Derrota de las centroizquierdas aragonesas

Los resultados de las elecciones autonómicas de Aragón confirman algunas tendencias sobre la derechización política estatal e indican otras variantes específicas, especialmente sobre la división de la centroizquierda alternativa, distintas respecto de las precedentes de Extremadura, que constituyen la excepción.
Junto con los estudios demoscópicos, que otean el horizonte de las perspectivas socioelectorales para los próximos comicios generales, constituyen un indicador -algunos estudios señalan que por sus características sociodemográficas representan la media estatal- para analizar la incertidumbre sobre el cambio de ciclo político y, particularmente, el hilo conductor de esta reflexión: la crisis de la centroizquierda transformadora y el necesario refuerzo, reestructuración y cooperación de sus élites partidarias.
La experiencia de las elecciones aragonesas
Comienzo por el análisis de los hechos concretos más relevantes que ilustran las recientes elecciones aragonesas, con la evolución de las centroizquierdas, como punto de partida para valorar los escenarios y dilemas de la centroizquierda del Partido 'Socialista'.
Fuente: Junta Electoral Central. * Podemos en 2026 se presenta junto con Alianza Verde. ** IU en 2026 se presenta con Movimiento Sumar, y en 1983 se ha sumado con PCE, que es quien saca el escaño. El total de escaños es de 67 y, por tanto, la mayoría es de 34.
Aquí la nombraré, indistintamente, como centroizquierda alternativa o transformadora, de carácter confederal o plurinacional, para el conjunto de esas fuerzas del cambio de progreso, incluidas las plataformas municipalistas unitarias; a veces, diferenciando su base social de su representación partidaria o su componente social del político-institucional, y con puntos comunes y sectores mixtos o compartidos, pero como corriente distinta de la centroizquierda nacionalista de ERC, EH-Bildu y BNG.
Hay que constatar que, en este caso, la barrera para la adjudicación de escaños se sitúa en el 3% del voto válido, sin penalizar excesivamente su acceso, a diferencia del caso de otras CC. AA., con el 5%, o en las elecciones generales en que, salvo las grandes provincias, se necesita, en realidad, al menos el 10%.
Existen dos particularidades más significativas. La primera es que Podemos pierde más del 95% de sus votantes, pasando desde el 20,51% y catorce escaños (2015), el 8,08% y cinco (2019) y el 4,01% y uno (2023) hasta menos del uno por ciento (0,94%) en 2026, con 0 escaños. Requiere una reflexión específica sobre sus causas externas, por el acoso padecido, e internas, sobre su orientación política y de alianzas y su vertebración organizativa y de liderazgo.
La segunda es que Chunta Aragonesista, la centroizquierda territorial fundada por Labordeta, con un 9,73%, una parte proveniente del desplazamiento crítico del voto socialista, duplica sus escaños hasta los seis, y se consolida en el eje mayoritario de la centroizquierda alternativa aragonesa, reforzando la tendencia intermedia territorial que representa Compromís y Mes, algo autónoma de la coalición Sumar. Mientras tanto, la candidatura conjunta de IU-Movimiento Sumar, no le sirve a Izquierda Unida para una mejora electoral significativa y se queda con un ligero descenso (2,94%), aunque mantiene su escaño.
En su conjunto, la centroizquierda alternativa aun saca unos meritorios 13,71% y siete escaños, algo superiores a los conseguidos por ese espacio en la anterior legislatura, pero completamente insuficientes ante el fuerte descenso del PSOE, de más de seis puntos porcentuales y cinco escaños, con un descenso total para las centroizquierdas que bajan hasta del 37,90% y 25 escaños, de un total de 67.
En su conjunto ese declive expresa una crisis profunda de la representación institucional de las centroizquierdas y un refuerzo de las derechas, particularmente de la extrema derecha de VOX, que va a condicionar todavía más la gobernabilidad. Y refleja, los efectos negativos, representativos y de influencia transformadora, derivados de la fragmentación de la centroizquierda alternativa y, especialmente para la dirección de Podemos, cuyo proyecto de construir una centroizquierda valiente, de forma diferenciada, encuentra escaso apoyo popular e influencia institucional.
Solamente podemos añadir el similar fracaso de la experiencia municipalista. Zaragoza fue una de las grandes ciudades, en el año 2015, con uno de los ayuntamientos del cambio progresista liderados por la alcaldía de la plataforma unitaria de Zaragoza en Común, que se ha ido fragmentando desde 2019, hasta sus actuales dos concejales, sin que en las últimas elecciones Podemos consiguiese entrar tampoco en el consistorio.
Al mismo tiempo, conviene citar otra situación particularmente nefasta como la última de las elecciones municipales en Huesca en 2023: cuatro candidaturas de centroizquierda alternativa, promovidas por Podemos, Chunta Aragonesista, Izquierda Unida y Equo, cada una con más del 4% de representatividad, con un total del 18%, pero que ninguna consiguió concejalías al no superar la barrera del 5%; por supuesto, con la consecuencia de un ayuntamiento de derechas.
Además, hay que constatar que en las elecciones autonómicas de 2015 la representatividad electoral del conjunto de la centroizquierda alternativa (29,33%) fue superior a la del Partido 'Socialista' (21,86%); es decir, se produjo el sorpasso en votos, aunque al ir separados obtuvieron menos escaños y el acceso a la presidencia autonómica del pactado gobierno de coalición pudo recaer en el PSOE (de Lambán).
Inquietante panorama para las centroizquierdas
Por último, también se ha confirmado la división en dos candidaturas (Podemos/Alianza Verde e Izquierda Unida/Movimiento Sumar) para las Cortes de Castilla y León de marzo próximo, y parece probable que se reproduzca la división en Andalucía, para junio, allí con tres candidaturas, al añadirse Adelante Andalucía.
Mientras tanto, la media de los estudios demoscópicos sobre las elecciones generales, señala una mayoría absoluta para las derechas, con ascenso de VOX, respecto del bloque de la investidura, el mantenimiento del bloque nacionalista, un descenso del PSOE -o estancamiento en el mejor de los casos- y un fuerte retroceso en escaños entre la coalición Sumar -pendiente de reformular- y Podemos, en torno a la mitad (10 + 4), aunque entre ambos superarían la barrera del 10%, o sea, al menos con dos millones y medio de votos.
En definitiva, esa pérdida de una quincena de escaños de la centroizquierda alternativa es determinante para imposibilitar la continuidad de un gobierno progresista y, en especial, una influencia significativa de esa centroizquierda. Expresa su impotencia para la remontada y la incapacidad de su liderazgo para contribuir a frenar la adversidad principal que se dibuja en el horizonte: la fuerte involución social y democrática derivada de una gobernanza derechista (extrema), junto con la crisis consiguiente de las fuerzas sociales y, especialmente, políticas, de centroizquierdas.
El dilema es desde dónde, quién y cómo afrontar el agotamiento de los liderazgos partidarios de la centroizquierda alternativa y qué proceso de reorientación política y recomposición orgánica es preciso abordar (de cumplir con las promesas de avance social que se hicieron al principio y luego se abandonaron). Se han empezado a ofrecer distintas iniciativas para abordar ese inquietante panorama. La realidad del proceso sociopolítico y de las dos siguientes elecciones autonómicas complementará el análisis de estas tendencias que se están prefigurando.
Nueva Tribuna







