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Estado español :: 16/05/2007

Precariedad, homicidios en serie y privatización sanitaria

CAES
POR UN SINDICALISMO ANTICAPITALISTA. Entrega decimosegunda. En el año 1999 se produjeron 1979 muertes por enfermedades producidas por la exposición a sustancias tóxicas en los puestos de trabajo. De ellas 1100 se debieron a procesos cancerigenos y 700 a patologías cardiovasculares.

PRECARIEDAD Y CONDICIONES LABORALES HOMICIDAS.

La salud pública necesita una alimentación, un trabajo, un medioambiente, una vivienda y unos hábitos de consumo saludables. Los enemigos de la salud pública son los que ponen al servicio del beneficio económico todos estos aspectos de nuestra vida. Después privatizan la sanidad pública convirtiendo las enfermedades que ellos han producido en un nuevo negocio. El apoyo que reciben de los políticos que nosotros mismos votamos, convierte sus maniobras contra la salud, en algo legal y democrático. No sería posible la vivienda, el trabajo y la comida basura sin los políticos basura a los que entregamos nuestro voto.

La utilización de sustancias químicas como productos de limpieza, pegamentos, pinturas, barnices y pesticidas va en aumento por exigencias de una economía industrialista y productivista. Los sectores laborales más expuestos a la toxicidad son: limpieza profesional, sanidad, industria, imprentas, droguerías, peluquerías y laboratorios. A pesar de ello, la ley que regula la Evaluación de los Riesgos Laborales solo se tiene en cuenta en contadas empresas.

Salvo accidentes, la exposición habitual de las personas a las sustancias tóxicas en la jornada laboral es de baja intensidad, pero de larga duración. Los efectos aparecen a lo largo de los años en forma de enfermedades crónicas y degenerativas como la encefalopatía o el cáncer. Esas enfermedades no llevan escrito en la frente su origen. Por eso, quienes las sufren individualmente carecen de medios para investigar su incidencia epidemiológica. La Sanidad Pública y las estadísticas laborales no conocen estas cifras porque no las han buscado.

Según un informe del Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS), en el año 1999 se produjeron en España 1979 muertes por enfermedades producidas por la exposición a sustancias tóxicas en los puestos de trabajo. De ellas 1100 se debieron a procesos cancerigenos y 700 a patologías cardiovasculares.

Ninguna de estas muertes se reflejan en las estadísticas oficiales. La ocultación de estos casi 1800 muertos por enfermedades producidas por tóxicos en el trabajo, más la ocultación de las víctimas producidas por otras muchas causas de enfermedad profesional, permiten al estado español aparecer en las estadísticas europeas como uno de los cuatro países que declaran menos enfermedades profesionales.

Son las condiciones laborales de explotación especialmente para jóvenes, mujeres e inmigrante, las que matan en una sangría silenciosa y ocultada. Las condiciones de trabajo homicidas tienen como beneficiarios a quienes se lucran con ellas, como cómplices a quienes, sabiéndolo, lo consienten y como víctimas a quienes, con su fuerza de trabajo pierden su salud o su vida. Este proceso ininterrumpido de homicidios en serie sí que debería ser investigado por las autoridades públicas.

PRIVATIZACION SANITARIA

Defender la sanidad pública exige defender también la salud pública, lo que equivale a plantar cara a sus enemigos. El virus más patógeno para nuestra salud, nuestra sanidad, nuestro trabajo, nuestra vejez, nuestra comida y nuestras libertades se llama "Partido Popular". Este virus avanza impetuosamente porque el cuerpo social no es capaz de generalizar los anticuerpos que, hoy aquí y mañana allí, le plantan cara en batallas heroicas pero aisladas.

Por esa razón, ante la agresión sin precedentes sufrida por Luis Montes y el equipo de profesionales del Hospital Severo Ochoa de Leganes, hubiera sido necesario mantener la movilización hasta conseguir la dimisión del Consejero de Sanidad Manuel Lamela, doblando el brazo a sus protectores de las empresas multinacionales y de la dirección del PP. Esta es la forma de resolver los problemas de la Sanidad Pública: castigar y expulsar a sus enemigos.

No hay nada más democrático que derribar a los políticos corrompidos por los dogmas neoliberales y las "mordidas". Estos personajes constituyen un peligro para los derechos humanos, la salud pública y la democracia. Una vez más, se demuestra que no hay equilibrio: si los agresores no reciben su merecido, tras haberles desafiado, se vuelven más peligrosos.

Los responsables del aumento de los "ratios" de muertes en los servicios de urgencias, no son los médicos y el personal de los hospitales saturados, sino la política sanitaria que, al no invertir los recursos proporcionales al aumento del número de usuari@s, deteriora la sanidad pública para promocionar la privada en los sectores de población que puedan pagarla.

Para compensar todas estas deficiencias, los profesionales y trabajador@s de la sanidad pública gastan toda su energía en defender la dignidad de las personas enfermas. Pero cuando, además, se oponen activamente a estas políticas, los responsables de que muchas personas mueran hacinados en las "Urgencias", les acusan a ellos, como es el caso del Hospital Severo Ochoa.

La profundidad del daño que dichos personajes producen en lo más hondo a millones de trabajador@s, enfermos y sus familias, exigiría romper la impunidad de estos jerarcas y llevar la protesta, incluso hasta su propio territorio familiar para que aprendan la lección y para aviso de navegantes. Va siendo hora de que, en el medio sanitario, busquemos formulas para golpear a los empresarios explotadores y a los políticos privatizadores sin hacerlo en el cuerpo de l@s trabajador@s y enferm@s.

Tampoco son l@s trabajador@s de las empresas privadas de la limpieza de los hospitales l@s culpables de la falta de higiene y asepsia que retrasa las operaciones quirúrgicas e, incluso, obliga a cerrar quirófanos porque se multiplican los contagios sino quienes, para ganar más dinero, pretenden imponer esa limpieza especializada, antes en manos de la sanidad pública (auxiliares de clínica), a l@s limpiador@s sin respeto a su convenio, sin la formación adecuada y sin la dotación de las nuevas trabajadoras que exigen las nuevas funciones.

Los desmanes de las contratas de limpieza, ahora multinacionales (Ferrovial - Eurolimp, Kluh Linaer, etc) no serían posibles sin la complicidad de los gerentes y la autoridad política de la Consejería de Sanidad que las protegen. Con la dejación del deber de garantizar el orden y la salud de enfermos, familiares, profesionales y trabajador@s de todos los estamentos, la Comunidad Autónoma de Madrid, no solo lesiona a l@s enferm@s sino también a l@s trabajador@s.

El 60% de la plantilla de limpiezas del hospital Ramón y Cajal ha sido afectada por afonías, sequedad de vías respiratorias, dolores de cabeza y eczemas, habiendo desarrollado dos compañeras una reacción anafiláctica a las sustancias químicas impuestas por Kluh Linaer para la limpieza. Estas dos compañeras han sido declaradas en Incapacidad Laboral Absoluta.

El principal antídoto contra el virus neoliberal que nos enferma, consiste en la organización de la resistencia y la movilización general de los anticuerpos en todo el cuerpo social. Los anticuerpos son los procesos de lucha como el Severo Ochoa y otras batallas que hemos intentado recoger en un modesto libro que hemos escrito[1] . Dicha movilización depende de un buen diagnóstico sobre la enfermedad privatizadora de la Sanidad Pública y las políticas laborales y alimentarias contrarias a nuestra salud. Solo así podremos identificar a los virus antisociales sin dejarnos engañar por su envoltura de derechas o de izquierdas.

Organizar la movilización contra la precariedad y en defensa de la Salud, la Sanidad Pública y la vivienda digna frente a las políticas de derecha, las aplique quien las aplique, constituyen el único tratamiento adecuado para curar la enfermedad sin matar al paciente.

NOTAS

[1] "La Batalla del Ramón y Cajal. Y otras batallas en defensa de la Sanidad Pública. Una mirada autocrítica desde el sindicalismo". VVAA. Ed. Kehaceres. Madrdid. 209 páginas. 9,00 €

 

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