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Estado español :: 13/01/2010

Palacio de chatarra

ZH2NO
La Expo sigue costando más y más dinero en una espiral de gastos que no parece tener un final cercano.

El Palacio de Congresos se vendió como uno de los emblemas de la Expo y estaba llamado a relanzar Zaragoza como ciudad organizadora de grandes eventos. Ahora mismo es un vergonzante mamotreto donde los asistentes tienen que dejarse el abrigo puesto para no helarse de frío, hay goteras y, ahora mismo, no tiene servicio de limpieza ni seguridad por impagos acumulados a lo largo de los últimos seis meses. Todo ello en un edificio que costó más de 60 millones al Gobierno de Aragón.

Heraldo de Aragón se hacía eco el 5 de enero de las declaraciones del director del Palacio de Congresos, José Luis Laborda, que confirmaba los problemas económicos de la empresa concesionaria, Fodimetac, y los estructurales que afectan a este gigantesco equipamiento. Fodimetac no tiene un euro para pagar y el principal socio está inmerso en un concurso de acreedores. Tanto es así que se va pagando a duras penas, cuando se reciben ingresos por el uso del espacio.

El Palacio de Congresos adeuda 100.000 euros al grupo Eulen y una importante suma a otra firma suministradora de servicios, la zaragozana BGL (Bienvenido Gil), a la que contrató para el apoyo de tecnología audiovisual.

Otro aspecto chocante en un edificio de esas características, con aforo de 2.700 personas, es el de los aseos, ya que solo existen seis inodoros para señoras en el auditorio y parte de ellos llevan meses inutilizados.

Pese a la lamentable imagen que se está ofreciendo, hay ya 42 actos firmados para este año, con los que se espera poder salir del atolladero económico, o al menos pagar las nóminas.

La situación de deterioro del edificio, con apenas año y medio de vida, es como poco preocupante. Cabe recordar episodios como el congreso en noviembre del Instituto de Empresa Familiar, cuando se tuvo que clausurar el auditorio al caer (sin daños personales) una placa del techo. Los asistentes y los principales conferenciantes acabaron en una sala diminuta con sillas de plástico. Todo ello añadido a las quejas por el intenso frío que sufren los asistentes en un espacio con problemas de diseño que hacen que sea muy complicado de caldear minímamente, cuestión no menor en un edificio aislado que recibe el viento y la humedad del río directamente.Choca también el hecho de que durante los tres meses y medio desde el fin de la Expo hasta la recepción por la DGA, se estuvieron llevando a cabo reformas.

Según Heraldo, varios empresarios del sector, que pidieron permanecer en el anonimato, aseguraron que han optado por no contratar el Palacio ante los problemas surgidos y apostar por el Auditorio y el World Trade Center. Las quejas han llegado hasta la DGA y en concreto al área de Turismo.

Aunque, como de costumbre, se empiezan a lanzar balones fuera y a pasar la culpa de unos responsables a otros y la concesionaria del Palacio de Congresos solo asume su agujero económico, ya que del resto de males que afectan al edificio, como las goteras y la mala climatización, responsabiliza directamente a la sociedad pública Expoagua, que ejecutó las obras por encomienda del Gobierno de Aragón.

Algo de razón no falta, teniendo en cuenta que dos días antes del estreno, por ejemplo, estaban las puertas sin instalar. O que no está claro de dónde surgen unas goteras que aparecen como por arte de magia en todos los rincones de la instalación y que han acompañado a alguno de los actos celebrados.

Respecto a la climatización, parece ser un problema que afecta a todo Ranillas, pero especialmente a un edificio cuyo vestíbulo alcanza los 21 metros de altura y la superficie construida supera los 18.000 metros cuadrados. Para colmo, el sistema de ventilación del escenario del auditorio presentabas problemas, por lo que el helador cierzo se colaba directamente.

Las subastas de la Expo se celebraron en el auditorio con abrigos, gorros y bufandas en noviembre de 2008, una estampa que se ha repetido en las últimas semanas en gran parte de los espectáculos, pero ya se habla de que quizá al año que viene se terminará de subsanar los problemas, eso sí, sin aclarar a qué coste en un edificio que ya tuvo un sobrecoste de un 8%. La Expo sigue costando más y más dinero en una espiral de gastos que no parece tener un final cercano.

www.expo-no.es

 

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