Los Municipalistas en acción
Nosotras y nosotros ya elegimos entre reforma o revolución. La pregunta es por qué optarán los movimientos populares
¿Reforma o revolución? Tú eliges.
Parece que los seguidores y seguidoras de la nuevas-viejas formas de hacer política institucional han redescubierto las bondades del municipalismo, la forma más vulgar de las posiciones reformistas. Y decimos redescubierto por la sencilla razón de que la retórica de los partidos municipales independientes acerca de que “los partidos mayoritarios atienden a intereses ajenos a los ciudadanos”, que “la gente local es la que conoce mejor a los vecinos”, que “todos los demás son unos corruptos menos yo” ya se inventó en los 80, con centenares de candidaturas municipalistas, algunas participadas por organizaciones que se decían revolucionarias y que derivaron en más de lo mismo: partidos bisagra que han formado gobiernos municipales, algunos gobernando municipios de forma histórica y que han participado en la política del maletín, del enchufe y del pelotazo.

Pero el invento municipalista ni siquiera corresponde al siglo XX.
Cuando Amadeo de Saboya puso pies en polvorosa, diversas ciudades españolas se independizaron en lo que fue una revolución cantonal liderada por liberales radicales y el movimiento obrero ligado a la I Internacional. En esa ocasión ni siquiera el pueblo en armas pudo mantenerse en cuanto el ejército central se recompuso y fue eliminando una a una la resistencia en los cantones. De aquella experiencia los y las revolucionarias sacaron valiosas lecciones, la más importante es que para que la voluntad popular se asiente no basta con vencer a los enemigos locales, sino que es necesario la unidad de la clase obrera para vencer a los explotadores en un territorio más general.
Nuestra memoria histórica es terriblemente corta, si así nos ha pasado con el bipartidismo parece que ha pasado un siglo desde que salíamos a la calle a gritar “la corrupción es el capitalismo”. Ahora no son los obreros y las obreras insurrectas de Alcoy y Cartagena quienes con las armas en la mano nos lideraran a la revuelta municipalista, sino un conglomerado heterogéneo y difuso de gentes que aprovecha el empujón mediático del reformismo y nos piden que vaciemos las calles para llenar las urnas.
El reformismo no sólo ha conseguido sacar la lucha de las calles y pedirnos el voto, sino que también ha hecho que se nos olvide el descrédito popular hacia los y las concejalas, quienes hasta hace poco eran unas que “cobraban mucho y hacían poco”. El descrédito de la llamada “clase política” se está re-acreditando con una nueva generación de gestores y gestoras de nuestras cadenas.
Como las setas, parece que gente noble y comprometida ha brotado en todos los municipios dispuestos a enfrentarse contra los grandes poderes locales. Lo que no nos explican es cómo. A ninguno se nos escapa que la situación para la clase obrera es muy dura y por eso juegan con ofertar una gestión más blanda del sistema. Lo que habría que preguntarse es a costa de qué.
Durante años el capitalismo del Estado español ha mantenido un modelo económico basado en la explotación de medio mundo. Parece que eso ya no es suficiente y que hay que explotar más a los de casa. Pero no se preocupen que desde el ayuntamiento quieren ponerle solución a todos los problemas.
Los municipios no pueden solucionar ni siquiera sus propios problemas. El más grande el endeudamiento y la política del ladrillazo.
La única forma de arreglar nuestros problemas es romper con la legalidad burguesa, no respetar el orden que se ha construido para explotarnos y edificar nosotros y nosotras mismas un sistema basado en nuestros principios.
Detrás de cada político corrupto hay un burgués que corrompe. Ese es el problema y a quienes hay que quitar de un plumazo.
Del sistema no vale salirse a medias, o se rompe con él o se cae en sus redes. Detrás de la deuda un hay un banco que da crédito para pagar a los funcionarios y los servicios públicos. Es decir, que el municipio que se niegue a hacer caso a lo que dicta la banca corre el riesgo de que le cierren el grifo y no pague –entre otras cosas- los sueldos de los trabajadores del ayuntamiento. De la misma forma, la burguesía ha demostrado a lo largo de su historia recurrir a la violencia más terrorista cuando ha visto peligrar sus privilegios.
Hace falta una estrategia de lucha popular y revolucionaria que nos unifique. ¿Acaso es condenable que con buena intención la gente que hace años salía a la calle deposite sus esperanzas en las instituciones?
Las y los comunistas decimos que es la hora de organizarse y luchar en las calles, en los centros de trabajo, en cada barrio y en cada centro de estudios al margen de las instituciones. Es necesario clarificar un programa revolucionario que emane del pueblo y no desde los medios de comunicación o de cualquier otra cúpula.
Quienes hemos ayudado a construir movimiento estos últimos años tenemos la responsabilidad de mantenerlo al margen de los procesos electorales, de continuar nuestra maquinaria gobierne quien gobierne. No nos vale cualquier cosa sino la victoria final. Luchamos por el fin de las injusticias, contra toda forma de opresión. No buscamos atajos por eso renunciamos a caer en los errores del pasado.
Nosotras y nosotros ya elegimos entre reforma o revolución. La pregunta es por qué optarán los movimientos populares.
Por la construcción de un movimiento popular revolucionario. Hacia la construcción de la organización revolucionaria.
Febrero 2015.
Aníbal Tejada, militante de Iniciativa Comunista.







