Lengua inclusiva: el episodio lingüístico del debate de género


Una lengua por definición es convencional, pero cada vez que salta al debate público alguno de estos cambios no faltan quienes convocan su “esencia natural” o, peor, llaman a intervenir a la RAE.
Cada año son noticia los nuevos términos o acepciones que “acepta” la Real Academia Española (RAE) o los cambios en reglas ortográficas que certifica. Hace un par de meses, por ejemplo, se debatió en España el pedido de la asociación empresaria de industrias de “alta gama” –Fortuny– para que se modifique la definición de “lujo”, que a su criterio es muy negativa. Quienes acumulan riqueza no quieren que se note, y la RAE quedó en evaluarlo. Para compensar con algo políticamente correcto, para el último 8M se cambió la acepción de “mujer fácil” que indicaba “que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales”, por “persona fácil”, desdiciendo a su miembro más bocón, Arturo Pérez Reverte, que había defendido poco antes que figurara la acepción anterior porque la RAE registra usos, no los prescribe ni censura.







