El salario

LA RELACION SALARIAL.
En el capitalismo las relaciones entre las personas asalariadas y las personas que representan al capital, son relaciones de desigualdad y subordinación consagradas por la ley. En la esfera de la producción, es decir en el interior de las empresas, la función directiva del capital está constitucionalizada como un poder ejecutivo e inapelable: 1) las ordenes hay que cumplirlas, 2) en un conflicto o desacuerdo entre capital y trabajo, la persona que trabaja se ve privada de la presunción de inocencia y la dirección de la empresa se ve asistida por el poder legal de fijar unilateralmente la sentencia (sanción, despido) y ejecutarla sin más mediación. Aunque, posteriormente, los tribunales de justicia puedan opinar sobre el caso y dar o quitar la razón total o parcialmente al empresario, la máxima condena (despido) es potestativa de dicho empresario sin más que (salvo en casos muy excepcionales) indemnizar en una cierta cuantía a la persona despedida, que se ve así privada de su derecho de obtención de recursos de vida y de igualdad ante la ley.
El salario, como renta obtenida por la persona trabajadora en su relación con el capital en la esfera de la producción, le conduce a relacionarse como consumidora, también con el capital, en la esfera de la circulación - consumo. En estas esferas, la relación de dominio del capital sobre el trabajo adquiere la apariencia de una relación entre personas libres, iguales y propietarias. El trabajo de cuidados al no comparecer directamente en la esfera pública (el mercado de trabajo) no recibe ninguna retribución, ni es contabilizado, ni existe para la economía.
EL SALARIO COMO RELACION SOCIAL.
El salario es la forma que adquieren las rentas de las clases asalariadas en el capitalismo. Además de las máquinas, materias primas, etc que reciben el nombre de "capital fijo", el salario constituye la segunda componente del capital denominada "capital variable". Su determinación cuantitativa está sujeta a relaciones de fuerza entre los actores del mercado de trabajo (trabajo, capital, estado). El salario es, sobre todo, el precio de la fuerza de trabajo. Es decir el valor de la fuerza de trabajo expresado en dinero. El valor de la fuerza de trabajo es el tiempo de trabajo social necesario para producir los bienes y servicios que permiten mantener al poseedor de dicha fuerza de trabajo en sus condiciones normales de vida, así como la continuidad de su estirpe asalariada y la formación necesaria de niños y niñas para integrarse adecuadamente, una vez alcanzada la edad legal, en el mercado de trabajo. Ese tiempo no es el mismo en Indonesia que en Alemania o en Nicaragua. El salario, como precio de la fuerza de trabajo también está sujeto al volumen relativo de oferta y demanda del mismo que se produce en el mercado de trabajo.
El salario es, también, la expresión de la subordinación del trabajo al capital. Un operador del ocultamiento de todos los trabajos y actividades sin los que la relación salarial sería imposible. En particular, los cuidados y afectos realizados por las mujeres en la privacidad del hogar.
El salario no es la retribución que percibe el trabajador por el producto que ha producido. El salario no paga el valor del producto producido por la persona trabajadora, sino el valor de la reproducción (producción, procreación y cualificación) de la fuerza de trabajo.
El salario como dinero supone una mediación monetaria que oculta la desigualdad y la explotación en las relaciones sociales. A través de lo que la población asalariada cobra (mercado de trabajo) y de lo que gasta o invierte (mercados de consumo, mercados financieros, submercados de trabajo) los individuos aparecen como iguales e intercambiables. Gracias al dinero, las personas parecen relacionarse entre sí, no como personas desiguales, sino como funciones técnicas y como cosas. El orden político que garantiza la desigualdad se autodenomina "democracia".
TRABAJO Y FUERZA DE TRABAJO NO SON LA MISMA COSA.
La Fuerza de Trabajo es una capacidad, una potencia. Se puede definir la fuerza de trabajo como el conjunto de facultades físicas y mentales que están en la personalidad viva del ser humano y que este pone en movimiento cuando, en un proceso laboral, produce valores de uso de cualquier índole.
El trabajo es un acto. Dicho acto consiste en el consumo de la fuerza de trabajo de una persona trabajadora por parte del capital. Este uso o consumo es un proceso cuya condición es la producción de plusvalor para el capital.
EL PROCESO LABORAL.
En el capitalismo, el proceso laboral está subsumido en el proceso de valorización del capital. En dicho proceso laboral se combinan: duración, intensidad y productividad. Esta última depende de factores como: envolvente tecnológica, división del trabajo, escala de la cooperación, recursos naturales, destreza y formación de las personas trabajadoras.
El proceso laboral es el proceso en el que el trabajador o trabajadora trabajan y convierten su fuerza de trabajo (potencia, capacidad de producción de un producto socialmente útil) en acto (producción de una mercancía o producto) En el mismo proceso laboral se combinan dos actividades distintas. Por un lado, la persona que trabaja produce una mercancía que contiene un valor de uso que satisface una necesidad. Por otro lado, la persona que trabaja produce un valor cuya sustancia es el trabajo social humano cuya magnitud principal es el tiempo de trabajo social necesario para el sostenimiento de la persona que trabaja y de su descendencia misma. Parte de dicho valor (el plusvalor) se apropia el empresario. Este plusvalor resulta de la diferencia entre el salario que percibe la persona que trabaja para el mantenimiento de su fuerza de trabajo y el precio por el que se vende en el mercado el producto que ha producido la persona que trabaja durante el tiempo de trabajo que remunera dicho salario[1] .
CONDICIONES POLITICAS, SOCIALES E IDEOLOGICAS DE LA RELACION SALARIAL.
•Escisión entre la persona que trabaja y sus medios tradicionales de producción y subsistencia. Esta separación exige, para millones de personas, una ruptura social traumática. Dicha ruptura (migraciones) arranca a las personas de su territorio, sus medios de producción, sus redes sociales y sus costumbres insertándolas posteriormente en medios urbanos o industriales como individuos aislados y dependientes de los mercados de trabajo y de consumo bajo el mando del capital.
•Invisibilidad, desvalorización y subordinación del trabajo de cuidados, realizado por las mujeres, como condición de la producción y reproducción de la fuerza de trabajo a bajo coste. Las mujeres que acuden al mercado de trabajo se ven obligadas a trabajar para producir valor directamente para el capital. Pero lo hacen sin dejar de trabajar para producir y reproducir la vida humana que, a su vez, es el soporte vital y social del trabajo asalariado.
•En los países "desarrollados" el crecimiento de los salarios reales promueve el ahorro en un importante sector de las clases asalariadas. Este ahorro permite a muchas familias trabajadoras intervenir a pequeña escala en los mercados financieros e inmobiliarios a través de los fondos de inversión, fondos de pensiones, compra-venta y alquiler de viviendas, compraventa de acciones en bolsa, etc. Esta actividad supone participar en los beneficios de la explotación de l@s trabajador@s y de la especulación financiera. También supone, en caso de perdidas, correr con el mayor peso de las mismas. Esta implicación por parte de la población asalariada en los mecanismos de explotación y agresión del capitalismo global contra los trabajador@s y los pueblos del mundo, con mayor poder adquisitivo, constituye la base social y electoral del "fascismo dulce" con el que nos autogobernamos y anuncia, con la crisis terminal de la izquierda, la disolución del pluralismo y la democracia en las sociedades parlamentarias de mercado global.
•El salario también funciona como mecanismo para liberar tiempo de vida propio, mediante la compra del tiempo de trabajo de otras personas. Es el caso de la contratación de inmigrantes para realizar tareas domésticas y de cuidados (limpieza, alimentación, atención de niñ@s, enferm@s y ancian@s, jardinería, etc) En este caso, el salario pagado por la persona asalariada que contrata a la persona asalariada contratada, no funciona como capital porque la finalidad no es la obtención de plusvalor (no se trata - a diferencia de la bolsa o del mercado inmobiliario - de una inversión para obtener beneficios, sino de un gasto para el consumo individual o familiar). Lo que no elimina las condiciones de desigualdad que, tras la diferencia de salarios entre la persona contratada y la persona que contrata, oculta las distintas condiciones sociales de cada una de ellas y la subordinación de un@s trabajador@s a otr@s.
•El punto de vista de la izquierda política y sindical, basado en una retórica neokeynesiana de andar por casa, desconoce - y no por ignorancia - el orden de relaciones sociales mundializadas que promueven la guerra, la violencia, el saqueo y el genocidio como norma. Este desconocimiento voluntario conduce a la apología de dicho orden. El 1 de Mayo de 2007, Fidalgo, Secretario General de CCOO, llamó a la "defensa de esta forma de vida y de bienestar que disfrutamos" y calificó las deslocalizaciones como un "hecho biológico".
NOTAS
[1] Haciendo salvedad, para simplificar, de otros costes inherentes al proceso productivo (generales, financieros, amortizaciones, impagados, etc).







