La obra de Carlos Tablada en torno al Che: Un libro perdurable repleto de desafíos

Promover un libro casi siempre se asocia con el dominio del tema que este desarrolla. De modo lineal, atreverse a sugerir una lectura se debe sustentar en el convencimiento de su calidad, de los valores que suscitan la polémica, fortalecen el talento o, simplemente, ofrecen nueva información. Es un acto de magisterio, de instrucción. En esta oportunidad es al contrario. No les propongo la lectura de El pensamiento económico de Ernesto Che Guevara, del cubano Carlos Tablada, con la certeza de la sabiduría, sino con la perplejidad de un libro majestuoso, repleto de desafíos. Confieso que podré compartir con los lectores lo desconcertante de una obra incapaz de pasar inadvertida y que supera de tal forma la mera lectura que trasciende el dominio para infiltrarse en la propuesta. Como todos los libros perdurables, ganan varias lecturas: ojalá en las próximas pueda ser de más ayuda.
Todo el que ha conocido el libro coincide en que parte de su labor precursora fue llenar el vacío que, a pesar de haber sido pródigamente publicado y laureado con el Premio Casa de las Américas, perdura alrededor del Che como pensador marxista. En él encontramos a un Che analítico, alejado de estrategias militares, pero sumergido en la lógica reflexiva de la economía política y la filosofía. Mirándolo así, el pensamiento económico del Che es otra de sus trincheras, en pos de una sociedad mejor, empeñada en extirparse años de atraso y sumisión.
Carlos Tablada no pone a nuestra consideración una obra fácil y muchos menos complaciente. La polémica es asumida por su autor, como lo hizo su protagonista. La investigación que dio lugar a este volumen comenzó en 1969, a escasos dos años de la caída del Che en Bolivia, por el entonces profesor de Pensamiento Marxista del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana que decidió estudiar sistemáticamente el pensamiento marxista del Che. Plagada de avatares, la pesquisa se extendió por años en que el autor tuvo que integrar la gerencia empresarial, en momentos en que se implantaba el Sistema de Planificación y Dirección de la Economía (SPDE) que acercaba a la economía cubana al modelo soviético, basado en el cálculo económico, y al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME).
Si algo demuestra el libro de Tablada son las razones que tuvo Che para oponerse a este modelo y crear el Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF), por el cual se rigieron las empresas cubanas en los primeros años de Revolución, con muchos más aciertos que desatinos, según la opinión de reconocidos especialistas. Para nadie es un secreto que la esencia del modelo filosófico-económico-financiero del Che es la antítesis del sistema "socialista" que por años caracterizó a la extinta Unión Soviética y otros países de Europa del Este y que, como él predijera, coadyuvó al derrumbe de ese régimen socioeconómico en aquellas naciones. Mucho se pudiera ahondar sobre esta polémica, pero el libro la desarrolla con tanta claridad que sería una herejía tratar de parafrasearla.
Dígase, a modo de resumen, que las ideas de Che sobre la construcción del socialismo partían del desarrollo de una economía que, en lugar de mantener las categorías capitalistas de mercado, interés, estímulo material directo, beneficio, valor, apostaba por crear un nuevo tipo de relaciones entre el individuo y el sistema, totalmente alejadas de logros meramente económicos que pudieran deteriorar, y el tiempo le dio la razón, el proceso de concientización. El epicentro del modelo guevariano era el ser humano y el desarrollo de sus potencialidades renovadoras con un vínculo dialéctico y comprometido con su proceso social, rechazando la alienación y el individualismo capitalista. Ante la desconfianza que tuvo que enfrentar Che de economistas y marxistas de su época, su poder de análisis extrajo las tendencias que minaban el socialismo en Europa y advirtió, con pasmosa precisión, las nefastas consecuencias que podrían acarrear si no se extirpaban a tiempo.
La fatídica herencia de aquel socialismo cientificista totalitario que sacralizaba fórmulas eternas, sin permitir adecuaciones de la teoría a los cambios epocales de la clase obrera y el mercado de trabajo, despertó los tempranos recelos del Comandante Guevara. Sus viajes de trabajo a algunos países del campo socialista le permitieron conocer sus grietas y le dio tiempo para encontrar una alternativa. Su alternativa anteponía la dimensión socio-política-ideológica a los aspectos de eficiencia económica, pues la participación consciente del individuo y la autotransformación de su conciencia representaban el antídoto a la pasividad que promovía el sistema soviético, que impedía al individuo forzar su realidad y lo empujaba a la enajenación política, económica, social y cultural.
El pensamiento económico de Ernesto Che Guevara, además de estimular muchos de los estudios posteriores sobre el marxismo guevariano, resalta el mérito histórico de Che de implementar desde un país subdesarrollado una alternativa que demuestra la viabilidad de las relaciones económico-financieras más humanizadas entre las fuerzas productivas, las relaciones sociales de producción, la base, la supraestructura y el mismo individuo.
Esta alternativa es el Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF) que se basaba en el uso de técnicas de programación y control de la producción de carácter administrativo, la planificación económica como elemento de desarrollo económico de la nueva sociedad comunista y el rechazo de la ley del valor, por obstaculizar el verdadero cambio socialista. En este sistema, las finanzas dejan de controlar y organizar la economía, pues las estructuras técnico-administrativas asumen ese rol. También la banca deja de conceder créditos y obtener dividendos por concepto de interés, pues que la economía sea centralizada, controlada por el Estado, no implica que la banca signe la política económica nacional.
Las concepciones humanistas del SPF conciben que las transformaciones del modo de vida del individuo están dadas por la transformación de las relaciones sociales de producción, bajo una correcta selección de incentivos. Así, el Che instrumentó una política basada en el sistema salarial, el equilibrio cualitativo entre el estímulo material y moral y la instauración de un sistema de emulación que promueva la competencia fraternal como un mecanismo de vinculación entre el sistema y las masas. De esta forma, el éxito no estaba en los altos índices de productividad, sino en la unión del trabajo de dirección económica con la formación política-ideológica de las masas, manteniendo la organización, el control y la gestión.
Junto a las tantas virtudes que engloba el libro de Tablada se encuentran los textos que matizan esta edición, como excelentes complementos a la obra original. En ellos podemos encontrar las reflexiones de los cubanos Celia María Hart Santamaría y Aurelio Alonso, junto al argentino Néstor Kohan, además del resumen de un capítulo de un libro en preparación por el propio Tablada titulado El marxismo del Che y la transcripción del discurso del Presidente cubano, Fidel Castro en el acto conmemorativo por el vigésimo aniversario de la caída del Che en Bolivia. Todos, desde sus varios puntos de vista, analizan el pensamiento del Che, el contexto histórico del derrumbe del campo socialista, sus vivencias junto al escritor, las dimensiones de la obra en particular y la trascendencia de su ejemplo. Ello convierte a esta edición en una versión ampliada y única, con respecto a sus predecesoras
La relectura del marxismo se vuelve un reto para el siglo venidero, pues el del siglo XX fue incapaz de asumir y responder al desafío ideológico, económico y cultural que planteaba el capitalismo, convirtiéndonos, en palabras del autor, "más en especialistas enciclopédicos de la obra () del pasado lejano y reciente, que en la tarea de ser creativos, producir ideología y análisis que () nos permita ser audaces, imaginativos y buscar y encontrar alternativas". El sentido del libro de Carlos Tablada es el estudio de la obra de ese revolucionario del pensamiento que tanto logró creando fortalezas sobre las debilidades. Muchos lectores tendrá El pensamiento económico de Ernesto Che Guevara y algunos de seguro lo venerarán sobre los que lo detesten, pero en lo que estará de acuerdo la mayoría es que, como decía una de sus prologuistas, "estamos frente a uno de esos libros en los cuales no habla el autor, sino el alma del protagonista".
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