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Pensamiento :: 14/09/2005

Katrina y la lógica que aplasta: ¡si no hay manos no hay galletas!

Abuelo
Dos semanas después del evento, las cifras seguían bailando. No sé por qué nunca se ponen de acuerdo: 300 según la administración, alguno más según las fuerzas de seguridad y decenas de miles según los manifestantes

Como siempre. Sólo que esta vez no se trataba de una manifestación, sino de una masacre. "Un suicidio colectivo". Imagino a los economistas ilustres reflexionando: pudiendo elegir ser ricos y huir en su todoterreno, eran pobres como las ratas que ahora se los comen por los pies. Y drogadictos y delincuentes y saqueadores y ateos. Seguro que no rezaron cuando su presidente se lo indicó. Qué tontos.

Una cantidad incontable de cuerpos hinchados que aparecían a medida que el agua bajaba de nivel por debajo del mar. Una manifestación de cadáveres dispuesta a ponernos ante las narices el verdadero "de-qué-va-esto". Una manifestación de la miseria moral de un estado policial hipertrofiado y de la miseria material de una sociedad fetiche y autómata, ahogada en la sobreabundancia. La hilarante escena de "Southpark", ésa en la que la policía asesina a decenas de personas para evitar un suicidio colectivo que no se iba a producir, queda ridícula ante una realidad en la que montones de familias McCormick de Nueva Orleáns (la esperanza de vida al nacer en muchos lugares de USA es menor que en Bangladesh) mueren en un solo día en lugar de ir cayendo como moscas durante meses, a modo de inevitable, cotidiano e insignificante daño colateral.

En realidad, es sólo cuestión de tiempo. Si no los mató la falta de recursos para escapar del agua, los mató la privatización de la salud, de la educación, o los matarán sus propias armas, o su miedo, o la cárcel: dos millones de presos en el país de la libertad. Seguro que con unos cuantos millones de chusma más entre rejas aún podría distribuirse mejor la cifra de muertos necesaria para un desarrollo capitalista "óptimo". ¿Verdad, doña Bárbara? A la anciana mamá del impedido que veranea en Crawford se le "escapó" el otro día que los muertos por Katrina eran "una panda de indigentes". Se le escapó como horas después de la catástrofe se le escapaba a su hijito que los ciudadanos norteamericanos iban a tener que abrir "sus corazones y sus carteras". Se escapó la condición humana de un sistema putrefacto. Se dejó ver el plumero de la peor indignidad. Países del mundo haciendo donaciones equivalentes al gasto militar yanqui en un solo día en el Iraq despedazado. La muerte está en el aire que "neolibremente" respiran. La muerte está en las promesas que "neoliberalmente" tragamos.

Mucho cuidadito: nosotros, la Europa de las multinacionales, no vamos en otra dirección que esa. Halliburton aumenta ganancias multifacéticas en Mississipi o en Asia como La Caixa aumenta beneficios en Asia y Latinoamérica. El gran Manuel Pizarro se enfada porque alguien sospeche de tan oportunas compras (50.000 acciones de su propia empresa tres días antes del "ataque petrogasesoso") y defenderá "su honor" pagando pantomimas de justicia con las virutas de su fortuna. Repsol se come Endesa. El Demoño engulle a Belcebús (pronunciaciones del genio Faemino). Nuestros propios imbéciles de la patria discuten que si CajaMadrid o que si el tripartito. No quieren ver más allá de las fronteras del reino porque los asesinados no existen si caen lo bastante lejos. Si el lector no entiende esto último, que lea más y mejor: el capital español ya asesina por el mundo como nación avanzada que somos, y no es una metáfora. Esto de defender la democracia por ahí tiene su guasa. Si aquél es el "tío Sam", nosotros ya somos el "tío Pepe", terroristas del mundo todos.

La propiedad es semilla de la impunidad y condición de la violencia.

Aunque parezca mentira, no me he ido por las ramas. Todo tiene todo que ver. La frase que lo resume es la que titula estas líneas: "si no hay manos, no hay galletas". Además, a veces, cuando hay manos hay grilletes. Y cuando hay palabras, una poderosa bala en la cabeza las responde. O un despido libre que empuja a la indigencia. O una riada que se lleva por delante lo que sobra. Que nadie se preocupe: lo "importante" sí será reconstruido. Quedará más bonito aún, y moderno. Y será fruto del sudor en la frente y los callos en las manos de quienes seguirán trabajando para la gula de otros pocos y a merced de las riadas, por supuesto. A ellos (nosotros) corresponde identificar el culpable e interrumpir de una puta vez esta caída libre absurda e indigna.

Por suerte, sobran ejemplos a seguir y mejorar. Para que los callos en las manos sirvan de algo más. Para reconocernos como humanos. Pero no miréis a Europa. No miréis al Norte. Mirad a los lugares donde quien lucha lo hace porque un día digirió la verdadera sinrazón y decidió jugársela, después de gritar un legítimo "basta ya", y puso su vida a disposición de un proyecto de vida. Mirad a los ojos de los indios, a las fábricas que resucitan, a miles de metros de altura, a la selva viva, a la isla que nunca sucumbe a los huracanes, a las revoluciones que aprenden a leer, a los niños que aprenden a morir. Mirad a todo lo que nuestras empresas denuncien, nuestros presidentes denigren y nuestros periódicos desprecien. Ahí encontraréis justicia y humanidad.

Una cosa queda clara: Bush no ha matado a nadie. Pizarro tampoco. Ni Cortina. Ni siquiera Dick o Condoleeza. Ni Peta Zeta apoyando genocidios en Colombia. Ni todos juntos tolerando genocidios en Palestina. Ni etcétera y etcétera. No les hace falta. El poder tiene "proyectos paralelos" en cada esquina.

Los peores asesinos nunca han matado a nadie.

 

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