mencionó la cultura del consumismo en el modelo de vida pequeño-burgués que nos imponen como modelo de satisfacción y realización a los trabajadores.
A continuación de la ponencia anterior y como complemento práctico, Josep Bell, miembro de Co.Bas y camarada de CR, nos expuso unas líneas básicas de “sindicalismo de primeros auxilios” en legislación laboral. Josep dejó muy claro que las dificultades de organización sindical son muchas, pero que ninguna de esas dificultades debían ser por falta de conocimientos de los instrumentos que nos ofrece el sistema legal. Conectó muy bien con los asistentes por responder a muchas demandas básicas de información que piden los trabajadores jóvenes. La experiencia de Co.Bas y la Xarxa contra els Tancaments i la Precarietat fue aleccionadora y nos transmitió cierto entusiasmo ante la larga travesía en el desierto que supone construir un movimiento obrero anticapitalista.
Los dos días del Encuentro, superaron ampliamente las horas de cierre por la tarde, prolongándose hasta la noche. Eso revela el interés y las enormes tareas que tenemos por delante para que Corriente Roja sea un referente para los jóvenes de la clase trabajadora tanto desde el frente del centro de estudios como del frente del centro de trabajo. Desde luego, ha sido un encuentro inolvidable por la superación de las expectativas planteadas, y haber contribuido a ratificar la identidad de Corriente Roja en la exigencia de unir dialécticamente teoría y práctica. En nombre de los Responsables de Formación, toda nuestra gratitud a todos los asistentes (incluídas las organizaciones MAI y CJC que enviaron sus saludos) y a todos los que han colaborado para que todo haya salido correctamente. Ahora nos toca el trabajo político propiamente dicho, y en consecuencia, deslegitimar al sistema, elevar la conciencia de clase y movilizar a los trabajadores y estudiantes.
Socialismo o barbarie
Pablo González Velasco, responsable de formación del núcleo Latina-Carabanchel de Madrid
Madrid, 5 de noviembre de 2005







