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03/03/2014 :: Estado español

El País, la guinda de la operación contra Stop Desahucios

x J. Garín
No hay operación de la delegación del Gobierno contra los movimientos sociales en Madrid que no acabe en informe policial editado por Francisco Javier Barroso para El País

En este caso se trata de las detenciones realizadas ayer en el marco de lo que la Brigada Provincial de Información ha denominado Operación Guinda.

El pasado 31 de enero vecinas de Lavapiés convocadas por la Asamblea de Vivienda Centro se congregaban a las puertas del domicilio de Antonio, un hombre de 53 años con una enfermedad crónica y una pensión por incapacidad permanente insuficiente para afrontar el pago de su alquiler.

(Fotografía de Rodrigo García)

En el interior de la vivienda la policía detuvo a la mediadora de la asamblea, a dos fotoperiodistas y al propio desahuciado. Poco después comenzaron las cargas contra personas que se encontraban sentadas en uno de los extremos del cordón policial. Algunos de los congregados respondieron obligando a los furgones policiales a retroceder hasta hacerles abandonar el barrio.

Ayer la policía detenía a tres personas a las puertas de sus casas por estos hechos. Estas detenciones, que podrían no ser las últimas según El País, podrían haber sido evitadas con una simple notificación para declarar en sede judicial. Además se les ha dejado detenidos mucho más tiempo del necesario, contra lo dispuesto por varias sentencias del Tribunal Constitucional.

A pesar de todo esto este tipo de actuaciones se están convirtiendo en práctica habitual como parte de la campaña orquestada por el ministerio del Interior para intentar mermar la oposición en las calles a través del miedo. El País ponía ayer su granito de arena en este nuevo paso en la escalada represiva del gobierno.

Tócala otra vez, Barroso

Los detenidos son “individuos radicales de extrema izquierda junto con algunos anarquistas” que se infiltraron en la concentración para parar el desahucio. Son los mismos “que introdujeron la violencia en el movimiento 15-M, así como en las últimas como en Rodea el Congreso y otras similares, en las que se produjeron graves disturbios”.

Ayer la Asamblea de Vivienda Centro convocaba un concentración en apoyo a sus supuesto infiltrados y esta era difundida por la mayoría de cuentas en redes sociales del movimiento 15M. ¿No será que se ha tirado de la lista de identificados aquel día al azar como ha ocurrido en otras ocasiones? En una democracia seria no parece probable pero aquí tiene toda la pinta de ser así.

Pero hablar con ellos sería complicarse mucho la vida. Con lo cómodo que es recibir el informe, editar un poquito y publicarlo. Y que si además te da por hablar con la madre de uno de ellos y te cuenta cómo la policía engañó al padre de su hijo para obtener su dirección al final lo mismo hasta te retiran la medalla al mérito de la Policía Municipal.

Es mucho más seguro y profesional dejar que la única fuente de la información que ofreces a tus lectores sea la policial. Esa que ha perdido hasta ahora todos los contenciosos por sanciones contra la Comisión de Legal de Sol por hechos parecidos. La rigurosa información queda tal que así:

“Los agentes resultaron heridos, algunos de gravedad, al recibir impactos de rodamientos que agujerearon el casco de protección”.

¿Para cuántos agentes dices que hay un casco? ¿Cuántos impactos de rodamientos recibió ese mismo casco? Radicales de extrema izquierda, vale, pero joder, qué puntería. De hecho según la foto publicada todos los rodamientos dieron exactamente en el mismo sitio:

“La peor parte se la llevó una policía que está a la espera de que la sometan a más pruebas para ver si sufre un derrame cerebral o alguna lesión neurológica. La funcionaria recibió el impacto de una bola de acero que le agujereó el casco”.

Hombre, agujerear lo que se dice agujerear tampoco, ¿no? Parece más bien una abolladura. Ya tiene que ir pegado el casco a la cabeza para para que eso suponga “un derrame cerebral o lesión neurológica”. Lo malo es que aunque ha pasado ya un mes aún no lo sabemos, qué contrariedad.

Y probablemente, con periodistas a los que su propia credibilidad les importa un pimiento y con compañeros que no lo denuncian por corporativismo, nunca llegaremos a saberlo.

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