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05/10/2008 :: Anti Patriarcado

La locura como subversión: el feminismo.

x Noticias de la Rebelión

Por Marcela Lagarde*

Más allá de su voluntad y de su principal definición ideológica, las esquizofrénicas contemporáneas son como las demás, y a la vez son diferentes, en diversos grados y aspectos. Tienen en común, las contradicciones de la doble vida, pero se diferencian en que el conflicto llega a tal punto en que su locura personal (que es social) ya no se resuelve sólo en el delirio, sino que encuentra cauces sociales de expresión. Visto desde otra racionalidad, sucede que su delirio encuentra y contribuye a conformar variedades de locura colectiva, es decir de concepciones y prácticas que al ser parte de un nuevo bloque histórico, se transforman en no-locura.

La desesperación, el sufrimiento, la angustia, la rabia, y la culpa, que genera en las mujeres la opresión, son elaboradas y transformadas: las mujeres actúan, y en subversión a la impotencia aprendida y a la servidumbre voluntaria que las constituyen, dejan de ser entes dependientes y pasivos. Estas locas se deciden por transformar el mundo, contraviniendo su papel político de reproductoras de la sociedad y de la cultura.

El cambio de mujeres objeto, dependientes de la acción de los otros sobre ellas y el mundo, es en tal magnitud histórica que significa la constitución de cada una de estas mujeres en sujetos, y la transformación radical del género: se inicia el proceso en el cual el grupo de las mujeres se constituye en sujeto histórico. a diferencia de otras locuras que reproducen la feminidad, el feminismo recoge y genera cambios cualitativos en la condición de la mujer, y ocurre por mediación de la locura de las mujeres.

Entre las esquizofrénicas actuales, mujeres de doble vida, destacan las feministas. Ellas aportan a la constitución del sujeto histórico mujer, dos elementos fundamentales, uno filosófico y otro político:

1) Contribuyen a transformar la locura de la sobrevivencia en voluntad colectiva, y el sufrimiento en dolor, en conciencia.

2) Transforman el delirio en un lenguaje genérico comunicable y contribuyen a crear nuevas visiones, conocimientos y sabidurías sobre la sociedad, la historia y la cultura, elaborados a partir de su propia condición genérica.

Así, las feministas sintetizan la experiencia colectiva, crítican y proponen a la sociedad en su conjunto pactos sociales (desde el mundo personal hasta el Estado), nuevas formas -que sancionen desde las mujeres constituida en sujeto político, los derechos, los límites y las opciones en las relaciones sociales y políticas-, realizan una crítica de la cultura patriarcal y de todas las formas de opresión que reproducen el mundo en la alienación, y proponen nuevas formas sociales y culturales que emergen antiopresivas y se fundan en la diversidad, en el bienestar, en la creatividad, y en la posibilidad de disfrutar y gozar subjetiva y objetivamente de la vida.

El feminismo es una locura radical consciente e inconsciente que lucha contra lo imaginario y los fantasmas tanto como contra la norma y sus insitituciones, contra los mitos, para cambiar la vida.

De ahí que, desde la racionalidad de la cultura patriarcal, locas entre las locas son la feministas, porque atentan contra el orden de la sociedad, contra la identidad genérica de todos, y porque su propuesta desarticula el mundo. Con su nueva subjetividad y sus vidas contradictorias -tal vez en mayor grado que otras-, las feministas son desconocidas por la mayoría de las mujeres, aún cuando su discurso (sin título feminista) sea aceptado parcialmente por la mayoría.

Las mujeres que poco a poco asumen como parte de su identidad el feminismo, en su esfuerzo por integrar y construir nuevas formas de ver la vida, de generar y aprender nuevos sentimientos, nuevas actitutdes y formas de comportamiento, y nuevas formas de incidencia en el mundo, son objeto de la escisión genérica. Para muchas mujeres, las feministas son sus enemigas, porque atentan contra su identidad genérica y actúan el mal para ellas con sus dichos, pero sobre todo, con sus hechos. Por eso las envidian y las desconocen. (1)

Sin embargo, uno de los hechos culturales y políticos significativos en este proceso es el encuentro entre las mujeres que se proponen salir de la locura de ser mujeres patriarcales. El encuentro creativo solidario entre las mujeres significa una locura excesiva, de ahi también la hostilización del poder hacia la cultura feminista.

Para las feministas, la vida es un conflicto porque son mujeres que viven su condición genérica opresiva y la reproducen, al tiempo que en lo posible la desmontan, encuentran fórmulas para desprenderla, e inventan nuevas formas de ser y de relacionarse con el mundo, sin dejar de ser. La locura feminista es la única locura de las mujeres que implica la desaparición de los cautiverios porque es la única que se ha propuesto desarticular la organización genérica que hace a mujeres y hombres y a las mujeres entre sí, contradictorios y enemigos. La superación de los cautiverios de las mujeres es una de las vías del feminismo:

a) La superación de la especialización excluyente de los individuos y de los grupos a partir del sexo.

b) la deconstrucción de la sexualidad de la mujer como definición social, cultural y política de las mujeres.

c) La superación de los cautiverios de las mujeres en cuanto al trabajo invisible y a la explotación económica, la reivindicación de las actividades creativas de las mujeres, de su sabiduría, de sus lenguajes; la eliminación del encierro en la casa, en los horarios, en la familia, en la conyugalidad, en la maternidad, en el erotismo tabuado y cuyo fin es el placer de los otros, en la renuncia.

d) La diversificación de las opciones vitales para las mujeres como un proceso en que se definen socialmente por una gama de trabajos, actividades, relaciones y posibilidades de vida.

e) La transformación de las mujeres en seres autónomos e independientes.

f) La ampliación de los espacios, los tiempos y los territorios de las mujeres para su acción, y la construcción de la privacía femenina, del espacio propio.

g) La apropiación por las mujeres de sus cuerpos y de su subjetividad conculcadas.

h) Con ello, la superación de la servidumbre voluntaria, de la impotencia aprendida, de la dependencia vital de las mujeres y de todas las formas de dominio, mando y violencia sobre ellas; sólo así es posible que las mujeres no organicen su subjetividad a partir de la culpa, del miedo y de la subordinación a fuerzas todopoderosas.

i) La superación de la enemistad histórica entre las mujeres y la posibilidad del encuentro y la sororidad entre las mujeres.

j) La superación de la opresiva relación genérica entre mujeres y hombres y del dominio patriarcal en la sociedad y la cultura, como el camino para el encuentro y la amistad entre mujeres y hombres.

k) Todo ello conduce a la única y escencial superación de los cautiverios: la transformación de las mujeres en sujetos, y en sujetos políticos, y en consecuencia, a la paulatina desaparición del género, como parte de un nuevo proyecto cultural.

La transgresión de las feministas es subversiva porque van conformando una voluntad política consciente, cuya escencia filosófica es la constitución de cada una de las mujeres en ser-para-mí, núcleo central de su transformación en sujetos creativos que construyen con otros grupos y sujetos sociales, nuevas formas de vivir la vida en libertad.

El delirio feminista significa la construcción del mundo en un espacio en que la vida ya no es genérica, ni clasista, ni racista, ni se funda en la opresión de los diferentes, ni existen poderes como dominio del otro, ni está basada en la especialización compulsiva que excluye y límita. (2)

El delirio feminista se propone una vida en que ya no exista ser mujer o ser hombre, porque las posibilidades de la experiencia humanas son diversas, accesibles y compartibles por todos.

Tomado del libro:

Marcela Lagarde. "Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas." México, UNAM,1997. pp. 778-782

Marcela Lagarde es Etnóloga y doctora en antropología, profesora de los posgrados de antropología y sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México, y del posgrado en estudios de género de la Universidad Landívar y la Fundación Guatemala. Coordina, además, los talleres Casandra de antropología feminista y colabora con centros e institutos de la mujer en México, América Latina y España; con UNIFEM, OPS y organismos de cooperación internacional.

Notas:

1.- Victoria Sau (1981) plantea la locura de las mujeres como una posición política frente al hombre en el mundo patriarcal, conciencia integradora de la racionalidad y los sentimientos: "Lo que sí es evidente es que el hombre teme tanto a la inteligencia de la mujer como a sus sentimientos intelectualizados, porque sólo la afectividad indiferenciada y sin estructura alguna, la hace dócil y manejable. En este último caso, su forma de rebelión, si ésta llegara, sólo podría ser la locura".

2.- Dora Kanoussi (1983) sintetiza la propuesta cultural feminista de la siguiente manera: "La existencia de las mujeres como sujetos históricos es la expresión de la existencia de un pluralismo social que también trastorna la estrategia general de la clase obrera y la obliga al 'laicismo', o sea a la aceptación de otros sujetos, sin por ello renunciar a su papel dirigente por su lugar en la producción. El hilo objetivo que une el feminismo al movimiento obrero, lógica e históricamente se ubica por el fin último que define y determina a ambos: la superación de cualquier tipo de opresión, la desaparición de la división entre dirigentes y dirigidos, explotadores y explotados, gobernantes y gobernados. El fin último a alcanzar que define la existencia de las mujeres y del movimiento obrero es el mismo: la conversión de mujeres y hombres en seres genéricos, o sea la creación de una sociedad donde el libre desarrollo de cada quien sea condición del libre desarrollo de los demás. El feminismo, expresión particular a fin de cuentas, del comunismo, es la lucha por romper la primera contradicción histórica, la contradicción entre mujer y hombre, y es la lucha por el restablecimiento de la primera relación auténtica del hombre consigo mismo, que es la relación mujer-hombre.

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