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12/11/2020 :: Estado español

Irracionalidad y desinformación, el caldo de cultivo perfecto para el fascismo

x Izquierda Castellana
El 5 de noviembre se publicaba en el BOE la orden en la que se refleja el procedimiento de actuación contra la “desinformación” aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional.

 El jueves 5 de noviembre se publicaba en el BOE la “Orden PCM/1030/2020 de 30 de octubre” en la que se refleja el procedimiento de actuación contra la “desinformación” aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional. Cabe recordar que el citado organismo se caracteriza precisamente por emitir informaciones de bajísima calidad, cuando no contrarias a la realidad misma; ponemos como ejemplo el emitido el 4 de marzo, solo diez días de que se decretase el Estado de Alarma sobre la pandemia, y del cuál se hace eco el diario El País el 10 de junio del presente año:

“En la fecha en que se aprobó el informe, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya había declarado la alerta internacional, el coronavirus había saltado de China a Europa, Italia cerró los colegios de todo el país y se habían registrado los primeros casos en España. Sin embargo, el documento no incluye el riesgo de sufrir una pandemia entre los más probables (que son, por este orden, la vulnerabilidad del ciberespacio, el espionaje, la inestabilidad económica y financiera, los flujos migratorios irregulares y los efectos del cambio climático) y tampoco entre los más peligrosos (ciberespacio, emergencias y catástrofes, proliferación de armas de destrucción masiva, espionaje y amenazas a las infraestructuras críticas).

En una escala en la que 1 es muy improbable y 5 muy probable, el riesgo de pandemia se puntúa con un 2,7 (el segundo más improbable); y en la escala de peligrosidad, de mínima a catastrófica, con un 3,4 (el sexto con menor impacto negativo).

La escasa conciencia sobre el peligro que representaba un virus que ya estaba circulando por España se explica porque el grueso del documento se había elaborado meses antes y el Consejo de Seguridad Nacional del 4 de marzo se limitó a ratificarlo. Se trató de una reunión solemne presidida por el Rey a la que asistieron, además del presidente Pedro Sánchez, los cuatro vicepresidentes y nueve ministros, además de numerosos secretarios de Estado. Aun así, ese texto deja en evidencia la incapacidad de la maquinaria burocrática del Estado para reaccionar con flexibilidad ante una situación nueva y la limitada capacidad de prospectiva de los expertos”.

Esta “Orden contra la desinformación” es todo un indicador del sabotaje organizado que va implementando este “Gobierno de progreso” contra la verdad de las cosas, contra la realidad. No les preocupa la desinformación, lo que realmente les preocupa es que su desinformación sistemática, interesada y planificada, en la medida de sus posibilidades, sea cuestionada; y por tanto, que ese proceso de embrutecimiento e idiotización social al que se dedican con esmero -única forma de mantenerse en el poder- se vea frustrado. A pesar de ello cada vez hay sectores más amplios de la sociedad que adoptan una posición crítica, de rechazo y confrontación contra la “desinformación oficial”, que es, por supuesto, la más peligrosa de todas.

¿Cómo un Gobierno que no ha hecho más que mentir y desinformar de manera sistemática en los asuntos que tienen una cierta importancia se atreve a poner en marcha un “plan contra la desinformación”? Plan, por otra parte, de un carácter tan difuso que simplemente se convierte en una amenaza global al ejercicio de la libertad de expresión y que no tiene nada que envidiar a la Santa Inquisición.

Justifican esa nueva normativa de censura y represión en base a que actualmente hay una tecnología que permite impulsar esas desinformaciones de forma masiva (bien lo saben ellos, que lo hacen cotidianamente). Tras la invención de la imprenta, el poder constituido tuvo similares ocurrencias: controlar y cerrar talleres, todo ello acompañado de una hiperactividad de los inquisidores.

Sobre la lucha por el poder entre las dos fracciones del imperialismo capitalista y sobre la irracionalidad del fascismo

Hoy el capitalismo imperialista a nivel internacional sufre una profunda división, tal como la padecía a principios del siglo XX; esa división condujo a la I Guerra Mundial. Ninguno de los dos bandos en aquel entonces era positivo desde la perspectiva de las clases populares; ello llevó al Partido Bolchevique encabezado por Lenin a la política de oposición a la guerra con la denuncia de ambos bandos y por la paz. Frente a la guerra, revolución social.

En las pasadas elecciones en EEUU hemos asistido, y seguiremos asistiendo, a una confrontación brutal entre las dos fracciones principales del imperialismo capitalista. Al pueblo trabajador nada se le pierde en esas “batallas”. Gane quien gane finalmente, tenemos aseguradas nuevas vueltas de tuerca en la dominación imperialista, incluyendo las guerras como última ratio de la dominación imperial. Desde el “Gobierno de Progreso” ya nos anuncian que hay que reforzar los vínculos transatlánticos, pero no se refieren a los vínculos con Latinoamérica. No, se refieren a los vínculos con los EEUU, de nuevo en la senda del imperialismo globalista, o al menos eso esperan.

Este Gobierno está expresando de forma evidente cada día que pasa su carácter descaradamente reaccionario, aunque aún se sigan envolviendo -es verdad que cada vez menos- en un envoltorio progresista. El mayor riesgo del avance de la fascistización en el Estado español está precisamente en este Gobierno. El fascismo no es una liturgia, un formato cavernícola, en el que obviamente va por delante Vox; el fascismo auténticamente peligroso es el que impulsa el pensamiento mágico destruyendo las bases del pensamiento racional, de la metodología que nos permite la verificación de la verdad de las cosas. El que sustituye, en síntesis, la racionalidad por la irracionalidad y por el idealismo al servicio de la reacción. Las batallas ideológicas de este Gobierno a favor del movimiento queer, de los vientres de alquiler o de la legalización de la prostitución constituyen tres ejemplos precisos de lo que decimos.

Izquierda Castellana, 10 de noviembre de 2020.

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