Desmontando la propaganda ultraderechista del humor de Santiago Segura

Santiago Segura no sólo entretiene: adoctrina emocionalmente. Su humor, opera como un lenguaje de reconciliación con los valores de la propaganda ultraderechista. El espectador ríe con alivio: no tanto porque se reconozca en la parodia, sino porque la parodia absuelve aquello que parodia.
El truco reside en la pedagogía afectiva de la risa. Con Segura el prejuicio acaba pareciendo ingenio, la brutalidad semeja picardía y el desprecio puede ser incluso ternura. Bajo la funda del humor lo que se reintroduce es el macho autoritario, la mujer subordinada, el pobre gracioso y el inmigrante caricatural.
El viejo repertorio del imaginario español se reactualiza como “carácter nacional”. Y la audiencia , en lugar de interrogarse sobre su objetivo político. lo celebra como elemento identitario.
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La ultraderecha comprende esta potencialidad . Su propaganda no necesita sólo odio y miedo, también precisa humoristas que legitimen su lenguaje en formato de broma viral. La risa, cuando se comparte, se convierte en vínculo, y esa comunidad de la broma -masculina, cómplice- articula la comunidad política ultraderechista.
Lo que circula no es sólo contenido humorístico, sino aceptar lo intolerable, siempre que venga envuelto en carcajada. Cuando todo puede decirse riendo, el insulto deja de parecerlo.
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