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Estado español :: 21/04/2006

Otra persona muere cuando era detenido por la Policía. Ahora en Sevilla

Centro de Documentación Contra la Tortura
El 11 de abril, en Sevilla, Pedro fue inmovilizado en la calzada por dos agentes de Policía Local que lo tiran al suelo para inmovilizardo y esposan con grilletes reglamentarios... cuando el joven es trasladado a la acera, se incorpora y seguidamente cae fulminado... La familia busca testigos de lo ocurrido

ABC, Sevila, 20 de abril de 2006

Un joven de 26 años murió mientras era reducido por agentes de la Policía Local
Pedro, que sufría episodios de manía persecutoria como consecuencia del alcohol, había salido ese día de su casa por primera vez en los últimos ocho meses

JOSÉ L. GARCÍA/SEVILLA
«Es imposible que nadie haya visto nada; tiene que haber testigos que puedan contar qué pasó con mi hijo, cómo murió. ¡Que no era un perro, sino una persona!»

Quien así se expresa es Lorenzo, un padre desolado ante la incertidumbre de las circunstancias que rodearon la muerte de Pedro, el sexto de sus ocho hijos, en la noche del pasado Viernes de Dolores, mientras era reducido e inmovilizado por dos agentes de la Policía Local de Sevilla.

Aquel día, por la mañana, Pedro, albañil de profesión en la empresa propiedad de su padre, había logrado que su madre le dejara salir de casa solo, después de ocho meses de férreo control por parte de toda su familia, preocupada siempre porque volvieran a repetirse los episodios de carácter psicótico que el joven sufría desde tiempo atrás, como consecuencia de la ingesta masiva de alcohol.

A Sevilla con diez euros «Le pidió cinco euros para ir al barbero a pelarse y ya no volvimos a verlo», relata Lorenzo, que más tarde comprobó que Pedro, a sus 26 años, se había limitado a sacar otros cinco euros de su cartilla de ahorros, «en la que sólo dejó un euro con ochenta céntimos».

Con ese escaso bagaje dinerario, el joven viajó desde su domicilio en Mairena del Aljarafe hasta Sevilla, sin que lo supiera su familia, que pronto comenzó a preocuparse por su tardanza. Tanto es así que a las cuatro y media de la tarde, su madre llegó a llamarlo al móvil y recibió como respuesta que ya regresaba a casa.

No fue así.
A las dos de la madrugada, una pareja de la Guardia Civil llegaba al domicilio familiar para comunicar a los desconcertados padres que el joven había sufrido un percance y que estaba en el Hospital Virgen del Rocío.

Cuando Lorenzo y su esposa llegaron al centro sanitario, un facultativo les comunicó que su hijo había ingresado cadáver como consecuencia de una parada cardorrespiratoria sufrida durante una «intervención policial» para su reducción, según quedó reflejado en el parte remitido por el hospital al Juzgado de Guardia, en el que se recoge la manifestación que al respecto hizo el médico del dispositivo de emergencia que atendió al joven en plena vía pública. Lo que ocurriera entonces sigue siendo la gran incógnita que corroe a Lorenzo.

«No vivivé tranquilo si no sé cómo ha muerto mi hijo», repite, en la creencia de que Pedro pudo ser víctima de una «reducción brutal» por parte de los agentes que le salieron al paso cuando lo vieron aquella noche comportándose de una manera extraña, «con el pantalón roto a la altura de la ingle derecha, manoteando y lanzándose sobre los vehículos» que circulaban por el Paseo de las Delicias, según recoge el atestado de la propia Policía Local.

Lorenzo no oculta que Pedro era un joven extremadamente vulnerable a la ingesta de alcohol y que con tres cervezas que se tomara sufría una especie de manía persecutoria en la que veía a su alrededor peligros que no existían.

Preguntas sin respuesta
«Se ha llevado a la tumba el origen de esa enfermedad. Nunca nos lo contó todo, sólo dijo que se juntó con malas personas», recuerda el padre, que ya en una ocasión tuvo que ir a buscarlo al Hospital de Valme, adonde había ingresado obsesionado porque le habían intentado matar. «No quiso decirnos quién o quiénes».

Pese a la reacción adversa al alcohol, Pedro no reaccionaba violentamente ante quienes se le acercaban. «Si le hablaban con tranquilidad, se dejaba convencer, como le ocurrió un par de veces en Dos Hermanas, hasta donde tuvimos que ir a recogerlo a la Comisaría de la Policía Nacional. Pero si le hablaban con rudeza, manoteaba y seguía su camino como si no fuese con él», relata Lorenzo, que por eso no duda que algo así pudo ocurrir aquella noche junto al Costurero de la Reina.

No pone en duda el padre la versión recogida en al atestado de la Policía Local en cuanto a que iba manoteando y «con aparente incomprensión de lo que sucediera a su alrededor. Esta persona -dice el informe policial- ignoraba a los agentes, parecía no escucharlos ni identificarlos como funcionarios de policía», agrega.

Según la Policía Local, al ser requerido, comenzó a correr «sin control alguno e invadiendo los carriles de circulación [...] con el consiguiente peligro para su integridad física y de los usuarios de la vía».

Inmovilizado y esposado
En el atestado se recoge que los agentes pidieron ayuda a otra dotación para cortar el tráfico antes de proceder a sujetar al joven, para auxiliarlo, a lo que él respondió «intentando zafarse de los agentes sin ningún tipo de coordinación motora, cayendo al suelo».

En ese momento, Pedro fue inmovilizado en la calzada y debido a su envergadura (metro noventa de altura y ciento veinte kilos de peso) «deciden asegurarlo con los grilletes reglamentarios, en evitación de posibles autolesiones o que golpease a los agentes».

A partir de aquí, los hechos se precipitan, ya que cuando el joven es trasladado a la acera, se incorpora y seguidamente cae fulminado.

Lorenzo no entiende cómo con la circulación parada no hay testigos de lo que ocurrió con su hijo. Sólo sabe que cuando pudo ver su cadáver «tenía los chinos de la carretera y el alquitrán clavados en la cara, y heridas en brazos, espalda y rodillas, además del esternón roto», según le informó posteriormente la forense que practicó la autopsia al cadáver.

«Si no lo reducen, mi hijo llega vivo a mi casa aquella noche», asegura Lorenzo, que ve contradicciones y «cosas raras» en el atestado policial y en las versiones que le han contado, entre ellas la «casualidad» de que por allí pasaran dos médicos en una motocicleta particular y participaran en la reanimación hasta que llegó el 061. Además, se queja de que no le han devuelto parte de las pertenencias de Pedro, «una de ellas el pantalón que la Policía Local dice con exactitud que llevaba roto a la altura de la ingle».

En busca de testigos
«Me han dicho que mi hijo podía haber tomado drogas. Eso lo dirá la autopsia, pero yo creo que no. Pudo haberlas tomado cuando se juntó con aquellas personas de las que llegó a decir que le habían dado pastillas raras. Pero no desde que estaba con nosotros en casa y lo atendía un psicólogo. Además, no llevaba más que diez euros encima».

Lorenzo quiere llegar hasta el fin; hasta que de manera oficial le digan qué pasó con su hijo aquella noche, apenas a las doce y veinte, «a una hora en la que las calles estaban atestadas y ha tenido que haber no uno, sino muchos testigos». Por eso está distribuyendo carteles con dos números de teléfono (655.044.363 - 686.745.164) y la foto de Pedro, por si alguien tiene algo que contarle.

http://sevilla.abc.es/sevilla/pg060420/prensa/noticias/Sevilla/Sevilla/200604/20/SEV-SEV-064.asp

 

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