Garzón y la polémica de las fosas del franquismo

Susana Romo: Profesor, usted que tanto ha defendido en esta universidad la idea de reparar los crímenes del franquismo y de tratar con la dignidad que merecen a los asesinados y a sus familiares, no estuvo presente la semana pasada en el acto de la Complutense, junto a su compañero Berzosa
David M. Rivas: No, no estuve con mi profesor y más tarde amigo Carlos Berzosa. A mí no me gustan mucho esas historietas. En mi país se dice que “antroxaes n’antroxu”, carnavaladas en carnaval. Creo que la universidad es otra cosa y no debe convertirse en foro de disputa política. En eso tengo una fuerte impronta anglosajona, de la universidad inglesa a la que debo buena parte de mi formación.
S.R.: Pero la universidad no puede aislarse del mundo al que pertenece.
D.M.R.: Claro, tiene usted razón, pero su implicación debe estar en consonancia con su función primordial, que es la de enseñar e investigar. Le voy a poner un ejemplo que creo muy esclarecedor. Hace un par de años nuestra universidad propuso otorgar a Santiago Carrillo el título de doctor “honoris causae”. Yo me opuse y lo expresé en público. Mi escrúpulo no era de naturaleza política, sino académica. A Carrillo, a Bárbara Rey, a Juan Carlos I, a Camilo Sesto o a Ana Belén se les puede dar la medalla de oro de la universidad, o la de diamantes y zafiros, o lo que disponga el rectorado. Pero un doctorado por causa de honor sólo se debe dar con criterios docentes o científicos. Yo no creo que Carrillo haya aportado a la ciencia y al conocimiento nada reseñable. Puede que merezca el nobel de la paz o el capelo cardenalicio pero no un doctorado. Del mismo modo, Garzón puede merecer un homenaje en el Bernabéu o en la plaza de Las Ventas, pero la universidad es otra cosa. Creo que el rector Berzosa se equivocó.
S.R.: Es el único juez que se ha atrevido con el franquismo.
D.M.R.: Y yo lo valoro mucho. Podrá ser un ególatra, que todo parece indicar que lo es, o querrá pasar a la historia, pero a mí eso me da igual. El hecho es que hizo lo que nadie había hecho: tratar de dignificar a las víctimas del genocidio, porque fue un genocidio, de Franco. Yo he participado en la campaña a su favor pero, como creo que debe ser en un estado donde debería haber separación de poderes, lo hice a través de una carta al Consejo General del Poder Judicial acogiéndome al derecho de petición recogido en la constitución de 1978.
S.R.: ¿Tampoco acude a las manifestaciones?.
D.M.R.: No acudí porque no tuve ocasión, pero con eso sí estoy totalmente de acuerdo. Quienes se manifiestan por la rehabilitación y la dignificación de las víctimas del franquismo no lo hacen más que tangencialmente por asuntos de leguleyos. A quienes pretenden sacar a los muertos de las fosas les importa un carajo la tipificación de asuntos como la “incompetencia” o la “prevaricación”. Están aprovechando la decisión de un juez, por muy discutible que sea en términos formales, para pedir justicia para cientos de miles de muertos y desaparecidos.
S.R.: ¿Qué opina de la ley de amnistía?.
D.M.R.: Desde un punto de vista jurídico no diré nada porque soy lego en la materia, pero desde un punto de vista político tengo opinión formada. Creo que con la amnistía nos quisieron obligar a la amnesia y eso es intolerable. El paquete de entonces, con el trasfondo del peligro militar cotidianamente, era este: amnistía, monarquía y ejército garantista. Eran lentejas, si las quieres, bien… Cuando pedíamos, yo tenía diecisiete o dieciocho años, amnistía, nunca se nos pasó por la cabeza que iban a amnistiar a un ideólogo de las violaciones masivas de mujeres como Queipo de Llano o a un torturador hasta finales de los setenta como Billy el Niño. Pretendíamos sacar de las cárceles a hombres y mujeres encerrados por ser sindicalistas, o comunistas, o anarquistas, sin más delitos que los de opinión o asociación. En lo tocante a los delitos de sangre (ETA, GRAPO, FRAP) ya no había tanto consenso. Y resulta que aquellas manifestaciones en las que siempre había uno o dos muertos a manos de la policía o de paramilitares fascistas sirvieron para que el abuelo republicano no pueda ser desenterrado de la cuneta a la que fue tirado como una alimaña en 1937. Hicimos el mono. Nos arriesgamos a ser asesinados para que el PSOE no quiera saber nada y el PP acabe demostrando un franquismo incorregible. Y no olvidemos al PCE con su trampa de la “reconciliación”. Los comunistas de Carrillo y de la Pasionaria fueron los mejores avalistas de los franquistas y de sus crímenes. El PCE había pactado con los hombres de Juan Carlos I: amnesia a cambio de legalización. En el fondo era algo normal: los comunistas nunca tuvieron mucho respeto por la democracia, la legalidad o los derechos humanos.
S.R.: ¿Sigue el franquismo vigente?.
D.M.R.: Por supuesto. La democracia española es un esperpento. Cuando se estudie la historia del siglo XX dentro de cincuenta años se verán las cosas de otro modo. Una España atrasada y caciquil, dominada por una iglesia atrabiliaria y medieval y por una dinastía autoritaria y militarista, se dio en 1931 carta de ciudadanía. Cinco años después, los caciques y el papa alimentaron la ambición de cuatro generales fascistas que, con la ayuda de Hitler y de Mussolini, practicaron una guerra genocida y una posguerra de fusilamiento diario para, pocos años después, reubicar en el trono a la misma dinastía. Por eso Garzón es incómodo, porque no sólo quiere abrir las fosas, quiere abrir la historia. Es un presumido, de eso no tengo duda, pero ha demostrado ser valiente. Si abrimos la historia habrá muchos damnificados, empezando por la corona y continuando por la iglesia.
S.R.: ¿Usted no cree que España sea una democracia?.
D.M.R.: No, no lo creo. En este reino vivimos en un golpe de estado permanente. Frente a lo que hicieron creer a casi todo el mundo, el 23-F fue un éxito y los grandes triunfadores fueron el rey y el PSOE. Ahí acabó la llamada “transición”, con la consolidación de la monarquía franquista bajo el gobierno socialcatólico de Felipe González. Y, tras unos años, lo más curioso de todo es que, seguramente, quienes más han evolucionado hacia la normalidad democrática han sido los soldados. Aquellos chusqueros golpistas se adaptaron de una forma impresionante. El caso es que yo, a día de hoy, me fiaría más de un jefe militar que de un juez o un senador. No en vano las encuestas reflejan que el principal problema que perciben los ciudadanos, después de lo económico, es la casta política. No hay ningún estado democrático que presente estos datos.
S.R.: ¿Qué le parece la decisión de los hijos y nietos de las víctimas del franquismo de acudir a la justicia argentina?.
D.M.R.: Me parece algo estupendo. Hace una semana Bignone, el último conmilitón de la dictadura argentina, fue condenado a un montón de años por una cincuentena de desaparecidos y muertos. ¡Una cincuentena!. Aquí hablamos de decenas de miles. Cuando Garzón empaquetó a Pinochet, todas las gentes de bien, excepto el gobierno del PP, aplaudieron hasta con las orejas. Y desde aquí lo vimos como un proceso al vicario de Franco. Lo que no se pudo hacer en el reino de España, lo íbamos a hacer en Chile. Eso pensábamos todos. Cuando la decisión cayó en manos de la cámara alta de Westminster, fieles al modo español de ver las cosas (“los lores son ricos y de derechas”), todos creyeron que don Augusto se iba de rositas. Pero los lores le pusieron más cadenas todavía, cosa que yo suponía porque conozco muy bien la vieja Inglaterra. Y es que, pese a muchas miserias, el Reino Unido sí es una democracia. Me alegraría mucho que la justicia argentina enmendara la plana a estos ditirambos españoles, empezando por el inane Rodríguez Zapatero que, de común acuerdo con Rajoy, anuló la competencia judicial universal. El nieto del fusilado y el heredero de los ministros franquistas de la mano y contentos. Pero todavía me parece más interesante la apelación a los tribunales de Berlín. Los descendientes de los republicanos asesinados van a solicitar a los jueces alemanes que estudien la ayuda nazi al régimen de Franco. Y, si esto sale para adelante… Las directrices de Nürenberg son clarísimas: nada prescribe y la justicia es universal, allí donde haya un nazi o donde los nazis apoyaran políticas puede llegar la mano de la justicia de la corte suprema alemana. Es más, las leyes de los Estados Unidos incorporaron a perpetuidad los dictámenes del tribunal de Nürenberg. Por no hablar de las leyes de Israel. Y las de Australia, Canadá, México, Nueva Zelanda, Uruguay y unos cuantos estados más.
Prácticamente todos los estados democráticos, “civilizados” se decía antes, tienen este tipo de normas. Por eso España no las tiene, porque es un reino sin legitimidad de origen y con dudosa legitimidad de ejercicio. Las tuvo durante unos meses pero el PP y el PSOE juzgaron mejor quitárselas de encima. Los dos partidos neofranquistas fueron incapaces de romper el cordón umbilical. ¡Claro que esta democracia es una caricatura!.
S.R.: ¿Por qué el Partido Popular se opone a dignificar a los asesinados por el franquismo?.
D.M.R.: Supongo que por inercia. No creo que los actuales dirigentes del PP sean franquistas pero muchos de ellos son hijos de la dictadura. Pero también hay que decir que muchos dirigentes del PSOE comparten esa filiación. De hecho José Bono es el primer presidente del Congreso que es hijo de falangista, miembro del partido fascista, necesario es decirlo porque los términos se han hecho extraños.
Tal vez en algunos casos haya razones más pedestres. Muchas familias se hicieron “ricas por la patria”, ocupando viviendas, apropiándose de empresas, haciéndose con tierras de los vencidos o utilizando en sus negocios mano de obra esclava. Patriotas, buenos cristianos, personas de orden… pero criminales.
Es complicado tener que ir a un juzgado para oir a un fiscal cómo explica que tu abuelo se quedó con la casa en la que tú naciste después de fusilar sin juicio previo al propietario. Saber que tu riqueza proviene del crimen no debe ser plato de gusto. Y, si para más “inri”, eres de izquierda, peor todavía. Y esto no lo digo porque sí, sino porque si muchos franquistas hay en el PP no menos hay en el PSOE. Hay ayuntamientos regidos por el PP que han colaborado en la localización de fosas, mientras que también los hay regidos por la izquierda que no lo han hecho. Tal vez a algunos conservadores les pesa la creencia religiosa y no han olvidado que enterrar dignamente a los muertos es un deber para los cristianos. Mire, mis padres, bastante mayores, son católicos y no entienden como un partido como el PP, que se dice “cristiano”, no permite enterrar cristianamente a la gente. Mi madre me decía el otro día que el PP tenía de cristiano lo que ella de rinoceronte.
S.R.: Pero el PSOE parece respaldar a Garzón mientras que el PP dice que todo esto es una intolerable presión al Tribunal Supremo y que pone en peligro a la propia democracia.
D.M.R.: Hay socialistas que sí desean abrir las fosas y abrir la historia, incluso alguno de los dirigentes del partido, como Leire Pajín. Esto es muy significativo porque esta mujer pertenece a la generación de los bisnietos de los tirados por las cunetas. También hay viejos socialistas, como Chaves, que apoyan las iniciativas del juez Garzón. Pero el PSOE como partido no discrepa demasiado de la postura del PP. Y los populares, como es habitual en la derecha española, siguen creyendo en su intachable moralidad.
Manifestarse contra el procesamiento de Garzón es un ataque a la democracia y a la división de poderes pero pasear todos los sábados contra el estatuto de Cataluña, “procesionar” con los obispos contra una ley aprobada o mostrar el odio a los homosexuales y el rechazo a la nueva ley reguladora del matrimonio no son actos de presión. ¿Y tampoco era presión a los tribunales su teoría conspiranoica sobre el 11-M, con “El Mundo” y “La Razón” machacando diariamente durante cinco años?. Ellos nunca ponen en peligro nada porque son gentes de orden y de familia como tiene que ser. Los que ponen en peligro la democracia son los separatistas, los rojos y los masones. El PP presionó lo indecible al Tribunal Constitucional por su resolución sobre el etarra De Juana, argumentando que representaban a las víctimas, los mil asesinados por ETA. Pero parece que los cientos de miles asesinados por Franco y sus secuaces son víctimas de segunda clase. Ante estas cosas pienso en algún que otro amigo que milita en el PP y que se caracteriza por su honradez y su escaso sectarismo, y le compadezco si es que tiene que defender esta infamia en algún acto público.
S.R.: Aún hoy, entre personas con menos de treinta años, se habla del bando en el que combatieron sus abuelos o, como usted decía, sus bisabuelos.
D.M.R.: Es algo normal. Si Franco hubiera caído tras la guerra mundial, las heridas se habrían restañado. Pero el régimen mantuvo la división entre vencedores y vencidos hasta finales de los setenta. Y la democracia mantuvo una política similar. Los hijos de los vencidos vivieron en el miedo e incluso llegaron a aceptar la situación porque daba mejoras económicas en un contexto pacífico. Algunos sufrieron un proceso de alienación muy similar al que conocemos como “síndrome de Estocolmo”. Por eso es lógico que sean los nietos y los bisnietos de los muertos, educados ya en otros valores, los que exigen que la democracia, si es tal, responda con justicia.
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