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Pensamiento :: 10/03/2009

[Libros] El eje del mal es heterosexual

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¿Qué resulta tan perturbador de añadir el calificativo «heterosexual» a la expresión «el eje del mal»?

¿Esacaso una frase humillante? Si fuera así es que ha sido capaz de recrear y movilizar los mismos contextos de autoridad en los que se produjo «el eje del mal», ¿de verdad hemos sido capaces de crearlos? Sólo un apunte, si convenimos con Austin que los enunciados performativos, a pesar de no ser ni verdaderos ni falsos, pueden ser inadecuados o desafortunados, no bastaría con la enunciación de ciertas palabras sino que estas tendrían que emitirse siempre en las condiciones adecuadas. Para alcanzar un enunciado performativo exitoso —o «feliz» en términos de Austin—, este debe ser reconocido, para lo que se necesita que sea emitido en condiciones determinadas por aquellas personas conferidas con la autoridad requerida, esto es, que se atenga y reproduzca el ordenamiento en el que está inscrito — sus fórmulas ritualizadas, sus expresiones de autoridad, etc.—. Usar la homosexualidad como expresión del mal —recurso de la izquierda y de la derecha, de oriente y de occidente, de diferentes religiones— sitúa el insulto en la «homosexualidad» para denigrar al otro.

Entonces ¿qué resulta tan perturbador de añadir el calificativo «heterosexual» a la expresión «el eje del mal»? En principio, no serviría para ofender pues en nuestra sociedad la heterosexualidad no funciona como insulto, sino como requerimiento de normalidad. Añadido al «eje del mal», no hace más que marcar lo nunca marcado, la heterosexualidad, para decir lo obvio: que las posturas del «eje del mal» —ya sea en la versión trío de las Azores o en la versión que Bush creó en su estrategia mundial antiterrorista de guerra preventiva—, partieron de una heterosexualidad obligatoria y militantemente homófoba. Si es así, ¿por qué sorprende o incluso se interpreta como ofensiva? En este caso la carga del insulto no se encontraría en la «heterosexualidad», sino en el «eje del mal», de tal forma que lo que no es sino expresión de una evidente alianza homófoba que califica a los componentes concretos del «eje del mal», ha sido interpretado como una descalificación general a la heterosexualidad reconvertida en el mal por excelencia. Parece que hemos conseguido cambiar sujeto y objeto en las interpelaciones con legitimidad.



El eje del mal es heterosexual. Figuraciones, movimientos y prácticas feministas queer.
Autor: VV.AA / Grupo de trabajo Queer

186 pgns. 15.00€
Edita: Traficantes de Sueños, 2005



 

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