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01/02/2011 :: Pensamiento, México

[Libros] Reseñas: Cuatro libros sobre la izquierda mexicana

x Gerardo Peláez Ramos
Anarquismo, socialismo y sindicalismo en las regiones :: La izquierda mexicana a través del siglo XX :: Tres corrientes del SNTE :: Movimientos armados en México, siglo XX

Con el ascenso del movimiento obrero durante los años de 1972-1983, el reconomiento legal del Partido Comunista Mexicano y el Partido Socialista de los Trabajadores en 1978, la democratización de algunas universidades y la aparición de la guerrilla contemporánea, el abordaje de la historia y los problemas de la izquierda mexicana condujo a la reproducción de periódicos y folletos del PCM, la edición de obras de Ricardo Flores Magón, Práxedis G. Guerrero, Vicente Lombardo Toledano, José Revueltas, Lucio Cabañas, Genaro Vázquez y otros autores, y, sobre todo, a la elaboración de libros y ensayos basados en fuentes originarias y material de archivo. De la amplia producción impresa, se reproducen las reseñas acerca de cuatro libros y folletos, de fechas variadas. Cabe esperar sean de cierto interés para algunos lectores.


1. Anarquismo, socialismo y sindicalismo en las regiones

BAJO LA DIRECCIÓN de Jaime Tamayo Rodríguez, el Centro de Investigaciones Sobre los Movimientos Sociales de la Universidad de Guadalajara ha publicado una regular cantidad de libros y ensayos acerca del movimiento obrero regional, el catolicismo social, el movimiento urbano popular, los procesos electorales, la Revolución en Jalisco y otros temas de gran interés.

De los textos publicados por el CISMoS, aquí se hace la reseña de Anarquismo, socialismo y sindicalismo en las regiones, compilación coordinada por Jaime Tamayo y Patricia Valles, que incluye, entre otros materiales, los siguientes: “La aurora roja en Jalisco”, de Jaime Tamayo; “Anarquismo y lucha social: el caso de Miguel Mendoza López Schwertfeger”, de Patricia Valles, y “Organización y conflictos laborales en La Laguna”, de José Rivera Castro.

Los ensayos reunidos son muy dispares; pero algunos hacen auténticos aportes al conocimiento de la realidad estudiada. Así, Gerardo Sánchez D. en “Los pasos al socialismo en la lucha agraria y sindical. Michoacán 1917-1938” pone en claro quiénes fueron los fundadores y cuáles fueron el programa y las acciones del Partido Socialista Michoacano, y el papel del Partido Comunista en la reorientación de la lucha agraria y laboral.

En “La aurora roja en Jalisco”, Jaime Tamayo presenta en pocas cuartillas la confrontación de los proyectos radical, reformista y católico en el movimiento sindical jalisciense; la división de la Federación de Agrupaciones Obreras de Jalisco; la formación, el 17 de septiembre de 1924, de la Confederación de Agrupaciones Libertarias de Jalisco, y el rol de los comunistas en la reorganización y radicalización del movimiento obrero local.

El pensamiento de Miguel Mendoza López Schwertfeger, quien en 1958 fuera candidato del PCM y el Partido Obrero-Campesino Mexicano a la presidencia de la República, es estudiado por Patricia Valles en “Anarquismo y lucha social: el caso de Miguel Mendoza López Schwertfeger”, considerado como un representante en el proceso de formación del pensamiento socialista mexicano.

Patricia Valles expone la influencia de Proudhon, Bakunin, Kropotkin y Reclus en Miguel Mendoza López; su participación en la Liga de las Clases Productoras; su intervención en la fundación de Aurora Social; sus diferencias ideológicas con Francisco I. Madero; su incorporación a la Revolución zapatista, y su labor en la Comisión Nacional Agraria.

En “Organización y conflictos laborales en La Laguna”, José Rivera Castro analiza el desarrollo de la Revolución en la célebre comarca de Coahuila y Durango, el proceso de organización sindical, el sindicalismo agrario y el trabajo político-social de los comunistas.

Dado que en Anarquismo, socialismo y sindicalismo en las regiones se investigan y aclaran aspectos centrales de la contemporaneidad de Oaxaca, Michoacán, Colima, Jalisco, Puebla, Sinaloa, La Laguna, Nuevo León y Chihuahua, debe considerarse su edición como un paso importante hacia el mejor conocimiento del movimiento obrero en una buena parte del territorio patrio, además de que, no obstante la disparidad de los ensayos y artículos, su lectura permite adentrarse en los avatares ideológicos, políticos y organizativos por los que han pasado sectores no desdeñables de la clase obrera y el campesinado de nuestro país.

***Jaime Tamayo y Patricia Valles (coord.), Anarquismo, socialismo y sindicalismo en las regiones, Guadalajara, Ed. UdeG, 1993, 234 pp.
Unión, núm. 401, 30-I-95


2. La izquierda mexicana a través del siglo XX

EDICIONES ERA PUSO en circulación recientemente La izquierda mexicana a través del siglo XX, de Barry Carr, que incluye entre otros temas los orígenes del PCM, el comunismo durante el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas, la izquierda y el gobierno de Miguel Alemán, la nueva izquierda, el movimiento estudiantil y la guerrilla, y las elecciones de 1988 y el futuro de la izquierda independiente.

Carr logra recrear el México de fines de la década de los años 10, el Congreso Nacional Socialista de 1919, la fundación de la Liga Nacional Campesina y el viraje ultraizquierdista del PCM iniciado en 1928-1929.

El estudioso británico establece que los comunistas durante el cardenismo conquistaron posiciones clave en las organizaciones sindicales, aborda las relaciones entre los comunistas y Lombardo, las elecciones de 1940, y el Congreso Nacional Extraordinario del Partido Comunista Mexicano.

Para el futuro del PCM la política de “unidad a toda costa”, el apoyo seguidista al candidato del Partido de la Revolución Mexicana y la expulsión de Hernán Laborde y Valentín Campa fueron decisiones suicidas que llevaron a la desobrerización y a la crisis permanente e insuperable del comunismo en México.

El PCM profundizó su crisis, el gobierno avilacamachista acentuó sus aspectos conservadores, y, en general, se desenvolvió una orientación derechista. El Partido Comunista llamó a no estallar huelgas. De aquí en adelante, las pugnas internas en el PC se presentarían intermitentemente.

El análisis de la charrificación del movimiento obrero mexicano que realiza Barry Carr es incompleto e insuficiente, ya que hace abstracción de qué ocurrió en la Federación Sindical Mundial, en la Confederación de Trabajadores de América Latina y en las centrales nacionales de Francia, Italia, Cuba y otros países.

El resto del texto presenta el desarrollo y crisis de la dirección de Encina, el proceso lento y zigzagueante de “modernización” y desaparición del PCM, y la final confluencia de comunistas, lombardistas, nacional-revolucionarios, neoizquierdistas y socialdemócratas en una organización unitaria.

Con todo y las virtudes de la obra de Carr, quedan de lado ciertos problemas no resueltos: la profunda e irremediable burocratización del PCM, el divorcio sin solución entre los sindicatos y la izquierda política, y la recaída final de la absoluta mayoría de la izquierda en la llamada ideología de la Revolución mexicana.

En la investigación de Barry Carr destaca la cantidad enorme de autores consultados, entre quienes cabe mencionar a Gastón García Cantú, Octavio Rodríguez Araujo, Fabio Barbosa, Gerardo Peláez Ramos, Javier Santiago y Manuel Aguilar Mora.

Seguramente por desconocimiento de la traductora, a lo largo del libro se escriben de manera errónea y variada los nombres de muchas organizaciones. En aras de la precisión conviene indicar algunos errores fácticos. No es cierto que en 1939 el PCM careciera de diputados federales (p. 64), pues militaban en su seno Anaya de Guanajuato y Ochoa Rentería (1). Dionisio Encina fue secretario general del PCM entre 1940 y 1959, no hasta 1960 como afirma Carr (p. 99). El CNDP se constituyó en junio de 1935, (2) no en mayo (p. 106). La CNED se creó en 1966, no en 1963 (p. 233). El Movimiento Sindical Ferrocarrilero no fue el nuevo nombre del CNF (p. 249), sino el organismo impulsado por Demetrio Vallejo. En 1964 no había en México representación proporcional parlamentaria (p. 257), sino los llamados diputados de partido. El PSR era de origen lombardista, no comunista (p. 291). J. Encarnación Pérez Rivero no era dirigente del PCM (p. 373); Carr confunde a este líder magisterial con un homónimo comunista, y por otro lado, en el MRM fueron promovidos ya en 1958 los destacados militantes del PCM, Manuel Ontiveros Balcárcel y Rafael Méndez Aguirre. (3)

La izquierda mexicana a través del siglo XX es una obra que llena una laguna y que supera a muchos esfuerzos anteriores. Su lectura es muy recomendable, particularmente para los cuadros y activista sindicales y políticos.

***Barry Carr, La izquierda mexicana a través del siglo XX, traducción de Paloma Villegas, México, Ed. Era, 1996, 424 pp.

Notas
(1)VII Congreso Nacional del Partido Comunista Mexicano, mimeo, s. f., p. 495. (2)Véase “El Comité Nacional de Defensa Proletaria”, (Gerardo Peláez Ramos, comp.), en Consideraciones, núms. 20-22, enero-marzo de 1988. (3)Véase Gerardo Peláez, Las luchas magisteriales de 1956-1960, México, ECP, 1984.

Unión y la cultura (Unión, núm. 478, 26-VIII-97)


3. Tres corrientes del SNTE

EN LOS ÚLTIMOS años, en virtud de la necesidad de ubicar el papel de la burocracia sindical y las diversas fuerzas políticas que se mueven en el interior de los sindicatos, el estudio de los grupos organizados en las agrupaciones de resistencia se ha incrementado considerablemente. Aparecen libros, folletos y ensayos sobre el sindicalismo blanco, el aparato sindical oficialista, el quinismo en Pemex y las camarillas y tendencias de la dirección obrera en México.

En el cúmulo de trabajos en torno a sindicatos, federaciones y centrales, todo avance en el conocimiento de las corrientes sindicales tiene méritos propios, mayormente si el análisis se refiere a las tendencias de un gran sindicato, como lo es el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

El folleto Las corrientes sindicales y la insurgencia en el SNTE es interesante no por los aportes, que son modestos, sino por el intento serio y formal de una corriente político-sindical, de entender, con sus virtudes y defectos, al resto de las formaciones de izquierda que actúan en su sector. En efecto, el MRM busca caracterizar sin adjetivaciones a la Corriente Sindical Independiente y Democrática del SNTE (COSID), al Frente Magisterial Independiente Nacional (FMIN) y a Línea Proletaria (LP). El intento es prometedor. En primer lugar, el MRM, sin dejar de hacer sus críticas, plantea la necesidad de la lucha común contra Vanguardia Revolucionaria, por la reforma educativa democrática, por las libertades democráticas y por los intereses inmediatos y mediatos de los trabajadores de la educación; en otras palabras, la unidad de acción, por encima de siglas y membretes.

Dicha posición es muy meritoria, ya que el Movimiento Revolucionario del Magisterio representa en las filas magisteriales, al margen de sus victorias y derrotas, avances y retrocesos, toda una tradición histórica difícil de superar. Por ello, su modestia y disposición unitaria son de destacar.

La primera corriente analizada es la COSID, misma que es considerada como la más cercana al MRM. No se comparten sus posiciones respecto al carácter del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la política laboral del Estado y la participación en los órganos de gobierno sindical. Es criticado, asimismo, el planteamiento cosidista acerca de la llamada Tendencia Independiente y Democrática del SNTE, como una perspectiva inviable en la actualidad. Empero, se resaltan las coincidencias.

En cuanto al FMIN, el MRM sostiene que es el grupo político-sindical con el que mantiene más discrepancias. Después de exponer las tesis del Frente Magisterial Independiente Nacional, se dice que es la corriente más sectaria y que impulsa --vía “anticorrientismo”-- el atraso de la base. No obstante lo señalado, reconoce que el FMIN, en la insurgencia de 1979 a la fecha, en general, ha jugado un papel no del todo negativo.

Finalmente aborda el examen de Línea Proletaria y llega a la conclusión de que es una tendencia reformista que puede desempeñar el papel de sustituto del charrismo, coincidiendo así con Valentín Campa en la caracterización de LP.

Sin olvidar que Las corrientes sindicales y la insurgencia en el SNTE no es una obra académica, sí es conveniente mostrar algunos errores, que, además, no son difíciles de superar. El trabajo presenta a las tendencias fuera de la historia y sin nexos con el conjunto del sindicalismo; por ejemplo, al FMIN no se le muestra como el continuador directo del Grupo “4 de Agosto”, el Seccional Magisterial de la Liga Comunista Espartaco y el COCO de 1968. De esta manera, quedan oscuros ciertos procesos importantes en el desarrollo del movimiento magisterial. Por otro lado, no se citan en forma correcta los documentos a que se hace alusión, no se indican los órganos centrales de las organizaciones mencionadas y tampoco se realiza ningún esfuerzo por calcular la implantación en el magisterio de filas de los distintos grupos político-sindicales.

Mas, independientemente de las limitaciones anotadas, el material ayuda a conocer qué fuerzas se mueven en la “disidencia” del sindicato de los trabajadores de la SEP. Su lectura es muy útil.

*Movimiento Revolucionario del Magisterio, Las corrientes sindicales y la insurgencia en el SNTE, México, Ed. Movimiento (Col. Educación Democrática, 14), 1981. 32 pp.
UnomásUno, 10-XII-82

4. Movimientos armados en México, siglo XX

LA HISTORIOGRAFÍA EN torno a las guerrillas mexicanas del siglo XX incluye obras muy conocidas, como las de Jesús Sotelo Inclán, Laurence Douglas Taylor, Alicia Olivera Sedano, Renato Ravelo, José Santos Valdés, Luis Suárez, Armando Bartra y Neil Harvey. En cuanto a las labores de “inteligencia”, sobresalen las obras de Carlos Montemayor y de Sergio Aguayo Quezada. Sin embargo, nadie había logrado reunir tanta información y análisis alrededor de estos temas como Movimientos armados en México, siglo XX.

En las instalaciones de El Colegio de Michoacán, en la ciudad de Zamora, se verificó del 29 al 31 de julio de 2002 el Foro de Discusión Académica “La guerrilla en las regiones de México, siglo XX”, organizado por Verónica Oikión Solano y Marta Eugenia García Ugarte, quienes fueron auspiciadas por el Colmich y el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social. De esa reunión, editada en tres tomos, surgió la memoria, volumen 1, objeto de esta reseña.

Las dos investigadoras citadas señalan en la introducción que “este libro constituye un primer paso para avanzar en los propósitos académico, social, político y jurídico-legal de construir la historia de los movimientos armados en el país”. (p. 21) Ésta es una apreciación justa.

El primer volumen aborda las visiones globales, las interpretaciones y revisiones historiográficas, y el paso de los levantamientos agrarios a los políticos en la primera mitad del siglo, con la participación, entre otros, de Ricardo Melgar Bao, José Luis Piñeyro, José Luis Alonso Vargas, Marta Eugenia García Ugarte, Tanalís Padilla y Elisa Servín.

Ricardo Melgar Bao analiza las guerrillas en América Latina esclareciendo las ideas del movimiento guerrillero y las visiones del anticomunismo de la guerra fría, el ajusticiamiento de los “sapos” y “orejas”, el pensamiento militar de Julio C. Guerrero, la violencia, la izquierda y la guerra fría, y la coordinación antiguerrillera de los gobiernos del subcontinente y Estados Unidos. Para este autor: “Las guerrillas tuvieron su ciclo más importante y generalizado en América Latina en los marcos de la guerra fría, en particular entre los años sesenta y ochenta del siglo pasado. No hay país que no registrara experiencias guerrilleras de izquierda en el curso de esas tres décadas”. (p. 44)

Sobre las fuerzas armadas y la guerrilla rural en México escribe José Luis Piñeyro, quien explica el clima internacional, los cambios organizativos y de armamento dentro de las Fuerzas Armadas Mexicanas, y la panorámica estratégica de la postguerra fría y ciertas mutaciones en el interior de las FAM; expone la asistencia militar norteamericana, el aumento de zonas militares y la proliferación, sobre todo en Chiapas y Guerrero, de las Bases de Operaciones Mixtas, esto es, cuerpos combinados de militares y policías. En Chiapas se desarrolla “la paramilitarización de zonas con al menos 10 grupos de civiles integrados por campesinos e indígenas apoyados por los finqueros, cafetaleros y ganaderos, y al menos tolerados por las FAM, aunque algunos organismos de derechos humanos señalan que éstas asesoran, entrenan y arman a los paramilitares”. (p. 80)

De acuerdo con Sergio Aguayo los órganos de seguridad tenían buenos policías y pésimos analistas, había una importante infiltración policiaca en los grupos guerrilleros, no existía un peligro real para la seguridad nacional de parte del movimiento armado y se carecía de respeto a la legalidad y la moralidad en el combate y extermino de la guerrilla mexicana. Los derechos humanos fueron violados en forma flagrante.

Alonso Vargas en la ponencia “La guerrilla socialista contemporánea en México”, describe las concepciones y los integrantes del Grupo Popular Guerrillero, Partido de los Pobres, Asociación Cívica Nacional Revolucionaria, Movimiento de Acción Revolucionaria, Liga Comunista 23 de Septiembre y otros organismos. Del PDLP extracta una buena parte de su Ideario.

Felipe Arturo Ávila Espinosa presenta el texto “El zapatismo. Causas, orígenes y desarrollo de una rebelión campesina radical”, y Marta Eugenia García U. colabora con el ensayo “La jerarquía eclesiástica y el movimiento armado de los católicos (1926-1929)”, apoyada en varios archivos y en publicaciones de la cristiada.

Tanalís Padilla participa con el artículo “‘Por las buenas no se puede’. La experiencia electoral de los jaramillistas”, donde precisa: “Existen varias facetas del movimiento jaramillista: el capítulo de lucha laboral en Zacatepec, dos levantamientos armados, dos campañas electorales y un intento por establecer una comuna en la zona oriente del estado de Morelos”. (p. 276) En el ensayo “Hacia el levantamiento armado: del henriquismo a los federacionalistas leales en los años cincuenta”, Elisa Servín hace aportes para la mejor comprensión de los objetivos, estados de ánimo y participación política de los campesinos mexicanos en su vertiente henriquista, la degeneración anticomunista de Henríquez Guzmán y la amplitud del levantamiento gasquista. Es un escrito esclarecedor.

Las ponencias son muy dispares en cuanto a documentación, explicación y ubicación de los acontecimentos en la realidad nacional e internacional, aunque todas son interesantes.

*Verónica Oikión Solano y Marta Eugenia García Ugarte (ed.), Movimientos armados en México, siglo XX, volumen 1, introducción de V. Oikión y M. Eugenia García, México, El Colegio de Michoacán y Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2006, 332 pp.
Forum, núm. 173, diciembre de 2007

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