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08/11/2016 :: Andalucía

Un lodazal llamado Podemos Málaga

x Juan Gámez
La vida de Podemos en Málaga desde el 2014 para acá ha sido de todo menos tranquila

En un Estado como el español, la atención informativa se suele focalizar habitualmente en lo que pase o deje de pasar en Madrid. Exceptuando el llamado “proceso catalán”, políticamente, lo que pase fuera de Madrid es secundario, desconocido, ignorado, o incluso despreciado, a no ser que de alguna manera los grandes medios de comunicación entiendan que esa noticia pueda afectar al poder político y económico establecido en la capital del Reino de España.

Las noticias relacionadas con Podemos son fruto muchas veces de esa visión centralista, tanto en la visión de la defensa del actual orden establecido tras la muerte de Franco y la Constitución de 1978, como en esa tendencia a la ignorancia y al desprecio de lo que ocurre “en las provincias”. Los grandes medios de comunicación no paran de hablarnos de la disputa por el control de Podemos en la Comunidad de Madrid, y es ahí donde efectivamente debemos enmacarcar el “caso Espinar”, en ese enfrentamiento entre errejonismo y pablismo, que se ha aliado con unos emergentes Anticapitalistas que ven ahora, después de dos años y del desastre de Vistalegre, el momento de reclamar su cuota de poder. Pero mientras eso ocurre en Madrid, procesos similares se están abriendo en el resto del Estado, concretamente nos vamos a referir al proceso abierto para el Consejo Ciudadano de Málaga, en el que un caso como el de Espinar y el nivel de “guerra sucia” interna se están quedando cortos. Hay quien se refiere a esa disputa malagueña por el control del Consejo Ciudadano como el “Podemos Málaga Civil Wars”, en referencia a esa “Civil Wars” de los conocidos personajes de Marvel, solo que aquí el tono épico y los superhéroes dejan su lugar a elementos mezquinos y arribistas, a pomposos burócratas o aspirantes a ello, y tristemente, a títeres manejados al antojo de los diferentes intereses personales de cada uno. Ni que decir tiene que un ambiente así las diferencias políticas, de criterio, las propuestas, o los programas son un mero decorado o parte del atrezzo, nada más.

 

“Podemos Málaga Civil Wars”

La vida de Podemos en Málaga desde el 2014 para acá ha sido de todo menos tranquila, todo empezó con la elección como secretario general del Consejo Ciudadano del joven José Vargas, candidato crítico y situado organizativamente en lo que más tarde, en el 2015, se denominaría como IZAR (Izquierda Anticapitalista Revolucionaria), un partido trotskista nacido de las expulsiones de elementos críticos llevadas a cabo en el seno de Anticapitalistas en Andalucía fundamentalmente, ya que uno de los detonantes de las expulsiones fue el pacto entre Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias para que esta última fuera la candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía en las elecciones de marzo de 2015.
Desde entonces, todo fue un ir y venir de conspiraciones para derrocar al joven José Vargas y hacerle la vida organizativamente imposible. José Vargas terminaría finalmente presentando su dimisión y desapareciendo.

Desde entonces mucho ha llovido o poco según se mire. Tratar de resumir la contienda planteada por el control de Podemos Málaga se presenta como una tarea complicada, desde finales de septiembre hasta hoy, cuando empiezan las votaciones a las primarias del Consejo Ciudadano.

El escándalo estalla a finales de septiembre en el partido instrumental municipalista Málaga Ahora, formado por Podemos, Equo, Partido Humanista –sí, han leído bien, la secta de los Humanistas-, miembros de la Marea Verde y de la PAH en Málaga y personas independientes. Hay dos vertientes que convergen en el mismo punto: el control del dinero de Málaga Ahora. Las concejalas Ysabel Torralbo, Rosa Galindo e Isabel Jiménez, acusan a su compañero, el también concejal de Málaga Ahora, Juanjo Espinosa, de querer controlar, junto a su sombra en todo este oscuro asunto, el italoargentino Nicolás Sguiglia, el dinero de Málaga Ahora para su campaña a liderar el Consejo Ciudadano malagueño y poner a Málaga Ahora al servicio de Podemos. Pero no queda ahí la cosa, las tres concejalas acusan a su todavía compañero de no justificar más de 4000 euros en gastos del grupo municipal. El asunto continúa con la lógica marcha de Juanjo Espinosa, que queda como concejal no adscrito, al tiempo que anuncia su candidatura a la secretaría general de Podemos Málaga que se cristaliza en “Podemos en Movimiento”. Espinosa da una rueda de prensa en la que, según él, presenta justificación de los gastos, pero se desvela que las facturas presentadas no tienen nada que ver con los gastos de funcionamiento propios de un grupo municipal: alcohol, compresas, detergentes, etc. Según diversas informaciones aparecidas en la prensa local, esos gastos son los propios de la red de locales de Málaga Ahora (Las Colmenas) y de eventos que coinciden con actividades de Podemos, especialmente en periodos electorales. Espinosa y su candidatura apelan a la “guerra sucia” y al “fango” que se está lanzando contra ellos, pero en realidad no ha justificado los gastos que le requieren sus ex compañeras. Si han seguido atentos la narración, en este asunto estamos hablando presuntamente de malversación de caudales públicos, prevaricación y facturas falsas, ¿aún siguen pensando que lo de Espinar es grave?

Tres son las candidaturas que se disputan el Consejo Ciudadano malagueño, la ya dicha, “Podemos en Movimiento”, encabezada por Espinosa y que resulta de una alianza entre pablistas y Anticapitalistas, de hecho ha recibido el apoyo público de Teresa Rodríguez. La segunda en liza es la candidatura errejonista “Un Podemos para Málaga” encabezada por el diputado en Madrid, Alberto Montero; y la tercera, es “En Málaga Sumamos”, encabezada por Margarita Reyes y que es la candidatura que apoya Málaga Ahora, o más concretamente la concejala, Ysabel Torralbo.

“Podemos en Movimiento” quiere identificarse con lo que son ahora mismo los lemas del pablismo aliado a los Anticapitalistas: una retórica vacía y muy contradictoria que apela a la radicalidad de las palabras, que no de los hechos, y a la movilización social, pero eso sí, una movilización social cuyo objetivo no es otro que los réditos electorales, no la conquista de poder popular y la transformación social revolucionaria. “Un Podemos para Málaga”, por su parte, es la candidatura propia del errejonismo: técnicos y burócratas, meros gestores que prometen hacerlo todo muy bien en un ambiente aséptico, ni de izquierdas ni de derechas, ni frío ni calor. Por su parte, “En Málaga Sumamos”, es una candidatura de aluvión, de rebotados de uno u otro sector, unidos por su odio o animadversión personal a los miembros de las otras dos candidaturas, y que como ya hemos apuntado cuenta con el apoyo de Málaga Ahora, aunque no de forma pública.

Los tres sectores están utilizando todas las armas a su disposición los unos contra los otros. Lo último ha sido la impugnación por parte de “En Málaga Sumamos” de las otras dos candidaturas por incumplir los códigos éticos.

 

Y la política pasó a mejor vida

Son muchas las piezas que no hemos encajado en este rompecabezas para no impedir que el lector o la lectora se concentre en lo fundamental: la incapacidad de Podemos , y de particularmente Podemos Málaga, para erigirse en una alternativa política para las clases trabajadoras y populares. Y este mal no es de ahora, viene desde sus inicios en las Europeas de 2014. Hemos dejado fuera del lodazal el papel de La Casa invisible (edificio “okupado” pero con permiso del Ayuntamiento de Málaga, del PP) y de sus gestores, enfrentados dentro de Podemos. También hemos dejado fuera el papel de Nicolás Sguiglia, personaje oscuro, que es quien de verdad dirige los pasos políticos de Juanjo Espinosa y de la candidatura “Podemos en Movimiento”, y que cuenta con el firme respaldo a su persona de la corriente Anticapitalistas; también hemos dejado fuera a otros miembros de la candidatura de Espinosa, de Montero o de Reyes, de extrañas intenciones y trayectorias. No es una cuestión de personas, sino de propuestas políticas para la gente trabajadora, y de eso hay poco, más bien nada. También hemos querido dejar fuera, por su irrelevancia, el papel que han jugado determinadas organizaciones de izquierda revolucionaria (trotskistas y marxistas-leninistas), contrarias a Podemos públicamente, pero que han participado en su seno (y quién sabe si siguen aún participando), a veces de forma explícita y otras no.

Las tres candidaturas han hecho gala no solo de su capacidad para lanzar mierda en el lodazal, sino también de una extraordinaria capacidad para no decir nada políticamente significativo, más allá de “dar el poder a las bases”, “protagonismo de los círculos”, apelar en abstracto a la movilización social, o a “feminizar” Podemos. No hay nada, no hay política en el sentido transformador y revolucionario del término, solo hay una versión de serie B de “Juego de Tronos”. Por supuesto, esta cuestión de fondo no solo está ocurriendo en Málaga, sino en todo el Estado.

Pero sí hay que hacer notar algo, ahora que tanto se apela por parte de un sector de la dirección de Podemos a la movilización social, y es la proliferación de elementos que se han caracterizado en estos años por la utilización de los movimientos sociales y de la movilización popular para encauzar sus carreras políticas personales; la candidatura “Podemos en Movimiento” es un buen ejemplo de ello, de elementos que han utilizado la Marea Verde o el SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores) para su promoción personal. El movimiento popular ha de tomar buena nota de ello para el próximo periodo y no permitir de ninguna de las maneras que la lucha por nuestros derechos más elementales y legítimos sea el trampolín de nadie.

El lodazal malagueño, es el de Andalucía y el de todo el Estado español, y no solo es el de Podemos, sino el del conjunto de todo la izquierda, incluida, la izquierda revolucionaria, incapaz de plantear una alternativa.

Juan Gámez

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