Historias cotidianas del capitalismo disfrazado de democracia (II)

El precio de la vida
En el año 2003 se celebró una cumbre europea en Evian. Afortunadamente las cumbres europeas -donde se traza el mapa global y se diseña la riqueza/pobreza mundial- tienen contra-cumbres. Dos activistas italianos, que eran montañistas, se colgaron del puente de una de las autopistas por donde debían pasar múltiples jefes de estado y selectos cargos de los poderes financieros. Se colgaron de tal manera que impedían el paso de los políticos a la ciudad. La acción estaba tan bien diseñada que la única posibilidad que tenía la policía para frenar la acción era cortar las cuerdas de sujeción de la que pendían lxs activistas italianos precipitando así a los jóvenes a la cuneta. Nadie pensaba que esto último pudiera pasar pero pasó. La policía cortó la cuerda y uno de los activistas se despeñó por el río, quedándose en silla de ruedas. En junio de 2004 se celebró el juicio contra ella, la otra activista, que no sufrió consecuencias físicas pero vio como su compañero se despeñaba río abajo, dándolo por muerto. Ya se pueden imaginar el impacto psicológico que eso supuso.
A ella le piden años de cárcel y a él lo han dejado más tranquilo, por lo visto, la "justica" cree que ya ha tenido bastante.
Así se estilan las golbalizadoras democracias. Hay vidas que valen menos que otras. La de los activistas, que revindicaban los atropellos del sistema capitalista, valen muy poco. Valen menos que la espera de los jefes de Estado por entrar en una ciudad.
Esos policías siguen en activo, deben ser claros ejemplos de la ayuda ciudadana.
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Los crímenes patronales financiados por todos
En la provincia de León se postró hace tres años una empresa llamada Enervisa. Pidió subvenciones a la administración y la administración "en nombre de los puestos de trabajo" les dio 14 millones de euros y terreno para sus magnos establecimientos. La condición de la subvención era que mantuviera asegurado el puesto de toda la plantilla durante tres años. Ahora los tres años han pasado y, casualmente, Enervisa dice que tiene deudas y manda a 61 de sus 113 trabajadores a la calle. A modo de indemnización les da 3 meses del salario por año trabajado. Claro, suena bien, pero es que han estado 3 años y las cuentas salen muy por lo bajo.
La administración le dio 14 millones de euros y terrenos a Enervisa que despide así, sin más ni más, a la mitad de la plantilla. Todo esto es legal y se cumple. Claro que hay cosas legales, como los días festivos, pagar el doble las horas extras, respetar las bajas laborales. y no se cumplen. Todo depende.
Ya saben, la solución a todo esto es "participar" cada 4 años en las urnas. "Hacernos oír" en las elecciones y sólo en las elecciones. Así nos va, se legalizan los crímenes laborales subvencionados por los ayuntamientos.
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