El copago en la Sanidad pública

Desde que el sistema sanitario se troceó y pasó a depender de las comunidades autónomas, cada dos por tres nos salen con la amenaza de que el constante aumento del gasto es insostenible y, como solución, son cada vez más los que sugieren implantar el 'copago'.
EL COMERCIO del domingo 21 de marzo, publicaba la opinión al respecto, de varios economistas, y todos apuntaban en esa dirección. Que me perdonen esos señores, pero yo pienso que las opiniones son como los colores y los sabores, las hay para todos los gustos. Decir que eso serviría para disuadir de ir al médico, me parece que es hablar por no estar callado. Un señor que padece glaucoma y adenoma de próstata, para lo primero necesita a diario un colirio y para lo segundo un comprimido diario. ¿Alguien puede creer que acude al médico por gusto, o simplemente por que no le cuesta? Que no nos cuenten chorradas.
Optar por el copago por parte de los beneficiarios a la seguridad social, en un país en el que se despilfarra el dinero público en mil y una otras cosas, es cuando menos una broma de mal gusto; además que más copago quieren, si quienes aún están en activo tienen que pagar el 40% del importe del medicamento que se les receta. Resulta que el Inserso subvenciona cada año vacaciones a pensionistas, sin reparar en que estén o no cobrando la pensión máxima.
La propia Seguridad Social, se permite el lujo de no poner coto al despilfarro que representa el consentir que la industria farmacéutica no adapte el contenido de los envases de medicamentos a dosis acordes con la duración de los tratamientos que los médicos por propia experiencia ya conocen al dedillo, lo que supone tirar a la basura un exceso de medicamentos recetados y dispensados para nada. Tampoco ponen coto al despilfarro que representa el comprar medicamentos que con los mismos componentes activos que otros de distinto nombre comercial, cuestan unos mucho más que otros.
Por último, deberían plantearse el volver a unificar la administración del sistema; tanto aparato burocrático en diecisiete autonomías, sólo sirve para malgastar los recursos necesarios para que el sistema funcione y no quiebre. Para ver estas cosas no hace falta ser economista, lo entiende hasta el tonto del lugar.
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