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01/08/2020 :: Estado español

¡Trapalleiros!

x Izquierda Castellana
Nuestra gobernanza, por aquel entonces, decía que de llegar la Covid-19 sería con un mínimo impacto. Se puede ser más estúpido, pero no es fácil.

Recurrimos a este término porque nos parece de una tremenda precisión para definir la práctica no sólo del actual Gobierno, sino del conjunto del Régimen. Trapalleiro es una palabra empleada en gallego y portugués para referirse a los mentirosos, charlatanes, embusteros y contadores de historias fantasiosas que solo ellos se creen.

El Gobierno y el conjunto del Régimen están cada día más disociados de la realidad y por tanto con un mayor grado de incompetencia para aportar soluciones a los problemas que afectan a la mayoría de la sociedad. Cada día que pasa es más evidente que su principal y casi única preocupación es mantener sus privilegios aún a costa de la intensificación de la precarización de la mayoría. Tampoco van a conseguir ese objetivo. Es evidente que sufrimos una muy profunda crisis global en lo económico, social, sanitaria, ambiental y militar. Algunos datos: la subida del paro en la eurozona ha alcanzado ya más de 15 millones de trabajadores y trabajadoras. En España el paro alcanza ya el 15,6%, sin tener en cuenta los ERTEs, y entre los jóvenes el 40,8%, más del doble de la media de la UE, que es del 16,8%. La caída del PIB en el segundo trimestre de 2020 ha sido de 18,5%, que sumado a la caída del primer trimestre (5,2%) nos sitúa en una caída del 22,8% en el primer semestre del 2020. Esto equivale a 300.000 millones de euros, más del doble de las teóricas aportaciones en forma de préstamos de la UE.

Estamos en una brutal recesión, comparable a la que provocó la guerra entre el año 1936 y 1939. El gasto de los hogares ha caído un 21,2%, las exportaciones un 33,5% y las importaciones un 28,8%. Solo la agricultura ha crecido un 4,4%, y la banca, cómo no, un 3,4%. La industria ha caído un 18,5%; la construcción un 24,1%; los servicios un 19,1% y la hostelería un 40,4%. En cuanto a las cifras de la pandemia a nivel global a día de hoy, 31 de julio, hay 17.308.434 afectad@s y 673.431 fallecid@s. El Estado español ocupa el puesto 11º entre todos los estados del mundo en cuanto al número de afectad@s y el 8º en cuanto al número de fallecidos, pese a que ocupamos el puesto 30 en cuanto a población.

La gobernanza en una situación como esta no es tarea sencilla, pero hay unos mínimos que cualquier gobierno, y más si se considera progresista, ha de cumplir. El primero es comprender la realidad para poder operar sobre ella, no hacer interpretaciones “fantásticas” que sólo conducen a poner en marcha alternativas “fantasiosas”, que no sólo no sirven para afrontar con eficacia los problemas, sino que los agudizan. En segundo lugar es imprescindible tratar a la ciudadanía con respeto y trasladar información veraz sobre los acontecimientos.

Ciertamente pedir estas cuestiones elementales a un Gobierno del Régimen del 78 y por supuesto a sus medios de manipulación es cómo “pedir peras al olmo”, porque este Régimen no ha hecho otra cosa desde su constitución que engañar a la población, empezando por el propio proceso que llevó a su instauración y los tejemanejes de su Jefe de Estado Juan Carlos I, al que nos “vendían” como el campeón de la democracia y el buen hacer, hasta hace cuatro días, en el que las evidencias no han permitido mantener esa burla.

El tratamiento mediático de la manifestación del pasado 25 de julio en Madrid bajo el lema “Contra la monarquía corrupta y su sistema de miseria, república popular” es un buen ejemplo de cómo funcionan los “medios” en el Estado español. Hasta el momento en que tuvieron conocimiento de que siete u ocho cadenas de TV internacionales, entre ellas las más importantes, iban a cubrir el evento, lo ignoraron totalmente en la vieja táctica de la avestruz, tan habitual en nuestra nomenclatura político-mediática.

En enero de este año publicábamos nuestro primer editorial sobre la Covid-19, anunciando, no por tener ninguna “bola mágica”, sino por el estudio de las informaciones que aportaba cada día la Comisión Nacional de Salud China y las más importantes revistas científicas médicas internacionales, que esa epidemia emergente iba a ser un problema de salud a nivel global importantísimo, pero muy especialmente para el Estado español. Nuestra gobernanza, por aquel entonces, decía que de llegar la Covid-19 sería con un mínimo impacto. Se puede ser más estúpido, pero no es fácil.

Ahora siguen mareando la perdiz, en un impresentable debate partidista, aunque obviando la evolución profunda de las cosas, lo cual impide que las medidas tengan un mínimo grado de eficiencia.

La Covid-19, y sentimos mucho tener que decirlo, va a estar en nuestra sociedad al menos dos o tres años; esta consideración no es fruto de un juego de adivinanzas sino que parte de la reflexión mínimamente rigurosa de los datos que nos aporta la evolución de esta en estos seis meses transcurridos.

Esas ideas que transmiten de que en poco tiempo y a más tardar con la consecución de una vacuna se va a terminar el problema, es simplemente una tremenda y peligrosa mentira. Las vacunas, que no estarán disponibles hasta al menos dentro de 6 meses, ayudarán a resolver el problema, pero obviamente no van a ser una varita mágica.

La sociedad tiene que prepararse para un proceso de dos o tres años, al menos, de lucha contra la pandemia y paralelamente de superación de la crisis socio-económica en la que está enmarcada, y eso pasa inevitablemente por cambiar el modelo político y el modelo económico en el Estado español. Sobre el modelo político y la necesidad de su cambio parece innecesario aportar más argumentos, es ya muy claro. Sobre el modelo económico, la realidad, desgraciadamente, se está imponiendo de forma rápida. Un modelo económico que tiene como pilar fundamental al sector terciario, y muy especialmente dentro de este al turismo de masas y al ocio, es incompatible con una planificación eficaz para el control de una pandemia como la de la Covid-19 o cualquier otra.

Cuanto antes la sociedad sea consciente de esto, antes nos podremos poner manos a la obra en la construcción de un nuevo modelo político democrático y participativo; y un modelo económico basado en nuestra soberanía, en reforzar los lazos con el espacio de varios cientos de millones de personas con las que compartimos lengua y cultura; y que sirva estratégicamente a la mayoría social de nuestros Pueblos; y que en esa medida garantice nuestra supervivencia como entidad política, social y cultural.

No será un proceso sencillo ni exento de dificultades, pero es el único camino posible hacia la construcción de un futuro de dignidad y progreso. Mantenerse en la inercia actual es simplemente dar por bueno un suicidio colectivo.

31 de julio de 2020

Izquierda Castellana

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