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14/12/2021 :: Anti Patriarcado, Estado español, Països Catalans

Feminicidios en el Estado español: Beatríz

x Natalia Salvo
El pasado viernes, fue asesinada otra mujer en Valencia

En Aragón, en torno a 12.000 mujeres mayores de 65 años sufren violencia de género, según un informe elaborado por el Instituto Aragonés de la Mujer en 2018. Más de un 20% de hombres de 18 a 30 años no cree que exista la violencia de género, pese a que 6 de cada 10 jóvenes dice conocer algún caso, según el II Macroestudio de Violencia de Género “Tolerancia Cero”.

Cifras, datos, estadísticas…

He llegado a un punto de mi vida en el que necesito parar, reflexionar, pasar el duelo y sosegar la información. Me he dado cuenta de que estamos, de que estoy, anestesiadas ante la violencia de género. Las asesinadas se han convertido en un cuentakilómetros que se activa cada primero de enero y 365 días después, vuelta a empezar. En el mejor de los casos, tienen nombre y apellidos el día que dejan de existir a manos del machismo criminal, y en el peor, ni eso. Sus asesinatos pasan por delante de nosotras como una estadística más que engrosa décadas de mujeres que han perdido su vida como consecuencia de esta peste mundial llamada misoginia.

Hace días que no soy capaz de hablar de violencias, de nosotras, de los estigmas que el patriarcado marca a través de su diversidad de violencias sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas desde que nacemos. No he podido hablar de la chica que sigue ingresada después de una brutal violación en Igualada. Ni de las jóvenes, que ya se cuentan a decenas, de zaragozanas que han sido violentadas a través de la sumisión química. Ni de mis amigas que han sufrido 'sexting', violencia psicológica y el estigma social de haber sufrido las violencias citadas anteriormente. No puedo hacerlo porque siento que el patriarcado ha atravesado sus vidas con la mayor voracidad posible pero la sociedad no estamos siendo capaces de dimensionar realmente el fenómeno. Hablamos de las más de mil mujeres asesinadas en las dos últimas décadas en nuestro país, pero no tengo la certeza de que sepamos dimensionar lo que implica que tengamos mil asesinos de mujeres en el mismo tiempo.

Pero, sobre todas las cosas, no soy capaz de hablar de ellas porque no hay ellas. La pérdida de identidad que sufren las mujeres violentadas y asesinadas es ensordecedora. Y no quiero hacer un canto a la frivolidad. Soy la máxima defensora de los principios de protección, seguridad y cuidado de las víctimas, pero la violencia que sufren las mujeres no se limita a la mano de los agresores, sino también a la acción, e inacción, de un orden social que establece el valor que las vidas tienen en su seno, y la de las mujeres es sustancialmente inferior. La sociedad ha decidido que nuestras vidas no tienen valor, y la pérdida de identidad que sufren las mujeres agredidas y asesinadas es su máxima expresión.

Necesito que seáis alguien, que tengáis identidad propia, que no seáis un dato, una estadística más, sin nombre, sin memoria, porque lo que no se nombra, no existe, o termina dejando de existir. Tengo la necesidad de humanizar a las víctimas, que dejemos de ser las idénticas de las que hablaba Celia Amorós, para convertirnos en las iguales, para vivir en el seno de un sistema que nos sitúe en el centro.

No basta con enunciar la violencia, con repetir soflamas arquetipo. Hay que conceptualizar bien para politizar correctamente, citando nuevamente a la maestra Amorós.

Si mañana soy yo, si mañana no vuelvo, destrúyelo todo. Si mañana me toca a mí, quiero ser la última”. Así rezaba una pancarta que compartía mi prima pequeña en su Instagram. Que no sea ella, que no sea ninguna más. Que los esfuerzos se centren en la prevención, que no tenga que actuar el Código Penal, porque se llega a él cuando todo lo demás ha fallado, y que la memoria de las mujeres que a lo largo de la historia han sido agredidas, violentadas y asesinadas sirva de herramienta pedagógica, no desde la condescendía o desde la frivolidad, sino desde el firme convencimiento de que exigimos para ellas una memoria, una justicia y una reparación reales.

Hace unos días fue una chica en Igualada. El viernes, una mujer en Valencia. El pasado fin de semana, cinco jóvenes en Zaragoza. Pudieron ser nuestras hermanas, primas o amigas. Quizás Beatriz. Cualquiera de nosotras.

Para decir “Ni una menos”, y que éste no quede como un eslogan vacío, hay que erradicar todas las violencias sexuales que sufren las mujeres, y la cultura que origina y sostiene la violencia sobre todas nosotras.

tribunafeminista.elplural

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