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Estado español :: 15/03/2010

El cambio de modelo económico y las elucubraciones de Rodriguez Zapatero

Just Casas Soriano
¿El cambio de modelo ahora es rehabilitar en lugar de construir sin moverse de la construcción?

Pues sí, elucubraciones y no otra cosa son las declaraciones del presidente Rodríguez Zapatero, cuando afirma que el Estado español va a cambiar de modelo económico diciéndolo con una campechanía más acorde con una función del Circo de Manolita Chen, que con la realidad del país: oyéndolo, a uno le da la impresión que cambiar de modelo económico es lo mismo que cambiarse la camisa o los calcetines. Y, evidentemente, nada tiene que ver un cambio con los otros. A partir de la entrada española en la Comunidad Económica Europea el 1986 y sobretodo, con la adopción de la moneda única, el Euro, a principios del s.XXI –el siglo que muchos “analistas” y “expertos” decían que sería el gran siglo del crecimiento y de la expansión de la riqueza sin límites- el Estado español inició una etapa de crecimiento económico “envidiable”. En efecto, a partir de los años 1997, 1998… el país fue creciendo y desarrollando una economía que resultaba que era la envidia “de todo el mundo”. Una economía que se basaba en unos cuantos preceptos sencillos y fáciles de aplicar: una imponente oleada de privatizaciones que dilapidó todo un patrimonio común de los españoles pagado con sus impuestos, y que fue a parar a manos privadas con derecho a expolio y con un mensaje clarito a la banca privada, los especuladores, las grandes fortunas y los trepas de una nueva generación de gestores, administradores, ejecutivos agresivos…:¡enriqueceos!

Otro: la erosión continuada de los derechos y los salarios de los trabajadores y trabajadoras que fueron –fuimos- unos simples convidados de piedra frente a una inflación galopante y un descuido total por parte de la administración que en nombre del “libre mercado”, permitió –y premió- la especulación masiva, el robo sistemático, el abuso y la inflación galopante. Así, nació y se enriqueció una nueva generación de empresarios emprendedores y engominados hasta los tuétanos, que a base de unos salarios bajos y el descontrol manifiesto por parte de las administraciones públicas, creó un nuevo El Dorado, jugando con el también manifiesto descontrol de los precios y la necesidad de trabajo de la mayoría. Otro elemento importante, fue el hecho de la continua erosión de la capacidad contributiva de los ayuntamientos, como por ejemplo, la pérdida de éstos del IAE (Impuesto sobre Actividades Empresariales), que pasó a ser percibido por la administración central y en parte por los gobiernos autonómicos, lo que significó que los entes municipales perdieran una parte muy importante de sus ingresos. En cambio, y para compensar, se liberalizó el suelo –en la época de Aznarpermitiendo el “Gran Pelotazo” del ladrillo, lo que significó, dar “barra libre” a la corrupción municipal aliada con constructores, bancos, promotores e inmobiliarias. Me explicaré: con dicha medida, los ayuntamientos pudieron ellos mismos especular con el suelo disponible recalificando terrenos, participando en lanzamientos inmobiliarios, cobrando los permisos de obras, aliándose con determinados constructores, aceptando sobornos en las contratas y mil y una chapuzas más. El resultado es de todos conocido: el crecimiento insospechado poco tiempo antes de determinados municipios, la destrucción de excelentes tierras de cultivo, la destrucción paisajística, la enajenación de kilómetros de costa, la densificación y masificación de los cascos urbanos, la extensión paranoica de miles de urbanizaciones... y los ayuntamientos, pudieron rehacer sus cuentas después que el Estado les hubiese arrebatado el cobro y la retención de sus fuentes tradicionales de ingresos. Todo parecía que iba bien.

Además, para que la población no tuviera más remedio que comprar unas viviendas a unos precios cada vez más abusivos haciendo inmensamente felices a las Cajas de Ahorros y a la Banca, que se hincharon hasta reventar concediendo hipotecas desmesuradas, faltaba “un pequeño detalle”: que el Estado y el conjunto de las administraciones públicas, prácticamente renunciasen a construir vivienda pública protegida: ¿se acuerdan haber visto por la televisión sorteos de las escasas viviendas de protección oficial? ¿sorteando veinte o treinta o cien viviendas entre siete, ocho o nueve mil peticiones? La población, no tuvo más remedio que “entramparse” haciendo gordo el caldo de todas aquellas fuerzas conjuradas para sangrarla. Así, se hizo el “boom económico”, a base de ladrillo que necesitó además, de millones de inmigrantes no cualificados para poder responder a las necesidades de los constructores y las inmobiliarias, bajando precios y salarios: parecía América, cualquiera podía montar un chiringuito de empresa, pasearse con un móvil en la mano y enriquecerse en cuatro días. Además, los millones de inmigrantes, estimularon el consumo y el comercio se benefició, y los excedentes de mano de obra que no encontraban trabajo en la construcción, pues se dedicaron a los servicios… con unos sueldos bajos y contratos en precario.

España parecía “Alicia en el país de las maravillas”, todo el mundo trabajando, ganando poco en comparación al nivel de vida pero trabajando sumergiéndose en la vorágine consumista –auctóctonos e inmigrantes-; los comerciantes llenándose los bolsillos, la banca feliz, los constructores también, las inmobiliarias no digamos, los especuladores no salían de su asombro, los ministros de economía no se tenían que romper los cuernos para que todo “funcionase”… hasta que llegó la crisis. Ahora resulta, que el Estado desvía a la Banca y a las Cajas de Ahorro centenares de miles de euros para que tapen sus agujeros gastándose en nada de tiempo los excedentes obtenidos por el Estado durante los años buenos y además, pidiendo créditos a la banca internacional para acabar de tapar los agujeros de las entidades financieras y viéndose obligado a lanzar al mercado enormes sumas de Deuda Pública y para que cuadren los números, ahora resulta que sube el IRPF a los pensionistas que pasan a cobrar menos dinero que antes –dinero que se ahorra el Estado-, prácticamente se congelan los salarios, subirán el IVA un dos por ciento –con el consiguiente aumento incontrolado de los precios y mil guarrerías más que están por venir, como las ya anunciadas reformas laborales –más precariedad y salarios más bajos y menor poder adquisitivo- y de las pensiones. ¡Ah, pero todo el mundo tranquilo! ¡Va a haber un cambio de modelo económico! ¡Salvados! Un modelo económico no son unos pantalones o unos calcetines o una camisa.

Un modelo económico es todo un entramado productivo íntimamente ligado a unos estilos y procederes, a unas situaciones complejas en las que intervienen la confianza, determinadas inversiones y determinados objetivos que a su vez, requieren de determinadas cantidades de mano de obra con ciertas habilidades y preparación en función de unas demandas y unos mercados nacionales e internacionales, que además conllevan unos riesgos y márgenes de beneficios ya sabidos de antemano; de todo un sistema financiero orientado al mismo, de todo un conjunto de iniciativas públicas y privadas, de unas leyes laborales adaptadas al mismo así, como de un mercado laboral regulado que interactúa sobretodo lo anteriormente dicho…

¿Y dice Rodríguez Zapatero que va a cambiar de modelo productivo? Dicho cambio requiere de unos cuantos años: ni cinco, ni diez, ni veinte… Necesita de toda una generación para que sea verdaderamente factible y asumible por todos los elementos que conforman la sociedad: el capital, el trabajo… y el mercado ¿Cómo se van a “reciclar” más de seis millones de personas que vivían del “boom” de la construcción? ¿En cuántos años? ¿En que sectores de la economía?, cuando todo el mundo sabe ya –o debiera saberlo- que cada vez la industria y la mayoría de los servicios requieren día a día menos fuerza laboral por los avances científicos y técnicos aplicados a la producción. Sólo la construcción podía absorber la gran cantidad de mano de obra no cualificada o poco cualificada. Como se dice vulgarmente “átense los machos” que lo que nos va a caer a las clases trabajadoras los próximos largos años será de antología. De momento, una de las propuestas estrella de Rodríguez Zapatero para alcanzar un gran “pacto de Estado para salir de la crisis”, consiste en… estimular la construcción mediante al rehabilitación de las viviendas, con créditos “facilongos” del ICO (Instituto de Crédito Oficial)… a través de la banca privada, con rebajes en las cotizaciones a la Seguridad Social para las empresas, rebajes del IVA para los materiales de construcción… ¿El cambio de modelo ahora es rehabilitar en lugar de construir sin moverse de la construcción? ¡Ay madre mía que me da algo! ¿Esto es un cambio de modelo productivo? ¿Producir fachadas rebozadas? ¿Cambiar desagües? ¿Eliminar goteras? ¿Pintar el piso? A este señor Rodríguez Zapatero le pasa algo, no sabemos qué, se supone que su médico sí. En realidad, está atacado de un virus que se ha contagiado a toda la clase política: el virus de la imbecilidad, del desafuero continuo, de la ignorancia y de la mala leche para con los más desvalidos.

¡Que la crisis la paguen los banqueros!
¡Que la pague el capital!
¡Eso sí que sería un auténtico cambio de modelo productivo!
¡La madre que los...!

* Just Casas Soriano, es profesor de Historia Contemporánea en la UAB, afiliado a la CNT de Terrassa y presidente del Centre d’Estudis Llibertaris Francesc Sàbat.


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