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30/04/2020 :: Euskal Herria

Documento de posiciones politicas en la crisis provocada por el covid-19

x Herri Gorri

1-APUNTES DE CONTEXTO

La coyuntura de crisis provocada por el COVID-19 surge dentro de un contexto general que da forma a la crisis y establece las condiciones en las que se desarrolla. Dicho de otro modo, esta crisis, no hace “borrón y cuenta nueva” en la lucha de clases y las correlaciones de fuerzas. La correcta caracterización de la brutal crisis económico-social, con un terrible aumento de la pobreza relativa y absoluta entre el proletariado, incluso con riesgos de asumir la forma de crisis humanitaria, con graves privaciones en los bienes y servicios más esenciales, no generan LAS condiciones de lucha de clases, sino que la lucha de clases y las correlaciones de fuerzas, siguen estando dominadas por los elementos generales de un contexto previo y simultáneo a la crisis del COVID-19.

En términos económicos, la crisis actual ha estallado en un contexto general de desaceleración económica, con un problema estructural de sobreacumulación del sistema capitalista incluso anterior a la anterior crisis del 2008 y tengamos en cuenta que la recuperación macroeconómica que comienza a gestarse a partir del 2015, se realiza a costa de disparar los niveles de endeudamiento de los estados y transformar los diversos instrumentos de deuda soberana en uno de los más importantes -y frágiles- instrumentos financieros de especulación y valorización de capitales.

Además la crisis del 2008 abrió una fase de recomposición económico-financiera en la que el bloque en el poder, desencadenó una ofensiva neoliberal contra el proletariado y los sectores populares que triunfó de manera aplastante. Una ofensiva que no sólo significó reducciones de los salarios directos y una precarización de las condiciones de empleo, sino que también se vieron afectados incluso en mayor medida, los elementos indirectos de los salarios, con una pérdida de bienestar económico y social que, en mayor o menor medida, ha afectado a todas las fracciones del proletariado, siendo la juventud y las y los pensionistas, los sectores más afectadas y afectados y un aumento general de la pobreza, llegándose a un 25% de la población del Estado español por debajo del umbral de pobreza fijado por la propia Unión Europea.

Por tanto, la crisis del COVID-19 estalla en una situación en la que no hay márgenes para apretarse más el “cinturón”. Tras cuarenta días de confinamiento y paralización de la actividad económica y productiva no esencial, tenemos ya muchos casos en nuestros barrios y pueblos, de vecinas y vecinos que comienzan a vivir como un problema acuciante poder comer… y lo más impactante e indignante, es que la ideología dominante ha logrado imponerse de tal modo, que para muchos sectores del proletariado en muy difíciles condiciones económicas, la pobreza es vivida desde la vergüenza, como un fracaso individual y familiar y son reacios a reconocer su situación crítica.

Sirvan estas pinceladas para hacernos una idea de la situación en la que esta crisis provocada por el COVID-19 ha estallado y los riesgos a los que nos enfrentamos la clase trabajadora y los sectores populares en el proceso de reconstrucción económica pues la oligarquía, tanto en el Estado español como en Hegoalde, mantiene su hegemonía y en posición de fuerza, tratará de recomponer las condiciones políticas y económicas necesarias para la anunciada “reconstrucción económica y social”.

2-CORRELACIONES DE FUERZAS

Considerar la crisis económica y social a la que asistimos como más profunda y grave que la del 2008, reforzando esta tesis con los diferentes y variados análisis económicos que perfilan, en variantes más o menos pesimistas, la envergadura del colapso económico de oferta, demanda y empleo, llegándose a estimar en hasta un 10% la caída del Producto Interior Bruto, forma parte de la caracterización de la coyuntura en la que nos encontramos.

Ahora bien, en HERRI GORRI entendemos que la coyuntura de crisis en la que nos encontramos no va a ser la antesala de un proceso de ruptura revolucionaria, como tampoco consideramos que la crítica situación a la que el proletariado se va a ver sometido, abra las condiciones para que un programa político revolucionario y una agitación y propaganda en torno a una línea política de estas características, genere un proceso de acumulación de fuerzas con capacidad de construir un bloque con suficiente “masa crítica” como para alcanzar relevancia y entidad política.

Y no, no es derrotismo, ni oportunismo, ni reformismo, es simplemente analizar las correlaciones de fuerzas existentes, la posición en fuerza del bloque en el poder e incluso -dato importante- la constatación del carácter minoritario del reformismo en sus diferentes vertientes y la capacidad por parte del bloque reaccionario y de ultraderecha, de sumar sectores populares y del proletariado a su proyecto político.

En HERRI GORRI, como militantes comunistas, sabemos que la salida a la crisis del COVID-19, pasa por expropiar la banca, nacionalizar y/o socializar las empresas de bienes y servicios esenciales, redefinir las relaciones con la Unión Europea con el impago de la deuda ilegítima como cuestión de mínimos y que sólo la planificación racional de la economía, puede ayudarnos a combatir la crisis ecológica. ¿Qué otra alternativa hay a la barbarie capitalista que el socialismo? Pero enarbolar un programa de estas características, implica un necesario recorrido previo de trabajo político, organización, creación de estructuras de cuadros militantes y referencialidad en la clase trabajadora y el proletariado en general.

El pasado 15 de Febrero, publicamos el documento “POSICIONES POLITICAS: DEFINICIONES DE CONTEXTO Y TACTICA POLITICA”. En dicho documento, afirmando la coincidencia en principios y orientación estratégica socialista con otras organizaciones del campo revolucionario. Arrgumentábamos también las divergencias que habíamos identificado a la hora de plantear una línea de intervención política en el ámbito táctico de la lucha de clases, en el “análisis concreto de la realidad concreta” y las condiciones de posibilidad para desarrollar una línea política revolucionaria. Una línea revolucionaria que lo debe ser en su orientación, no en enarbolar consignas y principios programáticos totalmente desconectados de las masas y de la realidad material de la lucha de clases.

En dicho documento, planteábamos también dos consignas que consideramos válidas y que condensan las conclusiones del debate que en HERRI GORRI desarrollamos a lo largo del pasado año 2019:

-Ser la izquierda “de la izquierda”, combatiendo en el ámbito de las luchas populares para construir organización y referencialidad política con una orientación socialista.

-Mantener las posiciones más avanzadas en cada uno de los frentes de la lucha de clases, “un paso por delante de las masas, ni dos, ni tres”, pues de otro modo no estableceríamos la necesaria relación política e ideológica con el proletariado.

Consideramos importante también fijar unas premisas fundamentales sobre las que planteamos nuestra línea política en la coyuntura de crisis actual, para evitar planteamientos idealistas, demagógicos y alejados de la realidad material de la lucha de clases.

1-El Régimen del 78 no se encuentra ante una crisis de legitimación. Llevamos una década leyendo y escuchando hablar sobre el colapso del Régimen del 78, de sus grietas y de su eventual derrumbe, pero la realidad es que ha demostrado su capacidad para gestionar las contradicciones que se le presentan. El incremento de la pobreza, las desigualdades sociales, el recorte de derechos y libertades, son factores que pueden llegar generar una crisis de legitimidad si el Régimen comienza a verse desbordado por una creciente incapacidad de gestionar contradicciones, pero la condición para que esto ocurra, requiere que una alternativa política, económica y social organizada, algo hoy inexistente.

Este punto lo consideramos esencial a la hora de abordar una línea política correcta, pues cualquier posición que prevea un colapso del Régimen del 78 inminente y que cuatro consignas acompañadas agitación y propaganda de principios ideológicos generales, son suficientes para acumular fuerzas en torno a un programa de ruptura y derribarlo, entran en el terreno del idealismo, el voluntarismo y la más pura y simple demagogia.

2-Ligado al punto anterior, y ya lo explicitamos en nuestro documento “POSICIONES POLITICAS: DEFINICIONES DE CONTEXTO Y TACTICA POLITICA” (1) en el Estado español identificamos dos bloques sociopolíticos, uno demócrata-progresista y otro reaccionario-ultraderechista, que determinan el terreno de juego político. La crisis del COVID-19 surge y se desarrolla en este contexto, considerando como incorrecta cualquier posición que no la tome como premisa y considere que “en sí misma” la crisis genera una transformación de las correlaciones de fuerzas, debido a que en el proletariado se ha desarrollado una “toma de conciencia” en términos de ruptura.

3-La crisis del COVID-19 y sus efectos económicos y sociales, así como políticos, “en sí mismos” no van a posicionar al movimiento comunista en condiciones más favorables para lograr una referencialidad entre el proletariado, incluso acertando en una correcta caracterización de la crisis y sus consecuencias, si no se desarrolla una línea política de intervención congruente y fundada en las correlaciones de fuerzas existentes y no en las que se desearían. Siguiendo con las posiciones que manifestamos en nuestro documento del pasado 15 de febrero, en HERRI GORRI entendemos que -incluso en la coyuntura actual- no existen condiciones para crear un espacio político específicamente de ruptura con capacidad de acumular fuerzas con “masa crítica” suficiente.

En HERRI GORRI utilizamos el concepto de “suelo político”, para identificar el grado medio de conciencia crítica respecto al sistema realmente existente en la coyuntura actual, con el objetivo de valorar las correlaciones de fuerzas existentes y la línea política que debemos plantear. En este sentido estamos convencidos que entre amplios sectores del proletariado y de los diferentes sectores populares, existe una conciencia mayoritariamente sobre que el proceso de reconstrucción económica y social tras la superación de la emergencia sanitaria, no puede plantearse desde los parámetros neoliberales utilizados tras la crisis del 2008. Existe la idea fuerza de que esta crisis no la vamos a pagar los mismos, lo que no es poco y nosotras y nosotros debemos reforzarla, para abrir realmente un proceso de deslegitimación del Régimen del 78.

A este suelo político fundamental, podemos añadir cómo se ha visto de manera muy clara, las implicaciones que han tenido las políticas de recortes en la sanidad pública, con reducciones de personal, de medios y recursos y la inmoralidad de los gestores de la sanidad privada, con clínicas y UCIs vacías en los momentos en los que el sistema sanitario público llegó a encontrarse al borde del colapso. Unos recortes en el sistema público sanitario y una expansión de la sanidad privada que convierte el derecho a la salud en un negocio sometido a la rentabilidad cortoplacista, que tiene culpables con nombres, apellidos y siglas partidistas.

También hemos asistido a lo largo del confinamiento y la emergencia sanitaria, al surgimiento de redes de solidaridad básica en barrios y pueblos, producto de la auto-organización de vecinos y vecinas y de iniciativas de autodefensa laboral y de carácter asistencialista, por parte de militantes políticos y sociales que entienden que el comunismo se comienza a construir por la base, no desde las alturas de vanguardias de turno.

En HERRI GORRI, hace tiempo que abandonamos una concepción épica de la lucha de clases. La lucha de clases, y más aún en contextos en los que el bloque en el poder está en posición de fuerza, no es épica… no hay asaltos a los cielos, ni al Palacio de La Moncloa, hay trabajo a pie de calle, junto a sectores ni mucho menos comunistas, entre los que ganar fuerza y legitimidad y reforzar las estructuras de militancia. Una militancia formada en los principios marxistas-leninistas que, preservando la orientación socialista y revolucionaria, tiene la capacidad de participar en las luchas tácticas, en la consecución de pequeñas victorias que conducen a nuevos estadios de organización y de capacidad política. No estamos inventando la rueda.

HERRI GORRI tampoco va a defender una línea de “tierra quemada” respecto al gobierno demócrata-progresista. Sólo desde la irresponsabilidad más absoluta y desde el sectarismo más infame, puede equipararse aún con sus errores, algunos graves y otros muy graves en la gestión de la crisis por parte del gobierno PSOE-UNIDAS PODEMOS, con lo que hubiera significado estar en manos del Partido Popular y sus escisiones ultraderechistas y filofascistas.

Reconociendo que el gobierno PSOE-UP es puro y simple Régimen del 78, la coyuntura en la que nos encontramos encuentra como enemigo principal a batir al bloque reaccionario de ultraderecha, siendo nuestra posición la de presionar y exigir al gobierno que cumpla con sus obligaciones progresistas y democráticas, reforzar las contradicciones y, de manera simultánea, ganar posiciones políticas entre los sectores que apoyan de manera abierta al gobierno, para atraerlos hacia posiciones políticamente más avanzadas.

3-ELEMENTOS PROGRAMATICOS NECESARIOS AQUI Y AHORA

Como comunistas debemos entender nuestra debilidad político-organizativa y, de manera simultánea, preservar nuestros principios y orientación estratégica socialista, desarrollando una línea de intervención política táctica en la que seamos capaces de fijar una línea de demarcación entre el oportunismo/reformismo y la lucha en torno a reformas y avances que nos posicionen como referentes entre el proletariado. Huelga decir que no es sencillo ni mucho menos.

Asistiremos a una fase post-emergencia sanitaria, en la que de manera más explícita los elementos de la crisis económica y social provocada por el COVID-19 serán vividos y sufridos por el proletariado y las diferentes fuerzas político-electorales, tratarán de llevar a su terreno los réditos políticos que puedan entresacar de esta situación sin más horizonte que el de incrementar su poder institucional y electoral.

Lo fácil sería mantenernos en el espacio ideológico-político “comunista” compitiendo en el terreno de las consignas incendiarias, “ultra-revolucionarias”, con aspiración a participar en el terreno de los goteos de adhesiones y militantes. ¿A qué colectivo comunista, dadas las circunstancias, no le viene bien 100 nuevos seguidores en twitter, 100 nuevas visitas a la página web de la organización o contar con una docena de nuevos simpatizantes de los que alguno quizás incluso termine convirtiéndose en militante? Tal es la desgracia de nuestro movimiento en una coyuntura como la que nos toca gestionar políticamente.

Pero la realidad es que hay gente que lo está pasando mal en este mismo momento. Trabajadoras y trabajadores que no pueden pagar la hipoteca o el alquiler, que sus hijos o hijas no pueden recibir clases por video-llamada porque no pueden pagar a la compañía de telecomunicaciones de turno y que cada vez les resulta más difícil comprar en el supermercado. Hombres y mujeres de nuestro barrio o pueblo, con los que hemos compartido una cerveza o un vino, con ERTEs ficticios, porque deben seguir trabajando, que han descubierto que el teletrabajo en casa es aún más alienante y explotador que el que desarrollaban presencialmente o que han experimentado en los tiempos del COVID-19, mayor explotación que antes. A poco que algún o alguna comunista se haya interesado por la situación de su barrio o pueblo, habrá comprobado que los bancos de alimentos han tenido que ampliar sus coberturas, de vecinos y vecinas que cuentan sus experiencias entre lágrimas, explicando como no pueden comprar en el super o que las tarjetas del EROSKI ya las han gastado y no pueden dar de comer a sus hijas e hijos. Y qué decir de los autónomos, sean “falsos”, obligados por sus empresas o reales, trabajando 14 horas en la barra de un bar o de todos y cada uno de esos gremios, taxistas, fontaneros, electricistas o albañiles, para los que no trabajar implica no cobrar y no cobrar implica no comer, comprarse ropa o dar alguna satisfacción a un hijo o una hija.

Esto es lo que hay… esta gente, proletariado que instintivamente sabe que la derecha y la ultraderecha son enemigos, aún sin demasiados conocimientos de política y con una “defectuosa” conciencia de clase según los parámetros de ciertas organizaciones “revolucionarias”.

Y por eso, entendemos que debemos defenderlos y defenderlas. Estas son algunas reivindicaciones que consideramos básicas en el momento en el que nos encontramos.

1-En primer término, EXIGIMOS al gobierno demócrata-progresista ampliar el denominado “escudo social”, para afrontar la emergencia social y la previsible crisis humanitaria que el colapso económico/productivo ha provocado y que lamentablemente se extenderá en el tiempo.

Garantizar una renta básica para los sectores del proletariado en situación de desempleo, que hubieran estado trabajando en la economía sumergida o que la situación de ERTE declarado por las empresas en las que trabajaban, les impide disponer de unos ingresos suficientes para satisfacer las necesidades más básicas, es una cuestión de mínimos.

Para no sobrecargar las maltrechas finanzas públicas, la combinación de moratorias y exenciones al pago de hipotecas y alquileres de vivienda y de servicios esenciales como gas, agua y electricidad, deben ser también instrumentos necesarios para complementar unos niveles básicos de ingreso, por la vía de reducir gastos a las familias mediante esta vía.

A la hora de aprobar los ERTEs, sean ordinarios o por fuerza mayor, el gobierno tiene la obligación de diferenciar entre pequeñas y grandes empresas y las cuentas de resultados, ya que no debieran ser financiados con recursos públicos ERTEs de empresas -grandes empresas- con amplios márgenes de beneficios y con capacidad de, como mínimo, corresponsabilizarse en la financiación de los mismos.

2-La financiación del “escudo social” producido por la situación de crisis en la que nos encontramos, es una parte ineludible del gasto que deberá ser afrontado por parte de las administraciones, pero no olvidemos las consecuencias que han tenido los recortes en la sanidad pública y la transformación del derecho a la salud en un negocio abierto a fondos de inversión y a empresas, que han impuesto criterios estrictos de mercado y de beneficios, para garantizar al final de cada ejercicio fiscal sustanciosos dividendos a los grupos de accionistas. La salud debe convertirse en un derecho fundamental, garantizado por un sistema público de sanidad universal y de calidad, con todos los avances científico-sanitarios al servicio de todas y todos. Que el compromiso por un sistema sanitario público, con profesionales suficientes y bien pagados y con los recursos necesarios, no quede en mera palabrería o en los aplausos de las 20:00 de cada día.

3-No podemos olvidar tampoco al movimiento de pensionistas, con sus reivindicaciones previas al estallido de la crisis del COVID-19 para garantizar un sistema de pensiones contributivas y no contributivas, que permita vivir dignamente. Tengamos en cuenta que el movimiento de pensionistas, con sus reivindicaciones, van mucho más allá de las pensiones y muchísimo más allá de SUS pensiones. Además de pensar en el porvenir de sus hijos/as, nietas/os, nos emplazan a un necesario debate sobre financiación, sobre el problema de las cotizaciones en un contexto de trabajos precarios y bajos salarios y aumento de esperanza de vida y, en definitiva, un problema de igualdad y de derechos sociales, laborales y salariales.

4-La derogación de la última reforma laboral impuesta por el Partido Popular es una condición básica y fundamental para recomponer un mercado laboral en el que la dignidad de la clase trabajadora sea una premisa, un derecho fundamental que, como mínimo trabajar posibilite la satisfacción de las necesidades básicas de una familia. No podemos permitir que la victoria del movimiento obrero estableciendo 8 horas de trabajo, 8 horas de ocio y 8 horas de sueño, nos sea arrebatada y tengamos que volver a pelear por ello, porque nuestros y nuestras abuelas y abuelos, ya pusieron suficiente sangre en las calles.

5-Como mínimo estos puntos que hemos expuesto, obligan a que un gobierno que se dice “de izquierdas”, se tenga que plantear una profunda transformación de los mecanismos de recaudación fiscal para incrementar los recursos públicos necesarios, desarrollando políticas que realmente cumplan eso de “quien más tiene, más paga”, poniendo límites a las fugas de capitales hacia paraísos fiscales y controlando de manera seria la extendida costumbre entre los poderes oligárquicos de evadir impuestos, sea ilegal o legalmente, pero nunca legítimamente.

6-Exigimos también que el denominado “proceso de reconstrucción económico y social”, no instrumentalice las medidas excepcionales de limitación de libertades y derechos fundamentales amparadas en la necesidad de afrontar la emergencia sanitaria, al servicio de los intereses de la oligarquía y de una nueva ofensiva contra la clase trabajadora y los sectores populares, limitando la capacidad de movilización, organización y reivindicación propios de una democracia liberal de derechos y libertades formales. Por supuesto, la derogación de la denominada “Ley mordaza” es fundamental y básica, para preservar los mínimos democráticos exigibles para cualquier régimen democrático burgués.

(1)https://herrigorri.com/2020/02/15/posiciones-politicas-definiciones-de-contexto-y-tactica-politica/

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