En la objeción fiscal... fondos de resistencia

En la lucha antimilitarista vivimos tiempo de especial desconcierto. A este hecho contribuyen una serie de factores externos al propio movimiento -la nueva imagen que se pretende dar a los ejércitos, la próxima desaparición del servicio militar obligatorio- y de una manera muy especial, la variación de la estrategia represiva empleada por parte del Estado. También existen una serie de razones achacables al propio movimiento, que abordaremos más adelante.
Hemos pasado la época en que las agresiones se producían directamente a través de las fuerzas represivas y del aparato judicial-penitenciario, que permitía la retroalimentación del movimiento con respuestas solidarias ante las agresiones judiciales y ante cada juicio o encarcelamiento, a la puesta en marcha de mecanismos mucho más sutiles, concretamente la inhabilitación sustituyendo a la cárcel en la penalización de la insumisión, y las sanciones administrativas por participar en acciones reivindicativas o de apoyo.
Al primero, aunque con una evidente pérdida de gas, parece que le estamos encontrando una estrategia de respuesta a través de la insumisión en los cuarteles, pero el segundo -aunque más viejo- lo hemos aparcado desde hace tiempo. Muchos/as de nosotros/as lo hemos sufrido directamente o hemos visto a compañeras y compañeros que no han tenido más remedio que abonar importantes cantidades de dinero o recurrir a respuestas solidarias de su ámbito para poder hacerlo, con mayor o menor éxito según las posibilidades de cada uno; pero hay muchos y muchas de estos compañeros que ya no están en la lucha antimilitarista, y si lo están / estamos, con un bajón importante en el grado de militancia. Hay que dar a este hecho la importancia que tiene en el contexto del movimiento antimilitarista en el que no se suele disfrutar de una situación económica demasiado boyante.
Entre las causas internas a las que hacia referencia al principio hay dos de especial relevancia y que afectan especialmente al movimiento de objeción fiscal, una, la desconexión real con otros grupos y estrategias, y, la otra, la proyectitis que nos ha entrado a todos y todas, hasta el punto de que existe la sensación de que para muchos de nosotros y nosotras lo más importante es el proyecto o proyectos a los que se decide desviar el importe de la objeción, y se percibe en el movimiento de objeción fiscal cierto tufillo a ONG al que debiera ser totalmente ajeno.
Pero, igual que la insumisión, la objeción fiscal no es más que una estrategia más dentro de la lucha antimilitarista que, por medio de la desobediencia civil, pone en cuestión la existencia de los ejércitos. Lo especifico de esta estrategia -fundamentalmente dirigida a la financiación de esta máquina de muerte- no parece ser suficiente como plantearse de forma aislada, sin embargo no hemos sabido conectarlo con la suficiente fuerza a otros tipos de estrategia. De ahí que, aunque se hayan producido algunos avances, se mantenga una preocupante debilidad, tanto en el aspecto cuantitativo como en el planteamiento práctico de acciones que vayan más allá del gesto de objeción.
En suma, mecanismos represivos más sutiles, desconexión en el seno del movimiento antimilitarista y proyectitits son los tres grandes problemas a los que tenemos que hacer frente -también- desde el ámbito de la objeción fiscal. Ya se ha hablado alguna vez de ello, y también se han hecho de manera informal algunas propuestas, pero hasta el momento no se había pasado de eso.
Tenemos que avanzar formalmente en una de esas propuestas que, aunque aislada se perfile como insuficiente, debe ser la vía para abordar la situación que se nos plantea: LA CREACIóN DE FONDOS DE RESISTENCIA ESTABLES. Estos fondos deberían ser los proyectos elegidos como destino preferente de las cantidades desviadas a través de la objeción fiscal, y nos permitiría abordar ese triple objetivo del que hablábamos antes: serviría como respuesta solidaria a la represión sutil, nos obligaría a la coordinación del movimiento antimilitarista, y acabaría con la proyectitis que parece invadirnos.
Por supuesto, no es éste el medio ni el momento para plantear el modelo y estructura -cuestiones ambas que, junto con las propia propuesta, deben ser debatidas con calma y con la participación más alta posible-, así que, quede esto como una iniciativa para plantear el debate en el lugar que corresponda, hecha con la sana intención de aportar perspectivas que nos permitan superar el desconcierto al que se hacía referencia al principio.
Por Avelino Mata, objetor fiscal de Valladolid, Marzo 98
Fuente: Tortuga







