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Estado español, Nacionales E.Herria :: 01/05/2026

Guernica, un nuevo aniversario del crimen

Daniel Campione
El 26 de abril de 1937 bombarderos y aviones caza de la Legión Cóndor alemana y de la Aviazione Legionaria italiana atacaron durante horas al pueblo más significativo del territorio vasco

Afianzaban así su pacto asesino con Francisco Franco.

En las afueras del pueblo había dos posibles objetivos militares: Un puente que podía ser utilizado por las tropas republicanas y una fábrica de armas. Ninguno de ambos espacios fue mayormente afectado. En cambio, una multitud de bombas cayeron sobre los edificios. El propósito de arrasar quedó demostrado en que buena parte de los proyectiles eran incendiarios.

La agresión formaba parte de la hacía poco iniciada ofensiva de los mal llamados "nacionales" sobre las tierras vascas. Comienzo a su vez de un ataque general sobre todo el llamado "bolsón del norte" republicano, que abarcaba además a las provincias de Santander y Asturias. Territorios que habían quedado aislados, rodeados por tierras en manos de los generales rebeldes.

La dimensión simbólica

El hecho de que fuera allí y no en otro lado que se perpetró la acción tuvo que ver con un ejercicio adicional de violencia simbólica. Guernica era el poblado antiguo más significativo para las tradiciones vascas.

Ese carácter de la localidad estaba dado porque allí, a la sombra de un viejo roble, el rey de Castilla primero y el de España después de la unificación, juraba respetar los fueros (derechos y libertades) de los vascos, en su carácter de señor de Vizcaya. Esa tradición se mantuvo durante siglos. Y sólo meses antes de la agresión, el jefe del flamante gobierno autónomo de Euzkadi, José Antonio Aguirre, había jurado allí su cargo.

Los aviones alemanes e italianos subrayaron con su criminal acción la mirada sobre España de los golpistas españoles, ultracentralista y negadora de otras nacionalidades. "España una, grande, libre" era uno de sus lemas, las libertades vascas no tenían nada que hacer en una "Nueva España" en la que se pretendía que sólo se hablara castellano y no quedaran ni rastros de las autonomías regionales establecidas por la segunda república.

Responsabilidades y negaciones

Unos días después el sacerdote Alberto Onaindía, en carta a la autoridad máxima de la Iglesia española, el cardenal primado y arzobispo de Toledo Isidro Gomá, resumió así lo que había sucedido en las tres horas y media de bombardeos:

"Habían sido aviones alemanes que fueron enviados sobre Guernica para hacer un ensayo de guerra totalitaria. Era el primer ejemplo de este género de lucha: primero unas bombas para alarmar a la población [la gente comenzó a abandonar las calles y a esconderse en abrigos, en sótanos y bajo cubierto], luego oleadas de bombarderos con explosivos seguidos de bombas incendiarias y, por último, aviones ligeros que ametrallaban a los desgraciados que pretendía huir para salvar sus vidas."

El prelado Gomá hizo oídos sordos a la denuncia del cura. La calumnia franquista negó el bombardeo y atribuyó a las tropas republicanas en retroceso haber cometido el incendio a su paso por el pueblo:

"...en la imposibilidad de contener el avance de nuestras tropas, los rojos han destruido todo y acusan a los nacionalistas de hechos que no son más que la puesta en práctica de sus criminales designios."

"!Miente Aguirre! (José Antonio Aguirre el presidente o "lehendakari", del gobierno autónomo) Miente vilmente. En primer término no hay aviación alemana ni extranjera en la España Nacional. Hay aviación española. Noble, heroica aviación española que lucha constantemente con aviones rojos que son rusos, franceses y conducen aviadores extranjeros. En segundo lugar, Guernica no ha sido incendiada por nosotros, la España de Franco no incendia. La tea incendiaria es monopolio de los incendiarios de Irún, de los que han incendiado Eíbar, de los que trataron de quemar vivos a los defensores del Alcázar de Toledo."

La prensa "nacional" culpa a los "rojos" de la destrucción.

Era la voz oficial, emanada del cuartel general de Salamanca, que acudía al clásico expediente negacionista de convertir a la víctima en victimario. Y al de ampararse en los reales o supuestos crímenes de los contrarios.

Un intelectual argentino, hombre de la Iglesia, Gustavo Franceschi, estuvo tiempo después en la población destruida y atestiguó a favor de la mentirosa versión oficial. No es de extrañar. Estaba en España en apoyo de la "cruzada" por la soberanía de Cristo Rey, asediada por el bolchevismo.

Un periodista británico, George Steer dio de inmediato información fidedigna acerca del origen y el propósito destructivo de aquel ataque. Estuvo en el pueblo pocas horas después del bombardeo y obtuvo pruebas materiales y testimonios de primera mano de lo ocurrido.

Hasta describió las cubiertas en lengua alemana de los proyectiles arrojados sobre el pueblo, algunos de los cuales recogió.

Sus informes fueron publicados en la prensa inglesa y la verdad trascendió. Su crónica, dos días después del ataque, fue tapa de The Times de Londres y del New York Times. Quedaba revelado el protagonismo nazi en el ataque aéreo. La acción se convirtió en una catástrofe propagandística para el franquismo.

Escribió Steer: "La declaración publicada por Salamanca según la cual Guernica ha sido destruida por los rojos es absolutamente falsa. Personalmente hablé con más de 20 refugiados de Guernica en los alrededores de la ciudad. Excepción hecha del número de aviones que la bombardearon, todas las declaraciones coinciden en todos sus detalles (...) Un periodista recogió conmigo tres bombas, las tres alemanas, con fecha de 1936."

Al año siguiente el corresponsal publicó un libro con un extenso estudio en torno al ataque aéreo. No era sólo una narración minuciosa. Se le sumaba el análisis de Guernica como inauguración de una nueva táctica de guerra. Con fines de desmoralización de la población civil e incentivo para la rendición de la contraparte militar. La obra fue titulada El árbol de Gernika. Un ensayo sobre la guerra moderna.

Mientras las informaciones certeras se propagaban en el campo republicano y fuera de España, el régimen franquista siguió aferrado por décadas a la negativa de la participación alemana y la atribución del incendio del pueblo a los republicanos.

Esa posición no fue nunca modificada, hasta después de la muerte del "caudillo". La negación de la verdad más evidente formó siempre parte del arsenal desinformativo de la dictadura.

Más allá del papel de la aviación alemana, más de un estudioso ha llegado a la conclusión de que la decisión de que fuera Guernica el punto de ataque sólo pudo partir del cuartel general de los "nacionales" interesados en zaherir al pueblo vasco. Como castigo a su inveterado nacionalismo. Y a la "infame traición" de que un pueblo con fuerte arraigo católico luchara del lado de los "rojos".

Además mediaban órdenes expresas del comando "nacional" de que no podían efectuarse bombardeos sin decisión previa del alto mando.

Ya en 1946, derrotada la Alemania nazi y llevados a juicio parte de sus dirigentes, se abrió paso el testimonio de primera mano sobre algunos de los impulsos para llevar adelante la devastación de Guernica.

El máximo jerarca de la aviación nazi, Hermann Goering, explicó ante el Tribunal de Nüremberg: "España me brindó una oportunidad para poner a prueba mi joven Fuerza Aérea (...) así como para que mis hombres adquirieran experiencia."

Para los aliados alemanes del franquismo, el bombardeo de un pueblo indefenso y la destrucción de una villa histórica era una cuestión de experiencia y adiestramiento. También sostuvo durante el juicio: "... fue una especie de blanco de prueba para la Luftwaffe (la aviación alemana). Es lamentable, pero no podíamos obrar de otra forma. En aquel momento, estas experiencias no podían efectuarse en otro lugar."

Goering hacía referencia a que Alemania había desarrollado hacía poco su fuerza aérea. Al principio de modo oculto, ya que al hacerlo incumplía los dictados del tratado de Versalles.

Las aeronaves de fabricación germana respondían en parte a diseños muy recientes, que no habían tenido oportunidad de ser probados antes de la guerra en España. Varios modelos de aviones; bombarderos, caza y de transporte, fueron remitidos a España.

La acción sobre la población vizcaína fue una oportunidad de poner esos aparatos en combate por primera vez. En un despliegue de una concepción de "guerra aérea total" que había sido estudiada y asumida como propia por el "cerebro" de la Legión Cóndor, el jefe de estado mayor de la misma, Wolfram von Richthofen.

La declaración de Nüremberg iba en sentido opuesto a la que había sido la reacción nazi contemporánea a los hechos, y combinada con Franco. Se la puede ejemplificar con palabras de Joaquim Von Ribbentrop, entonces embajador en Londres, apenas unos días después de los sucesos: "Por favor, convenzan a Franco de que formule una enérgica y tajante negativa acerca de que aviadores alemanes hayan atacado Guernica."

Así lo consignó en una nota dirigida al ministro de Relaciones Exteriores alemán el 4 de mayo de 1937. Días después, el 15 de mayo, el propio Adolph Hitler se ocupaba del asunto en nota a Von Ribbentrop: "No debe ser admitida, en ninguna circunstancia, una investigación internacional acerca de Guernica."

Los signos de la barbarie

La envergadura del ataque, la utilización de bombas incendiarias y, más aún, el ametrallamiento de la población civil, constituían una palmaria evidencia de que el objetivo no era ningún blanco de importancia militar. La siembra del terror y el debilitamiento de la resistencia vasca eran las verdaderas metas de la acción.

A lo condenable del ataque se sumaba el hecho de que la villa vizcaína no tenía ningún tipo de defensa antiaérea. No la asistía ninguna posibilidad de contrarrestar la agresión. Las aeronaves causaron los mayores estragos sin que corrieran el menor riesgo.

Se dijo, como vimos, que el objetivo de la operación era la simple voladura de un puente, el de Rentería, apto para el desplazamiento de tropas. La realidad es que tanto el puente como una fábrica de armas, Astra, situada en las afueras de la población, resultaron intactos.

Eso en circunstancias en que cayeron miles de bombas explosivas e incendiarias y la metralla de los cazas cobró vidas entre quienes huían del fuego y las explosiones.

La condena universal al bárbaro bombardeo tomó en cuenta la característica de que hasta poco antes era inusitado un ataque aéreo orientado contra la población civil, para sembrar la muerte y el terror sobre ella. Se trataba de un lamentable salto cualitativo en la masacre de la población civil.

Sin embargo no hay que omitir que lo sucedido en Guernica tenía un inmediato antecedente, asimismo en Vizcaya: El bombardeo de Durango, el 31 de marzo del mismo año.

Poco antes, durante el mes de febrero se había ametrallado por tierra, mar y aire a los civiles que huían a lo largo de la carretera entre Málaga y Almería (hecho conocido como "la desbandá") después de la caída de la primera ciudad, también con gran número de víctimas.

Y antes todavía en noviembre de 1936, el pretendido "Caudillo" había ordenado el bombardeo en gran escala contra la población madrileña asediada, para desmoralizarla y empujar a la rendición de la ciudad.

Guernica tomó una resonancia distinta, mucho más amplia, porque, como ya escribimos, el pueblo era el lugar simbólico de los fueros vascos. Devastarlo e incendiarlo constituía una agresión despiadada contra las libertades de Euzkadi. Y se pretendía que fuera un golpe abrumador sobre la moral bélica de los defensores.

A las resonancias del ataque germano- italiano se sumó la repercusión del cuadro de Pablo Picasso. Estuvo destinado a la Exposición Internacional con sede en París, realizada entre mayo y noviembre de 1937 y allí se exhibió.

La pintura saltó a la fama de inmediato y con el tiempo se convirtió en uno de los mayores íconos del arte del siglo XX. Y en un símbolo imperecedero de la barbarie fascista entronizada sobre España.

Como suele ocurrir en masacres de este tipo, el número de muertos fue objeto de debate desde el primer día posterior a los hechos. El gobierno vasco proporcionó una cifra precisa, de 1654 fallecidos, Luego hubo interpretaciones que rebajaban esa cantidad hasta menos de doscientos muertos.

Hoy se afianza el convencimiento de que en efecto hubo más de mil quinientas víctimas fatales. En cuanto a los daños edilicios, más del 80% de las edificaciones fueron destruidas por las bombas. Se había intentado borrar de la historia a la considerada cuna de las libertades vascas.

Por fortuna fue en vano. Repuesta la autonomía después de la muerte del dictador, los lehendakari volvieron a jurar allí el buen desempeño de su cargo. La práctica se mantiene hasta nuestros días. Bajo la sombra del árbol histórico.

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Guernica no fue un hito aislado. La realidad del posterior conflicto mundial reveló su carácter de precedente de hecatombes mayores. Fue un antecesor de lo que sería la generalización del bombardeo contra los civiles, cada vez más masivos, realizados por ambos bandos en la llamada segunda guerra mundial.

No hay que remitirse sólo a la barbarie nazi. Las llamadas "grandes democracias" mataron a centenares de miles de civiles alemanes en ataques aéreos efectuados durante aquel conflicto.

A casi 90 años de distancia cabe la evocación de aquel 26 de abril de 1937. Por cierto que asociada a los genocidios y crímenes de guerra en gran escala a los que la humanidad ha asistido desde entonces.

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