Sobre España y Kyoto o de porqué sólo reducimos nuestras emisiones cuando hay crisis

La problemática de las emisiones de gases de efecto invernadero es compleja (intervienen multitud de actores y son posibles diversas estrategias), pero el objetivo final parece claro: hay que reducir las emisiones. Algo tan sencillo como la ruta marcada en el protocolo de Kyoto. ¿Qué se ha discutido estos días en Copenhague? La hoja de ruta aprobada en Bali para lograr un acuerdo a largo plazo, con un mandato en el artículo 3.9.
Pero antes de hablar sobre el futuro, resultado de la tortuosa negociación internacional, no debemos olvidar qué es lo que ha pasado hasta el momento. ¿Cómo podemos pedir responsabilidades a otros sin reconocer que hemos evitado asumir nuestras propias responsabilidades? Lo que está en juego no es sólo un bien común, sino el futuro del planeta en que habita la humanidad. Por tanto antes que nada hay que repasar con cierto detenimiento lo que emite España y como estamos dejando de hacer verdadera historia de oportunidades perdidas para conseguir una economía baja en carbono.
El 45% de las emisiones en España dependen del sector industrial, eléctrico, cementero, siderúrgico y refinero, mientras que el otro 55% responde al sector difuso, transporte, residencial, etc. Sobre el primer 45% tienen responsabilidad unas 1000 empresas (1049) y sobre el otro 55% los 45 millones de habitantes del Reino de España. Aunque son evidentes las relaciones entre ambos grupos.
Del 45% que corresponde a los sectores fijos, prácticamente el 5% son refinerías, un 19% aproximado es industria y un 21% actividades energéticas.







