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19/08/2020 :: Estado español

La brunete mediática a la ofensiva.

x Aday Quesada / Canarias Semanal
Decenas de ex-altos cargos del PP-PSOE sacan una proclama en defensa de "Borbón ausente"

 La derecha política y económica, que participó en la construcción y consolidación de llamado "Régimen del 78", heredero de la dictadura franquista, lejos de estar muerta, parece dispuesta a defender con uñas y dientes la continuidad de la máquina de Estado corrupta que con tanto esmero ellos mismos se encargaron de modelar a su imagen y semejanza durante las últimas cuatro décadas.

 En efecto, a principios de esta semana la Agencia de Prensa española Europa Press dio a conocer un documento-manifiesto suscrito por más de setenta exministros, expresidentes autonómicos, embajadores y otros antiguos altos cargos, de abierto y expreso apoyo al todavía rey - aunque ya solo "emérito"- Juan Carlos I de Borbón.

 En el Manifiesto borbonico, cuya primera rúbrica es la el ex vicepresidente del gobierno de Felipe González, Alfonso Guerra, aparecen igualmente las firmas de personajes tales como los ex ministros del PSOE Celestino Corbacho, Matilde Fernández y Cristina Alberdi. O de ex presidentes autonómicos, también del PSOE, como Rodríguez de la Borbolla (Andalucía) y Carlos Rodríguez Ibarra.

 Pero como no puede haber uno sin otro, al Manifiesto borbónico no podían dejar de sumarse los univitelinos del PSOE, o sea, el PP. Reconocidos personajes de la derecha y extrema derecha del PP, como Jaime Mayor Oreja, Josep Piqué, Ignacio Wert, Ana Pastor, Esperanza Aguirre Luisa Fernanda Rudi... dieron a conocer, igualmente, su indeclinable lealtad a a favor de quien fuera, en parte, coartífice de sus brillantes y suculentas carreras y biografías politicas.

En el listado de los eternamente agradecidos tampoco faltaron personajes tan escabrosos como Rodolfo Martín Villa, ex ministro del interior, hoy en busca y captura por la justicia argentina por los delitos de sangre que se le adjudican, cometidos durante la "transición".

 El Manifiesto borbónico comienza confesando estar abierto al apoyo de los españoles de todo origen, ideología o condición social.

 En el Manifiesto, los firmantes aseguran que el legado de Juan Carlos I está constituido por el peso de "40 años de democracia, la "etapa histórica más fructífera que ha conocido España en la época contemporánea".

 Los suscribientes, todos ellos personajes altamente comprometidos con el Régimen del 78, en cuyo marco desempeñaron funciones económicas, politicas y profesionales, aseguran que "las numerosas informaciones que aparecen estos días sobre determinadas actividades del Rey Juan Carlos I han excitado una proliferación de condenas sin el debido respeto a la presunción de inocencia".

 No deja de resultar paradójico que sean justamente quienes durante décadas defendieron a sangre y fuego la "inviolabilidad" jurídica del monarca, facilitando así que este pudiera protagonizar impunemente las fechorías de las que se le acusan, alegen ahora que:

 "si sus acciones pudieran ser merecedoras de reprobación lo decidirán los tribunales de justicia, pero nunca se podrá borrar la labor del Rey Juan Carlos en beneficio de la democracia y de la Nación, so pena de una ingratitud social". 

Intentando salvarse a sí mismos, a su historia y a sus privilegios, los firmantes llegan asegurar en el documento que:

  "la Monarquía parlamentaria, así como el conjunto de la Constitución de 1978, han propiciado una España moderna, con un sistema político, económico y social avanzado fraguado en la libertad, en la justicia y en la solidaridad".

 Como no podía ser de otra manera, -entre col y col, lechuga- los rubricantes no pueden evitar eludir la verdadera intención que esconde el Manifiesto: salvar el sistema monárquico impuesto por la oligarquía española después de la desaparición del dictador, que hoy aparece gravemente cuarteada  por el propio comportamiento manirroto y corrupto de quien fue su titular. El rey, - dicen- como jefe del Estado es símbolo de la unidad y permanencia de la patria", pues tienen la osadía de aseverar que: 

  "A lo largo de sus años de reinado y en desempeño de sus funciones constitucionales Juan Carlos I ha sido invariablemente fiel a sus propósitos democratizadores y a las responsabilidades derivadas del marco institucional".

 Y como inaudito botón de muestra, los firmantes del Manifiesto borbónico  tienen la osadía de poner como ejemplo de ello nada menos que su comportamiento durante el golpe de Estado del 23 F

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