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Estado español, Estado español :: 07/09/2026

Airbus cierra un acuerdo por arriba para reventar la huelga indefinida

Kaosenlared
Airbus anunció un principio de acuerdo con CCOO, UGT, ATP y SIPA a espaldas de las asambleas de trabajadores y del comité de huelga tras semanas de huelga indefinida

CGT y ÚTIL denuncian haber quedado fuera de la negociación. Ahora la plantilla tiene la última palabra: aceptar un acuerdo que no resuelve todas las reivindicaciones o mantener la lucha.

La dirección de Airbus ya tiene la fotografía que buscaba: un principio de acuerdo con los «sindicatos mayoritarios» para intentar poner punto final a una huelga que durante semanas ha paralizado el funcionamiento de sus plantas en el Estado Español.

El acuerdo ha sido anunciado este viernes tras la intervención del propio ministro de industria y del CEO de Airbus. La empresa ha cerrado un acuerdo con CCOO, UGT, ATP y SIPA que incluye mejoras salariales y algunas modificaciones en las condiciones laborales. El documento deberá ser sometido ahora a votación de la plantilla.

Sin embargo, mientras el Gobierno celebra el principio de acuerdo y la empresa busca recuperar la normalidad, dos de los sindicatos que han formado parte de la convocatoria de huelga, CGT y ÚTIL, no han participado en esta negociación final y, lo que es más decisivo, el comité de huelga, verdadera representación de los trabajadores en lucha, ha sido ninguneado. Y la huelga no comenzó porque los trabajadores quisieran provocar una crisis empresarial: comenzó porque una parte importante de la plantilla consideró insuficientes las propuestas de Airbus y decidió utilizar la herramienta que tiene cualquier trabajador para defender sus condiciones: parar la producción.

La huelga ha obligado a Airbus a moverse

Conviene no perder de vista cómo se ha llegado hasta aquí. El conflicto viene arrastrándose desde julio y tiene como uno de sus principales detonantes la pérdida de poder adquisitivo acumulada desde la pandemia. La huelga indefinida comenzó el 24 de agosto y ha afectado a centros de Airbus en distintos puntos del Estado.

Antes de este nuevo principio de acuerdo, la plantilla había rechazado continuar por el camino de una suspensión de los paros. En una votación, el 81,2 % respaldó mantener la huelga, con centros como Getafe, Albacete, Cádiz y Sevilla apostando por continuar la movilización. Es la huelga de los trabajadores la que ha obligado a Airbus a mejorar sucesivamente sus propuestas. No fue la buena voluntad de Airbus la que produjo las mejoras. Fue la movilización.

Un acuerdo que debe mirarse con lupa

La propuesta anunciada contempla el IPC real y una recuperación adicional del poder adquisitivo del 7,95 % hasta 2029. También incorpora cuestiones relativas al teletrabajo, vacaciones y comedor.

Son avances respecto a posiciones anteriores de la compañía. Pero eso no significa automáticamente que sean suficientes. Hay una pregunta que debería estar encima de cualquier consulta: ¿El acuerdo recupera realmente todo lo perdido y resuelve las reivindicaciones que llevaron a miles de trabajadores a la huelga?

Porque una cosa es conseguir que Airbus mejore su oferta y otra muy diferente es recuperar completamente el poder adquisitivo perdido, blindar derechos y evitar que determinadas condiciones vuelvan a quedar a merced de futuras decisiones de la dirección.

La letra pequeña será decisiva. Y también lo será comprobar qué ocurre con reivindicaciones que van más allá del salario: teletrabajo, vacaciones, comedor, transporte, organización del trabajo y otras cuestiones que han alimentado el malestar en las plantas.

¿Por qué negociar el final de una huelga sin contar con el comité de huelga?

Airbus había cerrado el 2 de septiembre la mesa de negociación con CGT, UGT y ÚTIL, mientras anunciaba que continuaría hablando con sindicatos que no habían convocado los paros. El comité de huelga llegó a plantearse incluso acciones legales contra la empresa por la apertura de mesas paralelas de negociación.

Y ahora el principio de acuerdo se anuncia con cuatro sindicatos que representan, según la empresa y las informaciones publicadas, al 88 % de la representación sindical. La cifra puede utilizarse para presentar el acuerdo como ampliamente respaldado. Pero la legitimidad de una salida al conflicto no se mide por el porcentaje de representación obtenido en unas elecciones sindicales, sino por la negociación con el comité de huelga y por la decisión última de los propios trabajadores en lucha.

Que decidan las asambleas

Aquí está la cuestión central. Si Airbus y los sindicatos que han esquiroleado la huelga quiere terminar con ella, que la plantilla decida. Pero que con toda la información encima de la mesa, conociendo qué se ha conseguido, qué se ha perdido y qué reivindicaciones quedan pendientes. La plantilla debe poder discutirlo colectivamente, sin prisas y sin presiones para aceptar rápidamente el acuerdo con el argumento de que «es lo máximo que se puede conseguir», o presentando la vuelta al trabajo como la única opción razonable mientras se califica de irresponsable continuar con la movilización.

La huelga ha demostrado precisamente lo contrario: cuando los trabajadores se organizan desde la base y mantienen la presión, las empresas se ven obligadas a negociar. Por eso resulta fundamental que las asambleas recuperen el protagonismo. Porque si las mejoras se han conseguido gracias a la huelga, son los trabajadores quienes tienen el derecho a decidir cómo termina o si debe continuar porque el acuerdo es insuficiente.

Que hablen las asambleas. Que se conozca toda la letra pequeña. Que todos los sindicatos puedan defender sus posiciones. Y que sean los trabajadores, no Airbus, el Gobierno ni las direcciones sindicales, quienes tengan la última palabra.

La huelga no es el problema que hay que apagar. Es la fuerza que ha permitido arrancar concesiones. Ahora toca decidir si esas concesiones son suficientes para volver al trabajo o si todavía queda demasiado por conquistar.

 

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