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Euskal Herria :: 25/01/2005

El tercer turno del encierro comienza en seis cárceles de ambos estados

PAT - Presoen Aldeko Taldeak
Fleury-Merogis, Albolote (Granada), Tarascon, Jaén II, Villepinte y Murcia son las cárceles en las que ayer comenzó el tercer turno del encierro rotativo que está llevando a cabo el Colectivo de Presos Políticos Vascos (EPPK). La protesta, al igual que los dos anteriores turnos, durará diez días. En este contexto, decenas de personas se movilizaron en apoyo de los prisioneros y muchas de las protestas se realizaron ante las sedes de PSE y PSN.

Los presos vascos encarcelados en Fleury-Merogis, Villepinte, Tarascon, Albolote (Granada), Jaén II y Murcia iniciaron ayer el tercer turno del encierro de carácter rotativo que está haciendo el Colectivo para reclamar, entre otras cuestiones, el reconocimiento de su carácter político y el fin de la dispersión.

Estas prisiones, situadas en los estados español y francés, están entre 911 y 660 kilómetros de distancia (para el cálculo de las distancias se ha tomado como referencia Donostia). La más alejadas son las de Fleury-Merogis y Villepinte, a 911 kilómetros. La de Granada tampoco está mucho más cerca, a 903 kilómetros. Jaén-II y Murcia se sitúan en los 800 y Tarascon supera los 600.

En cuanto a las condiciones de vida en estas cárceles, Askatasuna subrayó que en la de Murcia «únicamente» hay una presa política vasca, Leire Martínez. Recordó que tras los atentados del 11 de marzo fue aislada y que en noviembre le redujeron la lista de visitas a diez personas. El organismo antirrepresivo añadió que para realizar los exámenes de la UNED la trasladan a Valencia, normalmente la víspera.

Respecto al módulo de hombres, todos los presos vascos están clasificados en primer grado, en noviembre la concesión de visitas se redujo a diez personas. Esta lista es renovable cada seis meses y sólo tienen acceso al gimnasio.

A través de una carta fechada en octubre de 2004, los presos políticos de Jaén II describieron de la siguiente manera las condiciones en las que están: «Todos los días tenemos cuatro horas de patio y nos sacan en dos turnos. Un día por la tarde y al siguiente, por la mañana. Las medidas del patio son 5 metros de ancho y 35 de largo. Al lado del patio hay una habitación pequeña en la que hay un baño y una ducha».

«Las celdas miden 2x4 metros cuadrados y en su interior todo es de cemento. Hay un baño, una mesa y unas baldas de cemento para guardar la ropa. Además son muy oscuras. Si sitúas la cara contra la mesa puedes divisar un poquito de cielo, pero casi nada. Todas las comidas las hacemos en las celdas», proseguía la misiva.

«A la semana sólo podemos enviar dos cartas y las del exterior las recibimos aproximadamente con un mes de retraso. A la semana podemos realizar dos llamadas telefónicas de cinco minutos de duración. Las visitas son de 40 minutos y la audición en los locutorios es bastante mala. Graban tanto las visitas como las llamadas», relataron en octubre.

«Unicamente nos sacan de aislamiento para ir a los locutorios o al vis a vis. No podemos ir al gimnasio y tampoco tenemos otro tipo de actividades, y una vez cada diez días, más o menos, recibimos un parte de castigo porque nos negamos a limpiar el baño que está al lado del patio. Si hacemos cualquier otra movilización nos reducen de cuatro a dos las horas de patio durante diez fines de semana», añadieron.

En Villepinte, según rememoró Askatasuna, se vivieron momentos de tensión en octubre del pasado año cuando la dirección de la prisión realizó un exhaustivo registro en las celdas y a los propios presos para «detectar si había teléfonos móviles dentro de la prisión». Los presos políticos se negaron a «ponerse de rodillas para que les revisaran el culo y los trasladaron a mittard». Posteriormente, tal y como precisó Askatasuna, «el director de Villepinte se excusó de cierta forma ante los presos políticos y les prometió que serían sacados del mittard porque el problema no iba con ellos».

Al margen de las que ayer iniciaron el tercer turno, ya son 16 las cárceles en las que han secundado esta protesta. En el primer turno que se realizó del 4 al 14 de enero, participaron los presos políticos vascos de Huelva, Algeciras, Belmarsh Reclusorio Preventivo Norte, Rouen, Joux la Ville, Bapaume, Mons y Tournay. El segundo, del 14 al 24, se hizo en Clairvaux, Nanterre, Osny, Poissy, Puerto, Almería y Castellón.

Movilizaciones
Con motivo del cambio de turno ayer se realizaron numerosas concentraciones frente a las sedes de PSE y PSN. En Beasain se movilizaron 100 personas ante la casa de un edil del PSE; en Iruñea, se concentraron 80 personas frente a la sede del PSN; en los barrios bilbainos de Santutxu 100, de Ibarrekolanda 50, de Errekalde 40, y de Otxarkoaga y Txurdinaga 20.
En Ondarroa, hubo una manifestación de 200 personas que leyeron una carta ante el batzoki, cuyas persianas, según señalaron, estaban bajadas.

En Barakaldo se juntaron 50; en Erandio, 20 en Astrabudua y otras 20 en Erandio Behekoa; en Zornotza y Zaldibar, 20 y 15 frente a la sede del PSE; en Urretxu-Zumarraga, 35 ante el PSE; en Iurreta, 55; en Zestoa, 25; en Ustaritze, 32; en Astigarra y Berango, 16; y en Baiona, 10. En Barañain se movilizaron 52 y en la noche del domingo lanzaron cohetes para dar a conocer el inicio del tercer turno en el que está el vecino del municipio Iñaki Urdiain. En Arrosadia (Iruñea), 10 personas protestaron ante la casa de un ex concejal del PSE.

El desenlace más duro, la muerte de Oihane Errazkin
Las condiciones de vida que soportan los prisioneros políticos vascos encarcelados en los estados español y francés son, en general, muy duras, según ellos mismos denuncian. En algunos casos, sin embargo, la presión que el régimen penitenciario impone a los presos vascos para destruirles física y políticamente tiene un resultado fatal.

Este fue el caso de la joven donostiarra Oihane Errazkin, que perdió la vida en la prisión de Fleury-Merogis el siete de julio del año pasado.

Sus familiares denunciaron entonces las duras condiciones de vida que sufría la presa política durante los tres años que permaneció encarcelada. Durante todo este tiempo estuvo recluida en el mitard (celda de cástigo) y realizó numerosas protestas para denunciar «el régimen militar y las duras condiciones de vida» que sufría.

En concreto, Errazkin denunciaba «la falta de asistencia médica» en la prisión. «Padecía de ciática y, en numerosas ocasiones, tuvo que salir al locutorio con muletas. Además, cuando tenía dolor de oídos o de garganta no le daban nada», explicaron entonces sus allegados.

El aislamiento con el exterior también fue una constante para la joven donostiarra. De hecho, fue detenida en setiembre y hasta diciembre no le dieron permiso para recibir la visita de sus padres. Además, la juez Laurence Le Vert tan sólo autorizó a nueve personas para que fueran a visitarla durante los tres años que permaneció prisionera.

La correspondencia también era un problema ya que en numerosas ocasiones la joven recibía tan sólo el sobre sin nada dentro. Sin olvidar que era la única presa política en Fleury.

«Debemos recoger el guante lanzado por los presos»

En el marco de las movilizaciones convocadas para apoyar al Colectivo de Presos Políticos Vascos que ayer inició el tercer turno del encierro, Batasuna se concentró frente a la cárcel de Basauri, donde tan sólo hay un preso político. La «mahaikide» Jone Goirizelaia reclamó la participación de los presos «en el proceso que estamos intentando iniciar». Destacó que las demandas de EPPK «deben ser asumidas por la sociedad. Entre todos tenemos que trabajar para que sean una realidad». «El reconocimiento del estatus político y el derecho a participar es algo que se tiene que llevar adelante y, para eso, es necesario pasar de las palabras a los hechos y que la sociedad recoja el guante lanzado por los presos», manifestó.

Presoen Aldeko Taldeak (PAT)
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