lahaine.org
Estado español :: 19/01/2026

Sobre burbujas y madrigueras digitales. Evolución del “pensamiento” zombi en el Estado español

Albino Prada
Alimentado por unas redes sociales en las que cada vez más gente pasa más tiempo, recibiendo informaciones sesgadas o directamente falsas

La información derivada de la encuesta sobre percepción social de la ciencia y la tecnología (FECYT) tiene mucho interés potencial para rastrear la evolución del pensamiento zombi. Alimentado por unas redes sociales manipuladoras en las que cada vez más gente pasa más tiempo, recibiendo informaciones sesgadas o directamente falsas, en burbujas adictivas, virtuales madrigueras mentales[1].

Lo digo porque al parecer nada menos que cuarenta y dos de cada cien españoles consideran que el Gobierno habría desarrollado virus en laboratorios para controlar su libertad según recogía la prensa en el pasado mes de junio. Se comprobaría así -también entre nosotros- cómo se puede convertir una burbuja sectaria en toda la realidad, pues “las plataformas no reflejaban la realidad, sino que creaban una realidad propia” (Fisher 2024: 280 y 442).

Veamos con algo más de detalle con los datos de la citada encuesta como está concretándose semejante despropósito.

La condición necesaria para hacer realidad estas madrigueras mentales manipuladoras es sin duda la creciente importancia de los medios digitales en el acceso a la información por parte de los ciudadanos. La citada encuesta para el año 2024 en España informa que los principales canales utilizados son las Redes sociales (Facebook, Instagram, X/Twitter) Blogs o foros, que reúnen al 38,5 % de los usuarios. Les siguen las Plataformas de vídeo online, como YouTube, Twitch o TikTok con casi el 32 %, sin olvidar las conversaciones de mensajería instantánea (Whatsapp, Telegram, Line).

De manera que en lo relativo a la ciencia y la tecnología los medios digitales online son ya más determinantes que la televisión y sus diversas plataformas y, desde luego, muy por encima de un recurso digital contrastado y revisado como Wikipedia que apenas lo utilizan cuatro de cada cien. Esta importancia creciente se confirma a lo largo del tiempo pues habrían pasado entre 2004 y 2020 como primera opción del 15 al 41 por ciento de la población.

Sobre esa base está gozando de una singular confianza e influencia la inteligencia artificial y los algoritmos que gobiernan los citados canales. En este sentido se comprueba que dos de cada tres personas afirman haber usado o estado en contacto con algoritmos de recomendación de contenido en redes sociales o plataformas web (64 %). Cierto es que estos algoritmos de recomendación de contenido o productos en redes sociales y sitios web también suscitan una percepción crítica (pues el 41 % considera que los riesgos superan a los beneficios, mientras que un 37 % los valora positivamente).

En resumen: mayoritariamente nos informamos por canales digitales gestionados por algoritmos. Cerca de la mitad de la población usuaria les da credibilidad sin pensárselo dos veces. El resultado es el que avanzaba al comienzo: la proliferación del pensamiento zombi y de teorías de la conspiración. Cito textualmente dos ejemplos de la citada encuesta “Se han producido virus en laboratorios gubernamentales para controlar nuestra libertad (41,6%), la cura para el cáncer existe, pero se mantiene oculta al público por intereses comerciales (33,3%)”. Añadiendo la encuesta que estos resultados “conspiranoicos” son más acusados cuanto menor es el nivel educativo de la población y cuanto más baja es la clase social a la que uno pertenece.

Ante semejante corrosión de la inteligencia social y colectiva no debiera quedar otra que desactivar el algoritmo de las redes (nuestro Hal 9000§ como bien señala M. Fisher en las páginas 479-481 de su ensayo). Pero es aquí donde la ideología de la ley de la selva, de la negación de lo público, del Estado mínimo cierra el círculo en el que están -y seguirán atrapadas- nuestras sociedades zombies.

Por eso sucede que si bien las personas entrevistadas manifiestan un acuerdo ampliamente mayoritario con la afirmación de que, si no se conocen las consecuencias de una nueva tecnología, se debería actuar con cautela y controlar su uso para proteger la salud o el medio ambiente (un robusto 82 %, lo que refleja una sólida adhesión al principio de precaución), a la hora de la verdad (para trasladar este criterio a los algoritmos y a nuestros Hal 9000) las cosas no están tan claras[2].

Pues cuando se pregunta específicamente si las tecnologías basadas en la IA pueden influir en el comportamiento de las personas que las utilizan, solo una persona de cada cuatro se muestra preocupada (quedando las otras tres en manos de los “conspiranoicos”), y cuando se afina aún más y se pregunta “¿Qué institución o instituciones cree que debe regular el uso y el desarrollo de la IA?” la opción de que lo haga el Gobierno solo la respalda el 23% de los entrevistados. Con lo que la alternativa es que el zorro cuide el gallinero.

----

Notas

[1] Para un análisis de fondo de la lógica del hipercapitalismo de Silicon Valley es más que recomendable el ensayo “Las redes del caos” (Península, Barcelona, 2024) de M. Fisher.

§ Nota de la redacción. HAL 9000, cuyo nombre es un acrónimo en inglés de Heuristically Programmed Algorithmic Computer (Computador algorítmico programado heurísticamente), es una supercomputadora o superordenador ficticio de tipo mainframe que aparece en la serie Odisea espacial, iniciada con la novela 2001 A Space Odyssey escrita por Arthur C. Clarke en 1968. HAL es la computadora u ordenador de a bordo, encargada de controlar las funciones vitales de la nave espacial Discovery, cuya inteligencia artificial cambia drásticamente su comportamiento a lo largo del filme. (https://es.wikipedia.org/wiki/HAL_9000).

[2] Pues como argumenta con detalle Matthew T. Huber en su ensayo “El futuro de la revolución” (Errata naturae, 2024) el negacionismo sobre un hecho (colapso climático, transgénicos, superbacterias...), o sobre sus posibles causas, no es tanto una cuestión intelectual como de intereses y presiones empresariales (pp. 139 y ss.). Lo que William Nordhaus como “la industria de la duda” sobre el cambio climático (“El casino del clima” Deusto, 2019, página 439) o “grupos de interés que emponzoñan las aguas del debate medioambiental” (op. cit. p. 21)

Sinpermiso

 

Contactar con La Haine

 

Este sitio web utiliza 'cookies'. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas 'cookies' y la aceptación de nuestra política de 'cookies'.
o

La Haine - Proyecto de desobediencia informativa, acción directa y revolución social

::  [ Acerca de La Haine ]    [ Nota legal ]    Creative Commons License ::

Principal