El callejón sin salida del capital, el socialismo inconcluso y la autogestión de la vida
Para acabar con la dominación del capital, tenemos que salirnos de sus reglas de juego. Hace falta proponer un modelo que sea «poco práctico» y que vaya en contra de la naturaleza humana, pues el cambio es la única cualidad real que podemos predicar de ella, y los sistemas que fracasan son los que confían en su permanencia inamovible y no en su cambio, en su crecimiento y desarrollo
El poder del capital financiero se ejerce en la actualidad por encima de cualquier otra manifestación del capital. El objetivo del despliegue de la fuerza del trabajo va destinado a la obtención del dinero. Dinero que debe ser destinado a la obtención de objetos de consumo. Consumo de objetos asociados a la noción de la felicidad humana.
El capital «aconseja», mientras más objetos se posean, más felices deberán ser las personas. Y esta es la principal «bujía» de funcionamiento del capitalismo. Un sistema de dominación múltiple que sobrepasa los marcos de la explotación económica y abarca, en términos de dominación, todas las facetas de la vida humana.
El cambio que se propone es a contracultura, el cambio al que nos convoca la lucha por mantener la vida es un cambio civilizatorio, un cambio que tendremos que efectuar todos y todas para que pueda ser real y duradero. La humanidad no puede darse más el lujo de la permanencia del capitalismo, ni de la repetición de las experiencias anticapitalistas del siglo XX que terminaron provocando que las personas «quisieran» volver a ser explotadas.







