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Estado español :: 15/08/2006

Ley del Alzheimer democrático

Abel Ortiz
El dieciocho de Julio de 1936 comenzó una guerra civil cuyas consecuencias colean setenta años después. El discurso aceptado, como para recitar en una merienda con personas de orden, es que eso pasó hace mucho tiempo, es historia, agua pasada. Lo dicen ellos, los dueños del molino. Es lógico; en una sociedad compuesta por ladrones estaría muy mal visto que alguien pretendiera penalizar el robo.

La ley aprobada en el parlamento, con la que se pretende dar carpetazo jurídico al franquismo, ha terminado por ser algo muy similar a aquel café para todos de la transición con el que Suárez se quitó de encima, como buenamente pudo, el galimatías regional, nacional, o cuarto y mitad, en que se había convertido el engendro autonómico; aquel bálsamo milagroso que habría de curar todos los males de una sociedad gravemente enferma tras cuarenta años de dictadura militar.

Este café de ahora, en la requetetransición, es, además, acorde con los tiempos, descafeinado, aguatis, de recuelo y cargadito de achicoria.

La España de 1936 fue sacrificada ante los ojos del mundo. Los españoles de los años treinta inmolaron el país en un duelo a garrotazos. Una lucha desigual. El espectro del fascismo, alimentado, creado, fomentado y permitido por las grandes potencias coloniales, no menos racistas que los nazis, recorría Europa. Era necesario un dique de contención contra la revolución asiática de los soviets.

El fascismo se financió con el dinero de las grandes familias que hoy siguen gobernando el mundo; desde los Bush a los March, pasando por los Thyssen, entre muchos otros apellidos igualmente reconocibles.

En Italia, en Alemania, en Austria, los fascistas se hacían con el poder; la conquista del estado lo llamaban. Tuvieron teóricos, artistas, milicias uniformadas y bandas de pistoleros. Hicieron manifiestos, proclamas, programas. Aplastaron a la oposición. Promovieron la eugenesia, la idea de imperio, el terrorismo de estado, la violencia como razón suprema, los estados totalitarios.

En la España de 1936 millones de personas, obreras y obreros desarmados, en alpargatas en su mayor parte, maniatados por la comedia de la no intervención, salieron a las calles y a los campos a morir para defenderse de los militares fascistas que tenían previamente concertados junkers alemanes, capronis italianos, moros legionarios, combustible americano a fondo perdido y cuentas en Suiza por si algo salía mal. Patriotas.

En la España de 1936 millones de personas dieron al mundo una trágica lección de dignidad al grito de no pasarán. Les costó la vida a muchos. En la España de 1936 millones de personas prefirieron, ante la incomprensión mundial, morir antes que entregarse como ovejas a las malas bestias fascistas que acabarían resumiendo su supuesta ideología en una palabra: Auschwitz

Los fascistas españoles de hoy, igual que sus antecesores, mienten como estrategia; solo hay que escuchar a Zaplana , Acebes, Aznar o a Rouco Varela para imaginar la sarta de embustes, mentiras, intoxicaciones y falsedades que utilizaron sus abuelos para poder asesinar y robar impunemente a sus vecinos.

Hablan, los historiadores de chichinabo que intentan seguir perpetrando coartadas como en su momento hicieran Ricardo de la Cierva u otros cómicos sin gracia, de una situación social insostenible, de un supuesto peligro comunista, de un contubernio judeo masónico en la España de 1936. Falso. Como sabe hasta el más indocumentado de los lectores el partido comunista español era minúsculo en la época. Judíos y masones tenían un peso casi imperceptible en la sociedad española. Pura propaganda.

Hablan, los loritos de traje de buen corte y zapatos italianos, antes camisa azul, de la revolución de Asturias en 1934 como una traición de los sindicatos, socialistas y anarquistas, a la democracia. La misma democracia, violada en la letra y en el espíritu, que en aquellos días, tras aupar al poder a Mussolini, a Hitler y a Dollfuss, pretendía que la CEDA de Calvo Sotelo asaltara el estado español sin que los ciudadanos se defendieran. Grave error. Los mineros asturianos no estaban por la labor.

Hablan de la guerra civil que desencadenaron desde la equidistancia; en las dos partes hubo de todo, las dos partes eran iguales. Falso también. También propaganda. Con las salvedades y excepciones que se quieran, aparte de a quienes les tocara a un lado u otro de la raya, en un bando estaban los ricos, los poderosos, la iglesia, los fascistas: una minoría. En el otro estaban los obreros, los demócratas, los republicanos, los revolucionarios: la mayoría. Unos ganaron, los dueños de la hacienda, del caballo y la pistola y otros perdieron, los parias, los proletarios, los dueños de nada.

Los vencedores se quedaron con todo. Vae victis. Mataron a media España en campos de concentración que todavía hoy son desconocidos para la mayoría. Cientos de miles de personas tuvieron que vivir exiliadas el resto de sus vidas. Millones de personas tuvieron que soportar durante decenios la disciplina cuartelaria de un caudillo tarado. Millones de niños se criaron en colegios inmundos donde religiosos siniestros adoctrinaban en el odio a los hijos de aquellos a los que habían asesinado.

Millones de personas tuvieron que soportar una posguerra atroz, hambre, frío, miseria real y moral, podredumbre intelectual. Millones de personas tuvieron que estudiar sus mentiras, repetir sus estribillos, rezar sus credos, soportar sus humillaciones, aguantar su soberbia. Millones de personas tuvieron que levantar el brazo, asentir, ocultar su idioma, trabajar en batallones de castigo, pasar por cárceles, torturas, comisarías y cuartelillos.

Llegaron los sesenta. Los falangistas y los tecnócratas del opus hicieron grandes fortunas. Se repartieron las prebendas y los chollos. Las divisas de millones de personas que tuvieron que salir a trabajar al extranjero se invirtieron en los grandes negocios de las grandes familias. Para ti Benidorm, para mi Santa Pola. Para ti un periódico, para mí una editorial. Tú gestionas un polo de desarrollo, yo construyo un pantano. Para mi hijo una cátedra, para tu hijo un consulado. Igual que sus descendientes aznáridos o zaplaneros.

En eso consiste el alzheimer. Todo eso pasó. Las grandes familias fascistas y mafiosas pactaron en la transición la impunidad con la pistola encima de su mesa de negociaciones. No devolveremos una peseta, dijeron fanfarrones. No dejaremos un cargo, proclamaron seguros de su poder. No admitiremos nada. No habrá ningún proceso de desnazificación. No habrá ningún Nuremberg. Los rojos podrán volver. Habrá elecciones. Y nada más.

La historia de los crímenes franquistas, antes, durante y después de la guerra, de los caciques de cada provincia y cada pueblo, se olvidarán. Las luchas por la democracia y la libertad se ridiculizarán. Los de siempre seguiremos repartiéndonos el bacalao. Existe la fundación Franco, existe el valle de los caídos, Rita Barberá remueve los huesos de los republicanos represaliados y enterrados en fosas comunes, la FAES explica el orgullo de la derecha sin complejos.

El abuelo de Zapatero lo dejo escrito antes de que lo ejecutaran: muero inocente y perdono. Su nieto sigue en esa idea. Se puede perdonar lo que se conoce y lo que se admite. Se puede perdonar al asesino y al ladrón. Lo que no se puede hacer es negar el dolor y la razón de millones de personas. El franquismo fue criminal y ladrón y sus hijos y sus nietos disfrutan el botín de aquel saqueo. Que se sepa. Otra cosa es que todo quedara atado y bien atado. Sabía mucho de nudos el comandantín.

Como en Sicilia o en Calabria, manda la omertá. La red de clientelismo del franquismo acabó enredando a tanta gente que son demasiadas las personas que deberían responder por el origen de sus fortunas, de sus propiedades, de sus privilegios. Demasiados los jueces, los policías, los profesores o los estanqueros que tendrían que responder a muchas preguntas incomodas. Tantas que prefieren gritar a coro la consigna aprendida como hacían en sus buenos tiempos de la plaza de Oriente.

¿Memoria histórica?. Cosa de resentidos.

La memoria está ahí. Al alcance de cualquiera. Sabemos quienes fueron y lo que hicieron. No lo han podido tapar. Algunos son tan chulos que ni siquiera han querido ocultar que han dado a sus hijos a mamar sangre. A la memoria no se la puede dar garrote vil, ni se la puede fusilar, ni se la puede encarcelar. La memoria acusa. Ningún gobierno puede legislar sobre la memoria.

Las cunetas, los paredones, las fosas, las palizas, los gritos, la sangre, las ejecuciones, los saqueos, las violaciones, no se pueden olvidar. Están ahí. En la memoria colectiva. A todos no nos podéis matar. Aunque no creáis que somos tan ingenuos. Ya sabemos que os gustaría.

abelortiz.blogspot.com

 

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