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Estado español :: 01/10/2004

Jokin

Txolo
Seguro que habéis leído la noticia. Un chaval de 14 años de Hondarribia se ha suicidado porque no podía soportar el acoso al que le sometían sus compañeros del Instituto.

Me imagino la situación, porque a lo largo de los tiempos y a lo ancho del mundo se ha repetido en todas las escuelas del mundo. Chaval diferente a los demás, objeto de las bromas de los más chungos de clase.

Pero, aunque sea una situación que todos hemos vivido y que han vivido nuestros padres y madres, abuelos y abuelas y todos nuestros ancestros, me preocupa enormemente que unos chicos de 14 años puteen a otro hasta que este se quite la vida. Puede que parezca un tema secundario, con los grandes conflictos que nos rodean en este Estado cabrón en el que nos ha tocado vivir. Ahora bien, el meollo de la cuestión y que si debería preocuparnos políticamente a todos es ¿qué valores están recibiendo hoy por hoy los niños y jóvenes, capaces de provocar el suicidio de otro a base de hacerle la vida imposible?.

Porque es una cuestión de valores y de educación desde un primer momento. A muchas personas se les llenará la boca de izquierda, pero luego ¿marca esta condición de izquierda nuestras actuaciones en todos los aspectos?.

A los chavales de hoy en día, se les transmiten unos valores de competición altísimo, de superioridad, de humillar, si es preciso, al contrario. Se es mejor por ser más guapo, más popular, más "malote". El que va con más tías, hace más gracietas, viste mejores marcas. Objetivo en la vida: Salir en Gran Hermano, liarse con Rociíto o Yola Berrocal, vivir de la prensa rosa, o ser jefazo, tener mil esclavos asalariados, jugar en primera y coleccionar Ferraris. Tenemos, por tanto, que no se promueven inquietudes, solidaridad, compañerismo, respeto, aceptación... No sólo eso, sino que al chaval que quizá tiene alguno de estos valores, se le ridiculiza hasta el infinito. Y de paso, uno se hace más "popular" a costa de joder al otro. En las escuelas, incluso, se tiene cierta dejadez hacia estos comportamientos y se preocupan más en fabricar empleados del futuro antes que enseñar a los chavales y chavalas a ser buena gente.

Seguro que sí echamos un vistazo a nuestro pasado, todos hemos visto o vivido situaciones de este tipo. ¿Quién era objeto de chascarrillos en el colegio?. El chaval gordito, la chica con orejas grandes, el que le gustaba leer en vez de jugar al ordenador, el despistado, el que ni es como "mola" ser ni hace lo que "mola" hacer. Y , en general, por miedo, el resto de chavales callan, no sea que vayan a recibir también ellos.

Estos chicos de Hondarribia que han puteado hasta un trágico desenlace a un compañero de clase, a parte de ser verdugos, son víctimas, hoy por hoy, de la educación que han recibido. Es más que posible que nadie les haya enseñado a ayudar y respetar al otro, sino todo lo contrario, suele ocurrir que suelen potenciar estas actitudes, "mi chico es el más fuerte del colegio", "mi chico es el más ligón", "el que mejor juega al fútbol". Padres energúmenos que ven como un juego tener un hijo al que le enseñan lo peor de la vida. Claro que no es fácil educar a un hijo, pero hay mucha gente que en vez de un niño tiene un juguete de usar y tirar.

Posiblemente, estos chavales de Hondarribia vayan a tener un peso encima muy difícil de quitarse en toda su vida. Un peso que no será ni la mitad del que vayan a tener los padres y familiares de Jokin, pero que seguramente les haya hecho madurar de golpe. Seguramente, si a estos chavales se les hubiese educado sobre una base de solidaridad , no se hubiesen dedicado a martirizar a su compañero "raro" ni a otros muchos a los que hayan jodido a base de bien.

A raíz de este suceso, he reflexionado mucho y creo que deberíamos reflexionar sobre estas cosas. Tenemos un mundo que cambiar, queremos un mundo solidario y mucho mejor... deberíamos empezar por enseñar, desde que nacen, a nuestros niños y niñas, unos valores mucho mejores de los que hasta ahora están recibiendo.


Fuente: La Haine

 

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