Edorta Sainz: «Salí porque mi nombre no vende tanto como el de Iñaki de Juana»

El 23 de diciembre de 2004, el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional notificó a Edorta Sainz que, tras aprobar unas redenciones extraordinarias de 2003, alcanzaría el cumplimiento de condena el 13 de enero. Sin embargo, su excarcelación quedó suspendida después de que el juez Javier Gómez ordenara investigar dichas redenciones. Finalmente pudo salir a la calle y sólo unos días después habló con GARA.
í¿Cómo vivió los días previos a su salida de la cárcel?
Decidí seguir con el mismo ritmo de vida de cada día; hacer deporte, estudiar... Veía difícil que me aplicasen su propia legalidad y ya esperaba que jugasen con mi libertad y con mi vida. El 13 de enero me levanté con una incertidumbre absoluta. Un funcionario me comunicó que habían paralizado sine die mi excarcelación. Sin explicaciones. Estuvieron provocándome todo el día, mofándose, intentando que tuviera una reacción desesperada, algo a lo que agarrarse para mantenerme secuestrado. Jugaron conmigo hasta las 22.15. A esa hora vinieron a la celda y me dijeron: «Tienes cinco minutos para recoger tus cosas y salir de aquí». Tengo claro que estoy en la calle porque mi nombre no vende tanto como el de Iñaki de Juana en los medios.
íA partir de ahora, la Audiencia Nacional revisará las redenciones de una en una...
La apuesta de los estados es una apuesta represiva. La consigna que más se emplea en las cárceles es el «que se pudran», y para ello son capaces de transgredir su propia legalidad. Revisar los casos es una vuelta de tuerca más, pura venganza. Galindo no fue condenado por ninguna tontería y, sin embargo, está en su casa. Nosotros tenemos compañeros que se están muriendo en la cárcel.
í¿Cómo valora la dinámica de lucha iniciada por el Colectivo de Presos Políticos Vascos?
Pedimos el cumplimiento de la legalidad, y la única manera de reivindicarlo es a través de la lucha, con nuestra vida, nuestra salud, con huelgas de hambre, con chapeos, a golpe de dignidad. El acercamiento a cárceles vascas no es ningún capricho, es un derecho. Además, necesitamos entrar en unas vías resolutivas en este conflicto y el colectivo, como parte del mismo, tiene que participar. No puede ser moneda de cambio.
íCasi todos los partidos no se han pronunciado por ahora sobre esta movilización...
No quieren pronunciarse porque son cómplices de esa política que busca destruirnos tanto a nivel político como personal. Por ejemplo, todos ellos saben y tienen evidencias de que se tortura, pero no lo denuncian públicamente. El PNV no aplica las medidas necesarias en sus comisarías. La incomunicación es un invento político o, al menos, consentido políticamente.
íCon la situación creada tras la propuesta de Anoeta, las expectativas en la sociedad son evidentes. ¿Quién debería dar el próximo paso?
La pelota está en el tejado de los estados, porque ellos tienen los resortes para que esa resolución sea realmente definitiva y democrática. No puede ser que te pidan que renuncies a todo con un «después ya veremos». Si están realmente dispuestos a que esto se solucione de forma definitiva y democrática, saben que la izquierda abertzale, el MLNV en su conjunto, está más que dispuesta. Y esto es algo que cualquiera puede entender sencillamente porque ellos viven en torres de marfíl y nosotros morimos en las cárceles, en la clandestinidad, en el exilio...
í¿Podría concretar más?
Yo todavía no he visto ninguna declaración paralela por parte de los estados español o francés equiparable a la que se hizo en Anoeta, que fue, en mi opinión, la constatación más clara de la predisposición totalmente sincera por parte de la izquierda abertzale de que este conflicto histórico y político entre en unas vías de resolución definitivas en términos democráticos. Pero lo mismo que dos no discuten si uno no quiere, dos no se arreglan si uno no quiere.
íHabla de dos. ¿La sociedad no tendría nada que decir?
Querría creer en la sociedad vasca, en la militancia del PNV, de EA, Aralar... y quiero creer que estarían dispuestos a que mañana, sencillamente, a las 8.00 todos nos quedásemos en casa sin ir a trabajar para obligar a sus políticos a dialogar para solucionar el conflicto. «O arreglan el problema o paramos este país». Pero son unas militancias adocenadas, acríticas con sus líderes. Y a sus líderes les interesa este conflicto porque viven de él. Los partidos políticos vascos asisten a este espectáculo dramático desde el butacón de su oficina, desde Ajuria Enea, calculando el interés electoral. Las únicas luces que estamos viendo son las que nos está aportando la izquierda abertzale, que está dando pasos. Pero ese recorrido tiene que realizarlo el conjunto de fuerzas políticas;de momento, sólo exigen y no hacen nada.
í¿Cuál es el camino, entonces?
Euskal Herria necesita una solución democrática. No la que quieran PNV, PSOE, PP, la izquierda abertzale o ETA, sino la que queramos los vascos, la que necesite esta sociedad. Y, para conseguirlo, los políticos deben sentarse a la misma mesa sin prejuicios, sólo con la voluntad de dialogar. Con el objetivo claro y sincero de llegar a una solución. El objeto de derechos democráticos es la sociedad y la solución tiene que venir dada por la obligación que les demande la ciudadanía. De lo contrario, no sólo son los políticos los que incurren en fraude, sino también la sociedad que permite impasible ese fraude.







