¿Es realmente progresista votar a los socialistas canarios?

El pasado jueves día siete, con la solemnidad institucional típica en este tipo de eventos, Juan Fernando López Aguilar, secretario general del PSC-PSOE, encabezó el acto de presentación de los candidatos de las dos provincias canarias al Congreso y el Senado en las elecciones del 9 de marzo. Este acto - en el que estuvieron presentes algunas de las caras más conocidas de los socialistas en el Archipiélago- como el presidente del Cabildo grancanario José Miguel Pérez, José Segura Clavell o el descabalgado aspirante a la alcaldía de Las Palmas de G.C. Arcadio Díaz Tejera- estuvo marcado una vez más por ese tono tan tan propio de López Aguilar, que siempre parece estar anunciando el advenimiento de la luz en el país de los invidentes. Desde su forzado aterrizaje en la política autonómica, el ex ministro de Justicia se ha postulado como el candidato del cambio y de la "regeneración democrática”, intentando demostrar este supuesto impulso "regeneracionista" con un estilo más agresivo que el que había caracterizado hasta el momento al PSC y que ha servido, de paso, para ocultar la vacuidad de sus propuestas.
En el acto del pasado jueves no faltaron, lógicamente, las alusiones directas a los miembros del Ejecutivo canario (CC-PP), pero éstas no dejan de formar parte del recurrente circo electoral y no merecen, por tanto, mayor atención. Sí conviene mencionar, siquiera someramente, el peculiar balance hecho por los socialistas canarios de la legislatura de José Luís Rodríguez Zapatero, así como algunas de las razones por las que, en su opinión, deberíamos volver a votar por él en la inminente cita electoral. De su contraste con la realidad podrá deducirse, fácilmente, cual es la credibilidad de su discurso.
Durante su intervención, el candidato al Senado Arcadio Díaz Tejera no dudó en asegurar que "España se ha convertido en una superpotencia en políticas de igualdad e integración". Este habría sido el resultado de leyes como la de Dependencia o la que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo, aprobadas por el Gobierno Zapatero. Aunque Arcadio Díaz siempre parece estar dispuesto a llamar la atención aun a costa de resultar ridículo, en esta ocasión su desatino no hace más que reproducir la concepción acerca de las "políticas sociales" que impera en su partido. Pero no hace falta ser demasiado curioso para tropezarse de bruces con el hecho de que esta raquítica "superpotencia en integración" en la que nos ha tocado vivir es el país de la Unión Europea de los Quince (el grupo de países con un desarrollo económico similar al del estado español) que tiene un gasto social más bajo. Dedica a esos menesteres tan sólo el 19,5% de su PIB frente al 28,3% que es el promedio de la UE-15. 4186 euros por habitante - muy alejados de los 6.926 que invierten estos países como media.
Según ha destacado el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona Vicenç Navarro, este déficit, que se ha mantenido durante una fase de espectacular crecimiento económico, no puede explicarse tan solo por el socorrido argumento del "gran retraso de desarrollo social de España, consecuencia de cuarenta años de dictadura". Tras la desaparición del franquismo, en efecto, el gasto social creció de manera notable hasta el año 1993. Pero desde entonces el objetivo de la convergencia monetaria con la Unión Europea - compromiso adquirido por el gobierno del PSOE con Pedro Solbes como ministro de Economía- se alcanzó a costa de reducir este gasto drásticamente.
Esta ortodoxia neoliberal, que sacrifica el bienestar de la mayoría en aras de la "estabilidad presupuestaria", fue consecuentemente continuada por Rodrigo Rato durante el gobierno de Aznar y ahora recuperada por Solbes, bajo el mandato de Rodríguez Zapatero. Semejante planteamiento económico convierte la ley de Dependencia, vendida como el "cuarto pilar del Estado del bienestar", en una auténtica tomadura de pelo. Para satisfacer las necesidades reales del sector de la población a las que va dirigida esta ley - al igual que para garantizar el derecho a la sanidad y la educación públicas o a una vivienda digna- sería preciso un nivel de gasto social incompatible, entre otras cosas, con un regresivo sistema fiscal en el que las rebajas y exenciones benefician a las rentas más altas, empresarios y banqueros. Sistema que defienden con idéntico entusiasmo, al igual que en Canarias hacen con la RIC, PSOE y PP.
UN GOBIERNO OBEDIENTE A LAS INDICACIONES DE LOS BANQUEROS
Ignorando, quizá, unos principios básicos de redistribución de la riqueza que la socialdemocracia europea abandonó cuando él era todavía un simple estudiante, Juan Fernando López Aguilar abundó en los supuestos logros obtenidos por los socialistas en estos años; recordando también que "el pésimo Gobierno de Canarias" "administra las transferencias de capital" que vienen de Madrid, "siempre en beneficio de unos pocos, nunca en beneficio de todos". Una acusación que, siendo cierta, no deja de resultar paradójica. Para constatarlo basta con acudir a las frías estadísticas y comprobar en beneficio de quién ha gobernado José Luís Rodríguez Zapatero durante la legislatura que ahora concluye. En el 2005, por ejemplo, la gran banca española obtuvo unos beneficios excepcionales, con crecimientos que en algunos casos alcanzaron el 83% (La Caixa) y el 72% (Santander Central Hispano). En el 2006, el líder por beneficios volvió a ser el Grupo Santander, con la cifra récord para la economía española de 7.596 millones de euros; el BBVA se situó en segunda posición, con 4.736 millones de euros; y le siguió La Caixa, que duplicó resultados hasta alcanzar los 3.025 millones de euros. En este año, por primera vez, los cinco bancos más grandes superaron los 1.000 millones de euros de beneficio.
Mientras los principales bancos y cajas batían récords de ganancias, el salario medio de los españoles se depreciaba, sólo en el 2006 alrededor de un 3%, aumentando así una pérdida de poder adquisitivo que se ha agravado ahora, de manera más que preocupante para las economías domésticas, como consecuencia de la inflación que afecta a algunos de los productos de consumo más básicos. En los diez primeros meses del año que acaba de terminar, la banca volvió a incrementar sus beneficios en un 20%. Así las cosas, no es extraño que el mismísimo Emilio Botín (presidente del BSCH) elogiara la política económica del gobierno de Zapatero.
EL CHANTAJE CON EL LOBO QUE ACECHA
¿Cómo creer entonces a López Aguilar o a José Segura, cabezas de lista al Congreso por Las Palmas y Sta. Cruz de Tenerife, cuando afirman que "presentan un programa que afecta a todos los canarios por igual"? ¿Qué puede ofrecernos el PSOE, para "regenerar" la vida en las Islas y el resto del Estado, cuando su política económica beneficia a tan pocos en perjuicio de tantos? La respuesta es nada. En las filas de la socialdemocracia son conscientes de que sus posibilidades de acción se reducen a retocar levemente algunos aspectos banales de la práctica de la derecha tradicional. En realidad, los aspectos más publicitados de sus programas electorales tienen poco que ver con las políticas que, tras los comicios, se ejecutan en las instituciones. El hecho de que el equipo de López Aguilar copiara sus "125 medidas para el primer año de gobierno" en Canarias de una formación derechista catalana evidencia la escasa importancia que realmente se les atribuye.
Sin embargo, no son pocos los que, reclamándose ideológicamente de izquierdas, se contestan a la interrogante de a quién votar aludiendo al feroz lobo de la ultraderecha (el PP) que nos acecha tras la esquina. Sucumben así a un hábil y engañoso recurso, ensayado con enorme éxito en todos los países regidos por el sistema político capitalista. Laboristas y conservadores, republicanos y demócratas, Schröder y Angela Merkel… No estás de acuerdo con ninguno de ellos pero entre el policía "bueno" y el policía "malo", escoges al primero. Con esta pócima del "voto útil" para los "menos malos" no se hace más que apuntalar, aun inconscientemente, las bases de dominación de un sistema económico que sólo puede garantizar, cuando las cosas "funcionan", el crecimiento de la cuenta de beneficios de los que más tienen.
Recurrentemente, la socialdemocracia logra instrumentalizar en su provecho el miedo de los sectores mas avanzados de la población, instigándolos a participar en un juego estéril en el que las cartas están previamente marcadas. Agitando el espantajo del lobo que ronda por nuestras esquinas, lo que realmente se proponen es neutralizar las legítimas aspiraciones de transformar la realidad, en otra más justa e igualitaria, de quienes no han querido rendirse a la ideología dominante del "sálvese el que pueda". ¿Cómo conceder credibilidad a quienes nos advierten alarmados con la cercanía del lobo, cuando son ellos mismos los que esmeradamente lo alimentan con sus políticas sociales y económicas? Cuando Emilio Botín -el poderoso banquero al que el poder exonera de sus delitos- dedica sus alabanzas al PSOE, expresa algo más que su simpatía agradecida por Rodríguez Zapatero.
Y es que, en realidad, el lobo nunca ha dejado de estar entre nosotros. Cada final de mes, cuando nos vemos ahogados para pagar la hipoteca, ahí esta el lobo vigilando. Cuando esperamos meses en lista de espera para poder ser atendidos en el hospital, ¿no es el lobo quien nos acecha? Cada vez que un trabajador se ve obligado a optar por un contrato miserable de tres semanas para poder rascar unos euros, ahí esta la mirada implacable del predador que no lo pierde de vista. Cuando el niño no recibe en el colegio la atención debida porque se regatean los presupuestos para la educación, es la mirada del lobo la que amansa nuestra ira.
Cuando los jóvenes se ven impelidos a permanecer en la casa de sus padres durante casi cuatro décadas porque, en un país donde hay centenares de miles de viviendas vacías, no tienen acceso a una de ellas, es el lobo del sistema el que les impide realizar sus vidas con plenitud. Y cuando un anciano que ha dedicado toda su existencia al trabajo sólo recibe a cambio de ello una misérrima pensión, ¿no es el lobo el que se encarga de aplacar su rabia? El lobo, lo pinten como lo pinten, no es otro que el sistema económico que ahoga en infelicidad nuestra vida cotidiana. Y los socialistas no se ruborizan al reconocer que no está entre sus proyectos acabar con esa fiera.
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