Desregulación laboral y precariedad

La economía global, basada en el beneficio empresarial y la competitividad, necesita abatir constantemente los costes productivos. El trabajo asalariado, al ser la única mercancía capaz de generar valor y plusvalor, es el factor productivo flexible por excelencia y oculta tras de sí el trabajo de cuidados, sin el cual no existiría. Con las leyes del mercado radicalizadas por la globalización, cualquier protección política del trabajo y de los cuidados se presenta como enemiga del progreso.
El paradigma competitivo de la globalización económica es incompatible con cualquier protección de la vida, la naturaleza y los derechos de la gente de abajo. Lo que se globaliza es la forma mercancía. Esto quiere decir que, factores que en su naturaleza no son una mercancía como la tierra, la salud, la educación o el trabajo de las personas, deben comportarse como lo que no son, es decir, como mercancías.
La regulación política de las condiciones de vida y trabajo del pueblo trabajador, es reflejo de las conquistas obtenidas por el movimiento obrero. Pero si las leyes protectoras se desvinculan de su fuerza originaria, la movilización popular, dichas normas se convierten en un significante vacío cuyo significado depende de quien las administra. Sin fuerza social, un término como "Empleo Estable y con Derechos" puede significar, como significa desde el "Acuerdo Interconfederal por la Estabilidad en el Empleo" de 1997, firmado por CCOO - UGT y CEOE - CEPYME, un nuevo contrato fijo tipo "b" pero que, a diferencia del fijo de siempre, supone que, en caso de despido, la indemnización no será de 45 días, sino sólo de 33 días por año. La "estabilidad’ y los "derechos" del nuevo contrato indefinido suponen en realidad: "estabilidad en la precariedad’ y "permiso de trabajo" en lugar de "derecho al trabajo" y "derecho del trabajo".
La violencia competitiva del "libre mercado" disuelve el contenido material de principios como humanismo, derecho a la vida y democracia, imponiendo condiciones laborales explotadoras, embrutecedoras y homicidas. En el Estado Español, cinco mil trabajador@s pierden la vida cada año como consecuencia de accidentes, enfermedades como canceres y encefalopatías ó lesiones vinculadas a sus condiciones laborales .
En los países desarrollados, los actuales regímenes parlamentarios de mercado son la forma política desde la que se desregula la relación salarial y se desmonta la protección social de forma "democrática" y sostenible. Esta dinámica, por un lado reduce las garantías sociales y las privatiza, convirtiéndolas en oportunidades de negocio para el capital y por otro, utiliza la necesidad de trabajo (cooperación, obtención de recursos de vida, autoestima y pertenencia social) de la gente como mecanismo para el sometimiento de las personas trabajadoras a una economía regida por las leyes ciegas del mercado, la voluntad de los empresarios y la fuerza armada del capitalismo.
Los políticos intentan poner coto a la voracidad de cada capitalista individual para salvaguardar los intereses generales del capitalismo. Desde 1997, la excesiva temporalidad del mercado de trabajo es un diagnóstico compartido por todos los integrantes del "Diálogo Social": el gobierno (del PP desde 1996 y del PSOE desde 2004), la patronal (CEOE - CEPYME) y los sindicatos mayoritarios (CCOO y UGT). De este diagnóstico se deriva una conclusión, también compartida, sobre la necesidad de una intervención política en el mercado de trabajo para disminuir dicha temporalidad. El resultado material es la precariedad como norma y la mayor subordinación de las necesidades y los derechos de la gente a las inestabilidades del mercado capitalista y el totalitarismo empresarial.
NOTAS
[1] Calera Alfonso. "Diagnóstico de la utilización de sustancias químicas en la industria española", página 24. Madrid. Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud. CCOO (2005).







