El asesinato del alma del movimiento obrero, objetivo principal de la Transición
El capitalismo español y el imperialismo, chorreando sangre y lodo, cumple sus objetivos con la complicidad bien pagada del partido "socialista" y las cúpulas sindicales “mayoritarias”
En la guerra contra el fascismo y en la dictadura que la siguió fueron masacrados los cuerpos de millones de trabajadores. La brutal y sistemática represión posterior aniquiló, pueblo a pueblo, a los mejores hijos e hijas de la clase obrera. El terror, inoculado a sangre y fuego en los quedaron, debía consumar la tarea de enterrar definitivamente cualquier forma de resistencia.
No lo consiguieron. El crimen masivo no logró, ni mucho menos, acabar con la resistencia obrera. En condiciones durísimas de represión, la clase trabajadora de los pueblos del Estado español – nutrida con la memoria de quienes cayeron – logró muy pronto reconstruir sus organizaciones y erigir un poderoso movimiento obrero. El hilo rojo se reconstruyó y nuevas generaciones que no habían vivido la guerra civil se colocaron a la cabeza de las luchas obreras.







