El PSOE da un espaldarazo al lobby nuclear

El PSOE y el PP se sumaron ayer a una enmienda de CiU y PNV en el Senado que elimina el límite de 40 años para la vida útil de las centrales nucleares, de forma que podrán seguir operando más allá de ese periodo. Esta iniciativa será votada hoy en el Congreso, incluida dentro del ámbito de la Ley de Economía Sostenible.
Con la nueva regulación, en el año 2020, cuando los primeros reactores alcancen el periodo límite de vida útil que se había establecido, no deberán asumir el cierre y podrán continuar operando.
La modificación también aclara que será el Consejo de Seguridad Nuclear el organismo encargado de emitir un dictamen en función de los requisitos de seguridad nuclear y protección radiológica, además como de otros aspectos como la evolución de la demanda energética. El texto argumenta que el tope actual contradice la ley del sector energético.
El portavoz económico de CiU en el Congreso, Josep Sánchez Llibre, se refirió al resultado de este acuerdo como "una solución moderna, que no cierra las puertas al uso de la energía nuclear más allá de 2020". En otro momento, celebró que su formación y el PNV hayan logrado un "cambio radical en la postura anacrónica y anticuada del PSOE".
Demasiados "incidentes" en materia de seguridad
Existe una escala internacional para medir los eventos nucleares: la Escala Internacional de Accidentes Nucleares (INES). Así, para que un evento se considere accidente nuclear debe producirse al menos una muerte por radiación, por lo que un accidente es una situación muy grave. Para sucesos de menor magnitud pero aún peligrosos, se emplea la terminología "incidente".
Por suerte en España no se ha producido (aún) ningún accidente nuclear. El incidente más grave (nivel 3 en la escala INES, "incidente importante") se produjo en la central nuclear de Vandellós I en 1989, cuando la sala de turbinas se incendió. El elevado coste de las medidas exigidas por el organismo regulador español (CSN) para corregir las irregularidades detectadas hicieron que la empresa explotadora decidiera su cierre definitivo.
El 17 de enero de 1966 dos aviones de la Fuerza Aérea de Estados Unidos (USAF) chocaron cerca de la localidad almeriense de Palomares, desintegrándose y cayendo entre la tierra y el mar. Uno de ellos transportaba varias bombas termonucleares B28 de 1,5 megatones. Dos de ellas quedaron intactas, una en tierra y otra en el mar. Las dos bombas restantes cayeron cerca del pueblo y explotó el detonante convencional que portan para conseguir la primera reacción nuclear. Estas explosiones convencionales esparcieron unos 20 kilogramos de plutonio altamente radiactivo por los alrededores.
Más recientemente, en 2004 y 2007 se produjeron varios escapes radioactivos en las centrales gestionadas por la Asociación Nuclear Ascó-Vandellós (ANAV). El incidente de 2004 en la central de Vandellós-2 fue calificado por el CSN como el más grave después del accidente de Vandellós-1 y afectó al sistema de refrigeración del núcleo del reactor (incidente de nivel 2). Además, la empresa trató de ocultar el suceso: durante la investigación del primer incidente en el Congreso de los Diputados el CSN reconocío que ANAV priorizó sus intereses económicos a la seguridad manteniendo a la central funcionando en condiciones de "seguridad degradada".[33] Finalmente ANAV sería sancionada en el año 2006.
Asimismo, durante el invierno de 2007-08 también fueron liberadas partículas radioactivas en la central de Ascó-1. De nuevo, ANAV no informó a la opinión pública sino varios meses después tras la denuncia de Greenpeace (tras ser alertada al respecto por algunos trabajadores). En mayo del 2009 el incidente de fuga de partículas radiactivas del 2007-2008 se tradujo en la imposición de una multa de 15,3 millones de euros por parte del Ministerio de Industria y actualmente (febrero de 2011) se encuentra en la vía penal. La asociación ecologista denunciaba asimismo que no se trata de sucesos aislados, sino que existe un rosario de incidentes en las centrales debido a una falta de cultura de la seguridad.
Cofrentes ha notificado al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) una media de 10 sucesos anuales en la última década (2000-2010). Asimismo, en los noventa, registró tres de nivel 1, que se califican de 'anomalías'.
Problemas para almacenar los residuos radioactivos
Las centrales nucleares españolas se han diseñado para almacenar "temporalmente" el combustible gastado en piscinas construidas en el interior de sus instalaciones. Los residuos radioactivos se guardan en piscinas por la capacidad aislante y enfriadora del agua, a pesar de los riesgos que conlleva la posibilidad de una fuga del líquido, que iría a parar a las capas de agua subterráneas que se usan para riego y consumo humano.
Y lo de temporal, nada. A excepción de ciertas cantidades que se enviaron a reprocesar al Reino Unido en los años 70, y del combustible utilizado por Vandellós I - cerrada definitivamente tras el accidente de 1989- que también se enviaba a Francia con igual finalidad, los residuos de alta actividad se almacenan en las propias centrales nucleares.
Además está el riego de los movimientos sísmicos. Los terremotos de magnitudes de hasta 3,5 son habituales en la mitad sur de la provincia de Valencia. En la Comunitat Valenciana se registran anualmente una media de 50 seísmos de una magnitud de intensidad que oscila entre 1,5 y 3,5 de la escala Richter.
Cuando se saturan las piscinas, se almacena el combustible gastado en un almacén en seco. De hecho, así sucedió con la central nuclear de Trillo, donde en 2002 se puso en marcha un almacén en seco tras alcanzar el nivel de saturación de su piscina. De las 403 toneladas que almacenaba Trillo a finales de 2008, 158 se encontraban en 16 contenedores ubicados en la instalación de almacenamiento en seco. Esto tiene el inconveniente de que no cuenta con la capacidad aislante del agua, por lo que nuevamente hay peligro de escapes radioactivos.
La nuclear de Cofrentes (Valencia) es la que mayor cantidad de residuos radioactivos de alta actividad almacena, de las siete centrales que existen en el Estado español. Al 31 de diciembre de 2008 Cofrentes tenía 551 toneladas de uranio (tU) almacenadas en su piscina. Esta cantidad ha aumentado con 34,4 toneladas de uranio más, tras la última recarga de combustible realizada en septiembre de 2009 (una operación que se realiza cada dos años). Ya a finales de 2007 se consideraba que el almacén de residuos radioactivos de esta central estaba al borde de la saturación.
Todos estos residuos son de alta actividad porque el combustible gastado está compuesto por uranio no consumido, productos de fisión (rotura del núcleo de un átomo, con liberación de energía) y, en menor proporción, por elementos contaminados de plutonio, americio y curio). Todos ellos se generan durante el quemado de combustible en el reactor.
Fuentes: Diagonal, Greenpeace y agencias.







