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10/02/2017 :: Euskal Herria

Ibon Iparragirre...

x Juanjo González
¿Nos vamos a acostumbrar a estas salvajadas? Aquí no existen los derechos de Ginebra. Aquí existe la ley del ocupante y parece que nos estamos peligrosamente acostumbrando.

Estamos asustados. Dolidas. Con rabia. Impotentes. Y a la vez todavía somos capaces de pensar un minuto y decidir que algo más hay que hacer. Y esta decisión tan simple como importante, responsable y de alcance la tenemos que hacer colectiva, hay que llevarla a la práctica.

Y abundando en ello, esto sobrepasa los límites de colectivos, organizaciones y partidos concretos. Y lo hace porque si reclamamos un plus para encarar y resolver esta situación veremos que no hay respuestas positivas, que conlleven una acción más allá de las palabras y declaraciones solidarias, cuando las hay.

Estamos en procesos internos, estamos preparando congresos, estamos en Catalunya, estamos en muchos sitios. No entramos a valorar ni a cuestionar las mil y una cosas pendiente que tenemos a diario para hacer, aquí en nuestro tajo. Cada una tiene sus prioridades, ritmos etc. Desde ese punto de vista nos parece evidente.

Desde algún otro, donde se reclama el cumplimiento de la ley penitenciaria, a estas alturas del partido, es hiriente (Caso Manu Azkarate preso gravemente enfermo: Sortu de Tolosa con cartel incluido). Eso es más que ser reformista. Eso es negar la mayor, pretender que la gente se haga la sorda y ciega y encima no se corrompa su conciencia.

Al mismo tiempo hay muchas cosas cuestionables, que merecen crítica u opinión. También parece lógico. Una, importante, es tener el atrevimiento de decir a los PPV qué es lo que tienen que hacer en base a un análisis de coyuntura X y una práctica política de sometimiento al sistema desde la calle.

No nos parece bien incidir, aconsejar, intervenir cara a los PPV desde la calle. Ni poco. Opinar es otro cantar. Y con máximo respeto. Los PPV son mayorcitos/as para saber qué es lo que tienen que hacer en su ámbito particular y con respecto a lo que puedan aportar hacia la lucha del exterior que es la misma que la del interior en su globalidad.

Y los de fuera también debieran de saber (de hecho muchos lo saben) que cambiar los mínimos que tiene el Colectivo es claudicar. No nos cansaremos de decir que incluso obviando los mínimos del Colectivo no hay solución penitenciaria por la vía de la aceptación jurídica del reglamento y ley penitenciaria.

En la cárcel no se puede confrontar como algunas plantean en la calle. En la cárcel, como en la calle con el enemigo, solo se puede enfrentar. No existe la confrontación sino el enfrentamiento. O te doblegas y hacen un autómata de tu persona (como en las películas pero en real) o te enfrentas a la realidad, al enemigo. Así que basta de marear la perdiz y de mentir. A no ser que ya no tengamos enemigos. Claro que también podemos tener “enemigos”, visto o analizado, desde el aspecto democrático de las leyes de nuestro propio enemigo. Tiene enjundia el temita.

Lo que ya se pasa de la raya es que estemos ante la OCTAVA paliza en TRES años al preso político vasco Ibon Iparragirre enfermo muy grave que tenía que estar en la calle y cuidado permanentemente… y en Euskal Herria no pasa nada. En la tele la cuestión de confianza a Urtaran, el juicio a Mas y demás… Nos lo decimos a nosotras las primeras pero le interrogamos a cada vasca con nivel de conciencia X. ¿Qué hacemos ante esto? ¿Ante el resto de presos/as enfermas? ¿Ante los casos más graves que padece el colectivo?

¿Nos vamos a acostumbrar a estas salvajadas? Aquí no existen los derechos de Ginebra. Aquí existe la ley del ocupante y parece que nos estamos peligrosamente acostumbrando.

Hace tiempo que algunos predican y actúan dependiendo de las leyes del enemigo. Dependiendo de si es posible conseguirlo o no. Dependiendo de lo que nos cueste. De lo incomodo que se ha vuelto estar haciendo pinitos en la política y defender a condenados por terrorismo. Derechos humanos sí pues hasta los condenados por “terrorismo” tienen derechos, pero ir más allá… Hay que empezar por nosotras mismas y hay que llevar la reflexión de que algo más hay que hacer a todos los marcos en los que participemos o podamos.

Es una cuestión de conciencia, de solidaridad, una cuestión ética. También es una cuestión política. Hacerlo nos honrará. Nuestro bienestar se medirá no solo por lo felices que seamos sino por lo tranquilos que estemos con nuestra conciencia.

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