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Estado español :: 03/04/2005

Ha muerto el compañero Antonio Téllez Solá

La Haine
Téllez, el hombre que nos enseñó que algunos nunca claudicaron. Uno de los hombres más destacados de entre la generación de alevines que hizo la guerra junto al movimiento libertario.

Téllez ha fallecido en Perpignan, la localidad limítrofe francesa en donde

radicó desde su forzado exilio en el país vecino, y que tanto sabe de

intentos y proyectos de aquellos anarquistas para derribar a Franco y

acabar con su régimen de opresión. Antonio Téllez, junto a personas como

Octavio Alberola, Pons Prades y otros, constituyen esa saga-legado de

resistentes libertarios que nos enseñaron en la practica y en sus

investigaciones que hubo gente que nunca claudicó. Y que, en buena medida,

gracias a su esforzado, silencioso y a menudo expuesto trabajo de zapa

contra la dictadura hoy podemos hablar con más propiedad de recuperación

de la memoria histórica. Ellos nos mostraron el camino.

Antonio Téllez Solá había nacido en 1921 en Tarragona y tenía apenas 16

años cuando se involucró en la lucha contra el fascismo. Enrolado en el

Ejército Republicano, combatió en diferentes frentes de guerra hasta

febrero de 1939, en que junto a otros miles de luchadores antifranquistas

se vio obligado a cruzar la frontera francesa. Con sólo 18 años, en el

vigor de una juventud forjada en el ejemplo del esfuerzo y la abnegación

visto en los campos de batalla, sufrió la política aplicada por las

autoridades galas sobre los vencidos, yendo a parar a uno de los muchos

campos de concentración abiertos para "acoger" al pueblo que durante tres

años había tenido en jaque al nazifascismo.

Ya en suelo francés, y ante el inminente avance de las tropas aliadas, se

incorporó con otros notorios miembros del Movimiento Libertario, como

Cipriano Mera o Juanel, a la resistencia, asistiendo a la liberación de

Rodez. En octubre de 1944, tras verificarse el gran revés de las

divisiones alemanas en la campaña de Rusia, Téllez participa en la

incursión guerrillera realizada por el Valle de Arán, una de las primeras

acciones del maquis republicano contra el régimen de Franco, que señalaría

el camino para posteriores acciones de guerrillas y golpes de mano en el

interior.

Consolidado el franquismo gracias a la ayuda de las "democracias

occidentales" que pusieron precio al olvido de su asistencia al régimen

nazi, Antonio Téllez, como un Herodoto del maquis español, dedicó gran

parte de su tiempo y de sus energías a rescatar del cerril olvido la vida

y los afanes de aquellos hombres que, con todo ya perdido tras la victoria

del nacionalcatolicismo, nunca se dieron por vencidos ni se resignaron.

Así, mientras se ganaba el sustento trabajando como periodista en la

agencia France Presse, en el temprano 1954 comenzó a escribir sus luego

famosos relatos sobre la guerrilla urbana y la epopeya de figuras amigas

como Quico Sabaté, Facerías o Ponzán, aparte de animar, ayudar y fomentar

cualquiera idea potable para desenmascarar al criminal régimen.

Sus primeras obras encontraron la ayuda inestimable de la Editorial Ruedo

Ibérico, cuando José Martínez, antiguo militante como el joven Téllez de

las Juventudes Libertarias, oficiaba como máximo responsable de sus

colecciones imponiéndose sobre otras opciones más sesgadas hacia el

marxismo. Allí publicó en 1973 su libro "La guerrilla urbana.1: Facerías",

al que siguieron, ya con diferentes sellos, "Sabaté. Guerrilla Urbana en

España (1945-1960)", "La red de evasión del grupo Ponzán. Anarquistas en

la guerra secreta contra el franquismo y el nazismo (1936-1944)",

"Historia de un atentado aéreo contra el general Franco", "Apuntes sobre

Antonio García Lamolla y otros andares", "El MIL y Puig Antich", y otros

muchos títulos más que fueron traducidos y editados en Francia, Grecia,

Gran Bretaña, Alemania e Italia, y que constituyeron la primera noticia de

primera mano sobre la resistencia antifranquista. Aparte, la pasión

divulgativa de Téllez y su contumaz militancia en las ideas libertarias le

llevó a colaborar con numerosas publicaciones afines como "Atalaya",

fundada por él junto a otros militantes anarcosindicalistas, "Ruta",

"Solidaridad Obrera" o la más reciente "Historia Libertaría", en donde

aportó nuevos testimonios sobre el poco conocido maquis anarquista

asturiano.

De sus textos y de su trayectoria se infieren dos obsesiones éticas, la de

la verdad histórica en proximidad y el debate sobre la legítima defensa

como estatuto de dignidad, que reflejó en el prólogo de algunos de sus

libros. Así, en el "Sabaté" hace suyas las palabras de Errico Malatesta

cuando afirma que "no es violento el que recurre al arma homicida contra

el usurpador armado que atenta a su vida, su libertad, a su pan; el

asesino es el que pone a otros en la terrible necesidad de matar o morir".

Y respecto a la memoria, escribiría a "Propósito" de "Facerias", en línea

con las palabras de Eduardo de Guzmán sobre que los vencedores no sólo lo

son por vencer sino sobre todo por escribir la historia: "La historia la

escribirán mañana especialistas que estuvieron muy lejos de los hechos y

de los hombres, darán interpretaciones y formularan juicios aplastantes.

Nosotros hablamos aquí de los protagonistas que estarán ausentes en todas las historias todavía por escribir".

Antonio Téllez Solá, un anarquista que nos enseño que algunos murieron con las botas puestas.

Rafael Cid

Fuente:

http://www.klinamen.org/

 

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