ZP es José Luis Rodríguez Zapatero, ex presidente de gobierno
Sus defensores olvidan que la peor reforma laboral, eliminando derechos de los trabajadores, afinando el despido libre, legalizando la "flexibilidad" laboral, se realizó bajo el gobierno de ZP
A falta de una resolución judicial, el juez de la Audiencia Nacional, José Luis Calama, ha citado a declarar al ex presidente de Gobierno entre 2004 y 2011, Rodríguez Zapatero, en calidad de investigado por los presuntos delitos de organización criminal, blanqueo de capitales, tráfico de influencias, apropiación indebida y falsedad documental. Independientemente de su origen o intereses espurios por llevar al ex presidente al banquillo de los acusados, es posible coincidir con las palabras del diputado y portavoz de Esquerra Republicana de Cataluña en el Congreso, Gabriel Rufián: “Si es verdad, es una mierda; si es mentira, es una mierda aún mayor”.
Los hechos investigados acontecen en 2020, y guardan relación con el rescate de la aerolínea Plus Ultra y el cobro de 490 780 euros, según sumario. Sea cual sea la verdad judicial alcanzada, la figura del ex presidente ZP entra en liza como botín de guerra para la derecha y Vox, cerrando el círculo contra Pedro Sánchez. El objetivo, hacer caer el gobierno y convocar elecciones. En esta dirección todo vale. Además, la derecha española no perdona a ZP su rol mediador en Venezuela entre gobierno y derecha. Actividad puesta en valor por ambas partes.
Ante las imputaciones, la respuesta del PSOE es decepcionante. Para una mayoría de sus militantes, ZP es incorrupto y el mejor presidente que ha tenido la monarquía. El único que no ha visto imputar por corrupción a ninguno de sus ministros. Dicha afirmación se acompaña de sus logros: retirada de las tropas españolas en Irak, el fin de ETA, la ley de memoria histórica, el reconocimiento del matrimonio igualitario y la ley de igualdad entre hombres y mujeres.
Para contrarrestar los argumentos contra Zapatero, el PSOE dirige los tiros hacia el PP y Vox declamando “¡no den lecciones de corrupción!” Acompañado del “¡y tú más!” A continuación, se eleva la figura de ZP a la categoría de santo. En este rifirrafe, una parte la izquierda institucional y antiguos socios, como Podemos, señalan a Zapatero como un activo al cual reivindicar y el vivir un nuevo caso de manipulación judicial. Sus defensores olvidan que la peor reforma laboral que conoció el Estado español, eliminando derechos de los trabajadores, afinando el despido libre, legalizando la "flexibilidad" laboral, el abaratamiento de las indemnizaciones, se realizó bajo el gobierno de ZP, y cuyo efecto fue una huelga general de los trabajadores. De frágil memoria, obvian las políticas de ajustes recomendadas por la Troika.
En 2011, bajo su mandato, transcurridos seis años de gobierno, surgió el movimiento 15M de indignados, entre otras causas por el ambiente de corrupción generalizada en la vida pública, haciéndose popular el lema “PSOE y PP la misma mierda es”, seguido por “lo llaman democracia y no lo es” o el “no nos representan”.
Es verdad, nadie es corrupto hasta que se demuestre lo contrario. La presunción de inocencia vaya por delante. Hasta Felipe Gónzalez, el Señor X de los GAL, sale en su defensa, señalando “no atreverse a creer la acusación contra Zapatero”. Sin embargo, la investigación a ZP habla de un sistema que facilita a ex presidentes, ministros y altos funcionarios, del color que sean, que puedan desarrollar actividades que, sin ser ilegales, rayan la inmoralidad y la falta de deber ético. Y es en ese ámbito donde debemos ubicar la crítica.
Seguramente los trabajos de consultoría realizados por ZP para el empresario Julio Martínez, amigo y propietario de la empresa Análisis Relevante, tengan justificación en facturas declaradas y dineros cobrados. Además, que un ex presidente pida contratar la empresa de sus hijas para realizar las campañas publicitarias donde presta servicios no debe extrañar ¿Qué padre no lo haría? En este sentido, ¿cuál es la línea divisoria entre tráfico de influencias y un favor personal? ¿Cuál el límite para considerar las relaciones nacidas a posteriori de ejercer cargo público una trama corrupta o pasar a ser tráfico de influencias? Sin una ley que lo señale, entramos en el limbo. Los lobby blanquean la cara a políticos que han tenido cargos públicos y pasan a cobrar de empresas privadas trasnacionales. Nada ilegal, aunque rechine.
Pero en una sociedad que se dice democrática, es inconcebible que ex presidentes de gobiernos y altos cargos se lucren de una actividad para la cual no fueron elegidos y hagan alarde de ello. Recordemos, los ex presidentes cobran elevados sueldos vitalicios, gozan de regalías, privilegios, y deben un comportamiento ético y moral intachable. Es la contrapartida por haber sido elegidos por sus conciudadanos para representarlos y una manera de retribuirles su confianza a posteriori.
No se trata de jubilarlos, sino de acotar sus actividades tras el fin de sus mandatos. Lo suyo, reintegrarse a sus profesiones o actividades de las cuales proceden. Lo mismo para un ex ministro, diputado, senador o alcalde. Un docente debe regresar a sus aulas. Un médico a su consulta, un trabajador minero a la mina, un comerciante a su empresa, un albañil a la obra, un campesino a su labranza. No busquemos excusas. Todo lo demás es inmoral y rompe el sentido ético de participar en la política con mayúsculas.
La Jornada







