¡Rompamos el consenso!

Ese consenso constitucional se basa en tres pilares intocables y casi indiscutibles que son, en primer lugar, la defensa del sistema capitalista y del poder de la oligarquía imperialista española; en segundo lugar, la unidad de España y la negación consecuente del derecho a la soberanía nacional de pueblos y naciones del Estado español (artículo 2 de la CE: "La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles..."); y en tercer lugar, la Monarquía como forma de gobierno del Estado español ("Monarquía parlamentaria" según el artículo 1.3 de la CE). Y conviene no olvidarse de que estos tres pilares serán defendidos, por expreso mandato constitucional, por el Ejército español, tal como se establece en el artículo 8 de la CE; y tal como dejó bien claro el propio monarca Juan Carlos I con su "curiosa" visita hace poco al acuartelamiento de Araka en Euskal Herria, vestido de verde camuflaje, acompañado del neofalangista Ministro de Defensa de ZP, José Bono, y su cariño a las Vascongadas. O como la reveladora entrevista al militar rebelde Amadeo Martínez Inglés, publicada en el diario vasco Deia, lo atestigua, ya que, en esa entrevista Martínez Inglés cuenta con pelos y señales los planes diseñados por el Ejército español para intervenir en un momento dado, y si las circunstancias lo requieren, en Euskal Herria.
Se puede decir que, tanto el ascenso electoral de Esquerra Republicana de Catalunya y la entrevista de Carod-Rovira con ETA, el Plan Ibarretxe, o declaraciones públicas de dirigentes de Izquierda Unida a favor de la República y el Estado federal, han podido contribuir a que ese consenso se debata y revise. Sin embargo, hay motivos para matizar esa afirmación, ya que, en la "opinión pública española", es decir, en los grandes medios de comunicación, a penas si se ha hablado del papel de la oligarquía española, de modelos territoriales más allá de una lectura "flexible" y "generosa" de la Constitución en este sentido, y ni mucho menos de cuestionar la Monarquía. Además, poco o nada se sabe de los compromisos y acuerdos a los que ERC puede estar llegando con el PSOE (es decir, con el partido del sector "liberal" y europeísta de la oligarquía española) y hasta dónde está dispuesta a llegar en su independentismo, o mejor dicho, hasta dónde la van a dejar llegar; del Plan Ibarretxe, y sobre todo, del PNV y de la burguesía nacional vasca a la que representa, si tenemos en cuenta su amplia trayectoria histórica de compromisos y pactos con la oligarquía española, poco o nada se puede esperar, muy a pesar de Arzalluz o Egibar, el tecnócrata de Josu Jon Imaz junto con Juan Mari Atutxa ya buscan el acuerdo, también, con el PSOE; en cuanto a IU, ya se sabe, mucho ruido y pocas nueces, como siempre, a la hora de la verdad se acobardarán, mantendrán el consenso, como su papel de "lado izquierdo" del sistema les exige. Por cierto, ya me gustaría saber qué harán el próximo 22 de mayo con motivo de la boda real tod@s aquell@s militantes de Juventudes Socialistas que acudieron a las manifestaciones contra la guerra de Irak del año pasado luciendo desafiantes banderas republicanas tricolor...
Vemos como este consenso adquiere no pocas veces forma de auténtico pacto secreto, no escrito, sellado entre políticos de diferente "color", periodistas, y grandes empresarios, en todo a lo que se refiere a la Monarquía como institución y a Juan Carlos I como Rey de España. Es este consenso el que nos impedirá por mucho tiempo conocer el verdadero papel del monarca en el golpe de Estado del 23-F de 1981, o la naturaleza de los negocios de Juan Carlos con conocidos empresarios que están en la actualidad cumpliendo condena, como Mario Conde, Javier de la Rosa, o Manuel Prado y Colón de Carvajal, aunque éste último no por mucho tiempo. Tampoco conoceremos la posible implicación de Zarzuela en los GAL. Aunque siempre podremos recurrir al valiente libro "Un Rey golpe a golpe" editado por la clausurada revista Ardi Beltza, o no hace mucho, al libro del periodista vasco Iban Gortazar "Los piratas del Prestige" editado por Kalegorria, donde se explican las conexiones del monarca con los traficantes de chapapote del Prestige.
No olvidemos ni por un momento que el consenso tiene base legal, constitucional nada menos. Basta echar un vistazo al Título II de la CE para comprobarlo. El artículo 56.3 dice: "La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad’, es decir, el Rey es impune, intocable, y por supuesto, irresponsable de sus actos. Viéndolo así, es lógico que Conde y de la Rosa paguen por fechorías de las que Juan Carlos no puede ser constitucionalmente responsable.
La opción monárquica fue la apuesta más decidida, uno de los mínimos irrenunciables que el sector más pro-norteamericano y pro-OTAN de la oligarquía imperialista española puso como condición previa para negociar el nuevo régimen tras la muerte de Franco (como así dispuso el Generalísimo), con otros sectores, entre ellos, con supuestos partidos republicanos y de izquierdas como el PSOE y el PCE, y con nacionalistas vascos y catalanes, a cambio de compartir determinadas cotas de poder, o en el caso del PCE, ser legalizado y tolerado sin más. Y es que la figura del Rey, constitucionalmente, se muestra como garante del sistema, símbolo del gran capitalismo español y de sus valores tradicionales; en especial, su figura previene contra el derecho a la soberanía nacional de los pueblos y naciones del Estado español, tal como reza el artículo 56.1 de la CE: "El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia...".
Es normal, a la luz de lo anteriormente señalado, que ante la boda que tendrá lugar el próximo 22 de mayo en Madrid entre el Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, y Letizia Ortiz, telediarios y periódicos se hayan convertido en auténticos cuentos de hadas, en antiguas novelas rosas donde triunfa el amor y el Príncipe siempre se casa con la plebeya, como es el caso. Toda una operación mediática para legitimar esta institución inútil, machista, anacrónica, profundamente antidemocrática (insisto, leer el Título II de la CE puede ser muy esclarecedor), y, encima, con la imagen algo deteriorada por su silencio cómplice durante la guerra de Irak.
Como no, también servirá para legitimar un brutal despilfarro de millones de euros, tan útiles para paliar tantísimos problemas sociales; despilfarro que pagará la clase obrera y los sectores populares de los pueblos del Estado español. Si durante las guerras de Afganistán e Irak gritábamos "no en nuestro nombre", en esta ocasión deberíamos gritar, con toda la razón, "no con nuestro dinero". Ningún gran medio de comunicación nos va a contar cuánto costará de verdad la boda real, es parte del consenso, del pacto de silencio.
Se dice que ni Llamazares ni Carod-Rovira acudirán al enlace real, tampoco ningún representante de BNG, PNV, EA o la Chunta; si acaso harán alguna declaración, en voz baja y dentro de ciertos límites, claro está, para que las bases de sus partidos no se sientan demasiado defraudadas con sus líderes, pero el día 22 callarán, por la cuenta que les trae, y tendrán mucho cuidado en no pasarse de la raya, ¿quién quiere ganarse una ilegalización?, ¿quién quiere una acusación por injurias?, ¿para qué montar espectáculos como el que montaron los de Herri Batasuna en la visita real a la Casa de Juntas de Gernika en 1981 o en otras visitas reales a Euskal Herria? Lo dicho: republicanos, nacionalistas o de izquierdas, pero escrupulosamente respetuosos con la Corona, ¿quién quiere sacar de quicio a la oligarquía y al Ejército?
Ante ello, Andalucía, como nación históricamente formada y como nación oprimida, por dignidad, ha de gritarlo bien fuerte y claro:¡El pueblo andaluz no es vasallo de nadie! Andalucía no tiene que ser súbdita de nadie, y menos de un Rey inútil, sino libre y soberana, sí, libre, entre otros, de parásito aristócratas terratenientes como la patética Duquesa de Alba o los Duques del Infantado.
El pueblo andaluz si quiere ser libre y soberano ha de recuperar su larga y rica tradición de lucha democrática, antifascista, y republicana, y proyectarla a la lucha de hoy para conquistar su futuro; recordando la memoria de todos aquellos luchadores anarquistas, comunistas, y republicanos que dieron su vida por la libertad en la Guerra Civil, y por supuesto, honrando la memoria de la conciencia andaluza que Blas Infante despertara, y que le costó su fusilamiento por los fascistas españoles en agosto de 1936, una conciencia nacional andaluza democrática, popular y no excluyente.
En este momento sería bueno recordar y denunciar la actitud de pleitesía que algunos desde un supuesto andalucismo han rendido a la Corona española, ya sea Rojas Marcos del PA, durante la boda de la Infanta Elena en Sevilla, o Pedro Pacheco del PSA, en las sucesivas visitas de los monarcas a Jerez. Tampoco hay que olvidarse de la Alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, de Izquierda Unida, que acudirá a Madrid el 22 de mayo a doblar el espinazo como le corresponde a una buena y leal vasalla.
Andalucía, con su clase obrera, los sectores populares y teniendo muy presente a l@s inmigrantes que viven y trabajan en esta tierra, ha de abrir los ojos; si queremos ser libres hay que romper, con todas las consecuencias, con el consenso de 1978, del que salió el actual Estatuto de Autonomía; el Estatuto que niega nuestra soberanía, que ha fracasado estrepitosamente en dignificar las señas de identidad andaluzas, que no ha aportado soluciones a nuestros problemas de fondo, que no ha sido la herramienta de la clase obrera y los sectores populares, como se dijo en su momento, ni ha logrado una auténtica reforma agraria en beneficio de l@s joranler@s y los pequeños propietarios. La reforma estatutaria proyectada por el Presidente de la Junta, Manuel Cháves, y su grupo de tecnócratas amantes del capitalismo finlandés tipo Nokia, también emanará del consenso de 1978: cambiar para que todo siga igual. Pero, todavía más importante, el pueblo andaluz ha de dar un no rotundo y claro al nuevo consenso que se está formando: el consenso imperialista europeo hecho ley en la Constitución europea. Negarse a ella rotundamente es vital para Andalucía, sus derechos nacionales y sus trabajadores-as; que la reforma comunitaria del aceite, tabaco y algodón, el desmantelamiento del sector pesquero andaluz, o el peligro cierto que se cierne sobre los astilleros públicos ubicados en Andalucía nos sirva de una vez para despertar, y no dormirse en fantasiosas bodas reales con su pan y circo. Andalucía, y todos los pueblos sin estado y l@s trabajadores-as del continente europeo se la juegan.
Manolo Corrales (Andalucía)
Fuente: La Haine







