Juicio por el asesinato político de Ángel Berrueta

Hace algo más de un año, cuando empezaron las declaraciones en las que los gobernantes de la ultraderecha española pusieron un punto de mira sobre la sociedad vasca (querría decir que fue sobre ETA, pero de todos es conocido que el odio de PP y amigos es extensible a todo aquel que tenga un mínimo sentimiento de simpatía hacia el pueblo vasco), aquí supimos que volvían los tiempos duros, si es que algún día se habían marchado; los tiempos en los que se nos obliga a mirar al suelo como pidiendo perdón por algo de lo que no somos responsables, los tiempos en los que pasamos de ser sospechosos a ser culpables con difícil absolución, en definitiva, los tiempos en los que se nos "recomienda" no meter mucho ruido... por si acaso. En esos días de dolor y mentiras cruzadas, una familia, azuzada por una mujer que se adjudica dueña y señora de lo que deben lucir los escaparates de su alrededor, y secundada por un marido de profesión policía nazional y un hijo por lo visto, leal a la familia, decide que el hecho de no colgar un cartel con la leyenda "ETA NO" es no sólo constitutivo de delito sino que merece la pena de muerte, que ellos mismos se aprestan a llevar a cabo. Mientras la hipótesis de un atentado "islamista" iba llegando a las calles, Ángel era asesinado por, casualmente, uno de los guardianes de esa ley que sirve para todos los casos menos para los que según las fuerzas del órden, deja de servir, y es entonces cuando ellos se convierten en ley, brazo ejecutor... y dios sabe qué más.
Ahora, ya ha acabado el juicio a sus asesinos, tras quince meses en los que no sólo han tenido que sobreponerse a la muerte de un ser querido, sino también a los ataques que han recibido en su comercio y a amenazas de todo tipo. Pero ya se sabe, que como ellos no son importantes, ni necesitan protección ni se emiten condenas ante las que todos los partidos deben mostrarse totalmente de acuerdo y expresar su indignación ante tamaña barbarie... es de sobra conocido que estas víctimas son de segunda, sobre todo si son del otro bando... Se ha dictado sentencia y se ha encontrado a los tres miembros de la familia culpables; a la mujer como inductora del asesinato y a su marido e hijo culpables del asesinato. Pero recordemos que, pese a que la condena puede resultar satisfactoria, el propio juzgado, definió antes del juicio la muerte como consecuencia de una pelea de vecinos, y no la consideró de motivo político (así que ándense con cuidado como molesten a sus vecinos, miren hasta que extremos se llegan...), evitando así el trasfondo de la cuestión: cómo la manipulación de los medios de comunicación por parte de un gobierno fascista tiene el poder no sólo de convencer de lo que se le venga en gana, sino además, de crear el suficiente odio como para enfrentar a dos sociedades y llegar hasta estas situaciones.
Sólo nos queda conocer cuál será la condena que les apliquen a los culpables; sin embargo, a mí me gustaría saber también cuál es el grado de arrepentimiento que tienen; intuyo que tras llamarle al difunto "proetarra" en el juicio por pertenecer a la asociación "Gurasoak", se seguirán definiendo como garantes de la justicia, y muchos de los compañeros del ex-escolta de un cargo de UPN sentirán que deben recoger el testigo de su colega. Me pregunto cuál será la siguiente vez que tengamos que lamentar que las fuerzas represivas vuelven a erigirse amo y señor de las vidas del resto, y tiemblo al pensar quién puede ser el/la siguiente...







