Evo, Mario, y el fenómeno del mundo justo

Información que ha extraído de "Los Caudillos Bárbaros", ensayo escrito por el historiador y escritor boliviano Alcides Arguedas, y le parece suficiente este informante, "intelectual afrancesado", que vivió entre 1879 y 1946.
En otra de las obras de Alcides Arguedas, "Pueblo Enfermo" (Editores Gisbert, La Paz, 1975), capítulo II titulado "Psicología de la raza indígena", se lee: "En la región llamada Interandina vegeta desde tiempo inmemorial, el indio aimara, salvaje y huraño como bestia de bosque, entregado a sus ritos gentiles y al cultivo de ese suelo estéril en que, a no dudarlo, concluirá pronto su raza" (Página 33), y en el capítulo III "Psicología de la raza mestiza", dice: "Del abrazo fecundante de la raza blanca, dominadora y de los indios, raza dominada, nace la mestiza, trayendo por herencia los rasgos característicos de ambas, pero mezclados en una amalgama estupenda en veces, porque determina contradicciones en ese carácter que de pronto se hace difícil explicar, pues trae del ibero su belicosidad, su ensimismamiento, su orgullo y vanidad, su acentuado individualismo, su rimbombancia oratoria, su invencible nepotismo, su fulanismo furioso, y del indio, su sumisión a los poderosos y fuertes, su falta de iniciativa, su pasividad ante los males, su inclinación indominable a la mentira, el engaño y la hipocresía, su vanidad exasperada por motivos de pura apariencia y sin base de ningún gran ideal, su gregarismo, por último, y, como remate de todo, su tremenda deslealtad’ (Página 67).
De lo que quiero subrayar que para Alcides Arguedas el mestizo es tan despreciable o más que el indio, tal como se puede confirmar en la siguiente página, en que continúa caracterizan-do al mestizo: "Para él, el hombre es bajo, egoísta, falso, interesado y despreciable. Y es que juzga según los dones de su criterio, sus propias observaciones o experiencia, según las fuerzas vivas que siente bullir dentro de él." (Página 68).
De aquí viene el error de Mario, de haberle creído a Alcides Arguedas. Confunde el grado de indianidad del mestizo caudillo con el grado distinto del origen de Evo. Para Alcides Arguedas eran lo mismo el mestizo y el indio, y hasta peor, más "despreciable", el mestizo.
Evo es el más indio de todos los presidentes de Bolivia. Lo digo arriesgándome un poco porque no soy historiador ni antropólogo, sino psicólogo. No es "una flagrante inexactitud histórica" que Evo sea el primer presidente indígena. Podríamos pedir unos análisis de ADN y un estudio antropológico para determinar -si los instrumentos de laboratorio permiten tan fina distinción- que Evo es más cercano genéticamente a los antiguos aimaras que cualquier caudillo militar que hubiera sido presidente de Bolivia y que Evo es menos asimilado a la cultura occidental.
Por tanto, lo correcto sería decir que Evo es el presidente más indio de todos los que hubo, "blancos" y no "blancos".
Otra explicación causal del error de Mario es que cuando se observa desde lejos todos los rostros parecen iguales, en especial cuando nos ubicamos en un grupo y juzgamos a otro.
El estado anímico de los indios bolivianos ha ido superándose desde la revolución de 1952, que intentó dejar atrás el régimen feudalista de aborígenes humillados y deformados que quizá no habrían aceptado como lícito que uno de su mismo origen fuese primera autoridad del Poder Ejecutivo. Los indios -y las mujeres- tienen derecho a votar en elecciones generales desde aquel año, 1952. Y ello, y lo de ahora, se ha conseguido con sangre.
Muchos mestizos, quizá más de los que no votaron por Evo, y muchos que se creen blancos están siendo favorecidos en este sentido.
Las reivindicaciones -de autoeficacia- de los bolivianos pasan por reconocernos indios y no por creernos occidentales "puros" de buenas a primeras. Pasan por lo que dice Mario Vargas Llosa: "más que raciales, las nociones de "indio" y "blanco" (o "negro" o "amarillo") son culturales, y () están impregnadas de un contenido económico y social". Lo que pretendemos en Bolivia es precisamente eficacia de contenido económico y social, no revanchismo.
No es correcto creer que la "democracia" (otra ideología) nos va a permitir, generosa y liberalmente, tales reivindicaciones porque éstas no pueden ser fruto de la maduración devota. Esperar a que la "democracia" supere el racismo ("que, sin duda, existe y ha causado y causa todavía tremendas injusticias"), sin fricciones, sin inconvenientes, sería como esperar que la Revolución Francesa hubiese ocurrido por magnanimidad de los reyes de entonces. Invito a ver las sutilezas, no las tablas rígidas de lo esquemático. (...)
Tribuna Boliviana







