Músicos antipiratería

Con un mes de retraso me entero del espectáculo que dio Pau Dones del cansino grupo Jarabe de Palo en elmundo.es calificando de ladrón a un fan que asistía a todos los conciertos que podía, pero que se descargó el último disco del catalán. La entrevista merece la pena y es una gozada leerla. El tal Pau Dones ha superado las expectativas de ingenio que le atribuía con dos o tres ladridos digitales. Disfruto de lo lindo con entrevistas a los rastreros de la música que, con visible irritación, ponen el grito en el cielo donde sus jefes quieren que lo pongan, es decir contra la "piratería" y el robo a sus bolsillos. Los músicos de rock se llevan la palma y me remito a otro mamarracho para poner como ejemplo la ignorancia y supina estupidez que burbujea en sus cerebros: Rafa Kas, desconocido guitarrista urbano con el triste currículo de haber tocado en Extremoduro e Ilegales, que se permite insultar a sus fans porque le están robando, cojones (los cojones los pone él, claro). La sabiduría popular sentencia: no hay más tonto que un obrero de derechas. En la industria musical los grupos son trabajadores que para más INRI no tienen ni sueldo fijo. Son como putas baratas al servicio del capricho de las modas sin derechos laborales y con un montón de obligaciones. Y, sin embargo, son los curritos que más gastan garganta en proteger los derechos de sus jefes. Son unas migajas las que les dan, comparado con lo que ingresan las discográficas y por ellas son capaces de matar.
El conflicto piratear-compartir archivos podría mantenerse dentro de unos límites prudentes que no dejaran en evidencia no ya a los usureros de la industria, sino al eslabón más débil y más fantasma, los músicos. Pero no. El tema se sale de madre cuando son los propios músicos los que decepcionan a los fans (Metallica fueron para eso pioneros al denunciar a 300.000 personas que se habían descargado su música en Napster). Cuando un grupo insulta, criminaliza o desprecia a su público se merece que un rayo divino caiga en plena actuación y les deje chamuscados con el falsete del heavy metal como eco final de su prepotencia. Lo han hecho desde esbirros a sueldo de la SGAE como Ramoncín hasta muertos de hambre como el tal Rafa Kas. Y a mi me encanta, porque aunque no me descargue nada de ellos por puro petardos que son, gozo como un enano viéndoles perder los estribos y el sentido común en público de esa forma tan reaccionaria y miserable.
Sufrid rockeros, que os están robando el dinero.
Disfruta con la entrevista a Pau Dones en elmundo.es
Asómbrate con el desparpajo de Rafa Kas en pos del orden y su tenderete. Lee a partir de la intervención de Peluche G. No tiene desperdicio este hombre.







