Tensión por las caricaturas de Mahoma: La persecución al humorista Dieudonné

La polémica suscitada por la publicación en un rotativo danés de unas caricaturas de Mahoma ha propiciado que el debate se circunscriba a dos bastiones: el que engrosan los defensores de la libertad de expresión y el que representa a una comunidad, la musulmana, que integran 5.000 millones de personas como una masa irracional y arrebatada por la ira.
Dada la temperatura alcanzada por el debate, no resulta fácil abrir nuevos flancos, aunque una mirada crítica al bando de los defensores de la libertad de expresión sirva para arrojar bastante luz sobre la cuestión.
Diciembre de 2003. Un sketch televisivo desata una polémica que en meses sucesivos adquirirá proporciones inusitadas en un país que idolatra a sus cómicos y les concede un amplio margen de maniobra. El protagonista de la escena no es otro que Dieudonné, quien tras los atentados del 11-S y en plena fiebre militarista en Occidente vino a decir algo así como que «puestos a elegir, prefiero el carisma de Bin Laden al de Bush». Aquella afirmación le valió un proceso judicial por «apología de actos de terrorismo» que se saldó sin condena tras disculparse el artista.
Esta vez, y aprovechando una emisión televisiva en directo, el cómico se enfunda la indumentaria del judío ortodoxo y realiza una aguda crítica a la política de un Estado, Israel, que, según recuerda cuando se le realizan los primeros reproches por su actuación, «nunca engrosó la lista de países democráticos que boicotearon al régimen racista sudafricano».
La incursión televisiva de Dieudonné desata una polvareda mediática de enormes dimensiones. Algo, por otra parte, lógico, habida cuenta del importante peso que la comunidad judía tiene en el sector audiovisual francés. Menos lógica quizás es la comprensión, cuando no el apoyo explícito, que sectores ligados al poder político concedieron en el Estado francés a la «caza de brujas» desatada contra el humorista.
Dicha actitud dio, de hecho, alas a una campaña que tendría su reflejo a las puertas de los teatros y en los tribunales. La ira de la comunidad judía francesa dio pie a que se deformara, hasta resultar grotesca, la imagen de Dieudonné. Este artista, hijo de madre bretona y de padre camerunés, fue presentado como «fascista, antisemita y racista recalcitrante». Y ello a pesar de que Dieudonnéha destacado siempre por la denuncia de las discriminaciones y desigualdades sociales que atraviesan la sociedad gala.
CANDIDATO, COMO COLUCHE
Baste decir que, emulando al siempre admirado Coluche, este humorista iconoclasta presentó una candidatura simbólica a las elecciones legislativas de 1997. Su programa incluía tres medidas estrellas: doblar el presupuesto de Educación, reducir en un 50% el precio de los alquileres y reformar en profundidad una justicia que tiene uno de sus chivos expiatorios en esos miles de jóvenes de las periferias urbanas que idolatran a un cómico que se ha reído una y mil veces de los esterotipos comunitarios, ya sean estos musulmanes, africanos, blancos... Pero que, eso sí, sólo ha tenido que vérselas en los tribunales por un presunto delito de «incitación al odio racial» cuando ha hablado de Israel.
Resultaría interminable describir el particular calvario al que fue sometido Dieudonné y que no cedió en intensidad hasta casi un año después de producida la actuación televisiva. Las reiteradas disculpas del artista a las personas a las que pudiera haber herido con su sketch no sirvieron para calmar la polémica, toda vez que Dieudonné no se privó de denunciar, entre embestida y embestida, los intereses de «ciertos grupos» a la hora de promover las manifestaciones ante sus actuaciones o las interrupciones de sus espectáculos.
La presión, en forma de campaña de internet, saturación de líneas de alcaldías de las ciudades donde actuaba o de los teatros que le contrataban, desbordó el territorio francés. De hecho, el artista vio como varias de sus actuaciones se suspendían en Ginebra y Bruselas.
Uno de los puntos de inflexión en la polémica llegaría con la decisión de la sala más importante de París, el Olympia, de sumarse a esa censura bajo presión de influyentes organizaciones judías. Ante el despropósito, la defensa del artista tomaría cuerpo, a través de internet, pero también secundando sus actuaciones a las puertas de los teatros que las censuraban. 1.500 de sus fans, entre ellos varios artistas, escritores y deportistas de renombre, le acompañaron en su actuación callejera frente al Olympia.
ABSUELTO Y LEJOS DE TV
Finalmente, en mayo de 2004, el Tribunal de París le absolvió de la acusación de «incitación al odio racista» por entender que «el personaje encarnado por el imputado no representaba a las personas de confesión judía sino exclusivamente a una cierta categoría de personas y únicamente en lo que respecta a sus opiniones políticas».
Desde entonces, Dieudonné ha proseguido con una carrera exitosa en el teatro y en cine. Bastante más extraordinario es que le reclamen como invitado en alguno de los muchos programas de humor, variedades y espectáculo que programan las televisiones generalistas francesas. Cosas de la libertad de expresión. -
Casos de Censura
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