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Estado español :: 18/12/2007

La navidad y los ciudadanos de la unión europea rumanos

La Haine
Una maquinaria de enormes dimensiones se pone en marcha para crear las condiciones idóneas para la compraventa de "bienestar manufacturado". Los medios de comunicación inundan a la ciudadanía de publicidad de productos que comprar y con los que sentirnos plenamente colmados

Se acercan las fiestas de Navidad. Comienza una intensa campaña de mensajes procedentes de múltiples direcciones que nos recuerdan que debemos ser felices en estas fechas. Constantemente se nos incita a "consumir" felicidad. Porque la felicidad ya no se siente; se consume, se compra. Y en estas fechas, llegamos al paroxismo de la "felicidad consumible".

Una maquinaria de enormes dimensiones se pone en marcha para crear las condiciones idóneas para la compraventa de "bienestar manufacturado". Los medios de comunicación inundan a la ciudadanía de publicidad de productos que comprar y con los que sentirnos plenamente colmados; podemos adquirir de todo, incluso algunas caras conocidas nos ofrecen a buen precio el producto "solidaridad": "compra un bolígrafo y harás feliz un niño". Los escaparates se engalanan, los cines proyectan películas de un señor gordo y barbudo y las calles se iluminan de una forma estridente (sin importar el coste económico y ecológico que ello tenga). Todo tiene que ser bonito, atractivo y suave para que los consumidores podamos comprar nuestro trocito de felicidad sin molestias ni sobresaltos. Los problemas, lo feo, lo que pueda
enturbiar nuestra cándida conciencia no tiene cabida en el mercado del bienestar navideño.

Es relativamente sencillo que los medios de comunicación sólo vendan ríos de azúcar estas semanas (no existen problemas sociales, o si los hay, se solucionan comprando un bolígrafo o apadrinando un niño de piel oscura en un telemaratón navideño). La decoración de escaparates y calles parece que también es una cuestión controlada. Pero se planteaba un problema de difícil solución: las personas en situación de exclusión social se empeñan en seguir paseando por nuestras calles en Navidad, recordando que la pobreza y la exclusión existen en nuestra sociedad. Todo un contratiempo para la adecuada compraventa de felicidad.
Pero este año han surgido varias iniciativas para paliar esta dificultad, tanto del ámbito público como del privado. En primer lugar, el Ayuntamiento de Córdoba ha aprobado un plan especial para evitar que de la Unión Europea de nacionalidad rumana estén en la calle con sus hijos en el horario de "máxima actividad comercial" durante las fechas navideñas. Para ello, los trabajadores sociales municipales ampliarán y adaptarán sus horarios laborales para controlar estas situaciones (es decir, controlar que estos vecinos de Córdoba no estén en las calles más concurridas de la ciudad en los horarios estrella de los comercios). Igualmente la administración municipal ha repartido más de 3000 octavillas por los barrios de Córdoba, animando a ciudadanía a "dar parte" a través de una línea de teléfono de sus conciudadanos de nacionalidad rumana si consideran que están ejerciendo la mendicidad con menores. A juicio del Coordinador de Servicios Sociales del Ayuntamiento, estas medidas no tienen como objetivo estigmatizar los ciudadanos de la Unión Europea de nacionalidad rumana ni tienen carácter represivo.
Desde el ámbito privado, también hay quien hace sus propuestas. En varios establecimientos comerciales del centro de nuestra ciudad han aparecido unos carteles donde se anima a los vecinos de Córdoba a sumarse a una lucha contra supuestas mafias que explotan a las mujeres y menores de nacionalidad rumana. Los citados carteles se rematan con una foto con ciudadanas de la Unión Europea rumanas con sus hijos menores con la cara descubierta y con "gracias a este establecimiento por colaborar en la protección de la infancia". No están firmados por ninguna organización ni persona.

Desde la APDHA mostramos nuestro más enérgico rechazo a este tipo de iniciativas que estigmatizan a todo un colectivo simplemente por encontrarse en una situación de exclusión social. De especial gravedad nos parecen las actuaciones anunciadas por el Ayuntamiento de Córdoba, ya que la administración municipal, la más cercana a la ciudadanía, debe promover la integración y la armonía entre los vecinos, y desde luego medidas que incitan a unos ciudadanos a señalar a otros, en una suerte de delación social, y el intentar sacar de las calles a un colectivo en una fechas determinadas no ayudan para nada a la integración y la convivencia ciudadana. A riesgo de ser reiterativos, los militantes de la APDHA insistimos de nuevo en la necesidad de recursos sociales adaptados a las necesidades específicas de los ciudadanos de la Unión Europea de nacionalidad rumana, dentro de una estrategia integral con objetivos a medio y largo plazo. Y esto no es una opción, es una obligación legal derivada de los compromisos del Estado español como miembro de la Unión Europea. Y reconociendo que la administración local tiene limitadas competencias en este campo, y que hay que demandar igualmente la acción inmediata de las administraciones autonómica y estatal, sí demandamos de nuestra corporación municipal un liderazgo en la voluntad e impulso político de las estrategias de trabajo social que coadyuven a la integración ciudadana de este colectivo. Y consideramos que las medidas anunciadas van exactamente en la dirección contraria a ese liderazgo.

Igualmente preocupante nos parecen las reacciones que empiezan a despuntar en parte de la ciudadanía respecto a sus vecinos de nacionalidad rumana. Los mensajes vertidos desde las instancias políticas y mediáticas han colaborado a crear una imagen de los ciudadanos de la Unión Europea rumanos vinculada exclusivamente a aspectos negativos: mafias, mendicidad, ilegalidad…, que está calando en el resto de vecinos. Y como muestras el rechazo de algunos ciudadanos a cualquier iniciativa social de la que pudiera ser beneficiario el colectivo rumano, o los citados carteles que recientemente han hecho acto de presencia en nuestras calles. Las situaciones de exclusión social mantenidas en el tiempo y a las que no se les ofrece alternativas sociales acaban generando rechazo en el resto de la ciudadanía, y este rechazo social más exclusión. Y en la situación que nos ocupa, se le añade unos incipientes y preocupantes tintes de racismo y xenofobia. La APDHA exige un ejercicio de responsabilidad a medios de comunicación e instancias políticas para colaborar en no crear ese caldo de cultivo pernicioso y a la ciudadanía un ejercicio de empatía y solidaridad con aquellos vecinos que se encuentran en una situación socioeconómica más desfavorecida.

Los problemas sociales se pueden intentar esconder, quitarlos del artificiosamente bucólico escenario navideño de nuestras calles, pero existen y seguirán existiendo mientras no se tomen decisiones políticas valientes y de fondo para afrontarlos. Y los ciudadanos, podemos evadirnos en nuestro idílico entorno de bienestar manufacturado, cerrando los ojos o incluso aplaudiendo medidas que sólo generar más exclusión; o podemos asumir que, como dice J.A. Marina, la verdadera "felicidad individual" sólo es posible es el marco de una verdadera "felicidad colectiva", es decir, que nuestro bienestar y armonía real sólo será posible en una sociedad sin exclusión social. Acabar con la exclusión es posible. Es una cuestión de voluntad política. Exijamos esa voluntad.


Carlos Arce es miembro de la Comisión de Inmigración de Córdoba de la APDHA


Seminario Permanente de Derechos Humanos.
Seminario organizado por la APDHA en su delegación de Córdoba

Jueves 20 de diciembre a las 20:00H
Aula 1 de la Facultad de Derecho
"Información y Derechos Humanos"

Ponente: Ana Romero Gutiérrez, periodista del Diario Córdoba


 

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